Una vida sin imaginación no es vida. Sin fantasía, sin creación, sin ensoñaciones ni cuentos de la lechera.

Y ¿cómo vamos a tener imaginación si no la desarrollamos desde la infancia, jugando con nuestros juguetes, si estamos obnubilados por las brillantes pantallas de los teléfonos? Hace 30 años (en noviembre de 1995), cuando se estrenó Toy Story, esa cuestión era imposible de plantear.

Hoy, con tres secuelas de por medio, media docena de cortos, un puñado de minicortos, una serie y especiales para televisión, cuando Toy Story 5 está a punto de estrenarse en los cines, la pregunta es obligada. Seguir leyendo