En Panamá se suelen inaugurar obras con entusiasmo, sobre todo por el gobierno que esté de turno. Mantenerlas ha sido otra historia.

Por eso resulta positivo que el Metro de Panamá proyecte invertir $150 millones en el mantenimiento de las líneas 1 y 2. La decisión es acertada, pero debe cumplirse y ejecutarse con absoluta transparencia.

La Línea 1 transporta diariamente a cientos de miles de usuarios y, luego de casi 13 años de operación, requiere intervenciones profundas. El plan contempla la rehabilitación del túnel y otros mantenimientos mayores.

No hacerlo tendría un costo mucho mayor, ya que puede traducirse en fallas, interrupciones del servicio o, en el peor de los casos, en un accidente fatal. No se puede olvidar que la Línea 1 nació bajo la sombra de los sobrecostos y los sobornos de Odebrecht.

Su costo terminó elevándose hasta $2,009 millones. Esa factura la asumió el país.

Lo que corresponde ahora es proteger esa inversión con una política de mantenimiento permanente, transparente y técnicamente rigurosa. Cuidar la infraestructura no es un gasto, es una obligación con los bienes públicos y, sobre todo, con los cientos de miles de panameños que cada día confían su seguridad al Metro.