Un cielo de tintes surrealistas, adornado con cientos de figuras voladoras, es la señal inconfundible de que uno se está acercando al mayor festival de cometas del mundo. Celebrado en Weifang (en la costa este de China), desde lejos parece como si el mar se hubiera invertido y flotara suspendido en el aire un extravagante banco de peces de todos los colores, formas y tamaños: los tentáculos de los calamares gigantes ondean sobre las cabezas con cadencia vaporosa; hay osos gigantes mecidos al viento, elegantes mantarrayas que colean a contraluz, dragones chinos, mariposas y aves tornasoladas; también publicidad ―bebidas de té, una app para buscar empleo―, astronautas chinos, portaaviones del Ejército Popular de Liberación, y un cerdo colosal que rebota contra el prado donde se mezclan turistas, aficionados, verdaderos locos de las cometas, niños y mayores, gente de todo tipo mirando hacia lo alto.

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