Venezuela tiene que hacer frente a una catástrofe de dimensiones aún difíciles de cuantificar en medio de una crisis política, económica y social. Sumida en la incertidumbre y el descontento, está haciendo frente al mayor terremoto ocurrido en el último siglo y sus consecuencias se están viendo multiplicadas ante la debilidad de sus servicios públicos y del propio Estado.Es difícil de entender, luego de un centenar de terremotos de magnitud 6 o superior en la zona desde el año 1900, que el país no se haya preparado arquitectónicamente y sus ciudades no hayan tenido un desarrollo urbanístico acorde con los riesgos.

Tan solo 25 minutos después de estos dos episodios, Japón sufrió un terremoto de magnitud 6,9 y apenas se han producidos daños que sean considerables. Dos lugares distintos expuestos a las mismas catástrofes que no han tomado las mismas precauciones tienen que afrontar dos realidades tan dispares.Desgraciadamente esta tragedia golpea a un país con unas finanzas muy mermadas y una capacidad muy reducida de reacción consecuencia de unos servicios públicos deteriorados ante la falta de inversión.

Venezuela cuenta con una deuda muy por encima del doble de su PIB y ha perdido en los últimos 15 años el 73% de su economía.Es impensable el coste que tendrá para los venezolanos volver a levantar carreteras, hospitales, colegios, redes de suministro o viviendas con este panorama económico y la falta de seguridad que la economía del país genera para los inversores extranjeros.Ha sido llamativo en las últimas horas como bajo el paraguas de EEUU hayan sido los gobiernos de derecha en la región, Milei en Argentina, Kast en Chile, Bukele en El Salvador o Noboa en Ecuador los primeros en salir a socorrer al país venezolano. Un síntoma más del proceso de normalización y adaptación a las exigencias norteamericanas que está llevando a cabo el gobierno de Delcy Rodríguez.La presidenta interina está intentando sacar rédito a través de sus redes sociales de esta respuesta internacional, lo que no compensa de ninguna de las maneras las dificultades que está encontrando la población para recibir ayuda y socorro.

Los equipos de rescate o sanitarios no han recibido inversión ni apoyo en los últimos años y ahora exhiben su deterioro en el momento más dramático.Esto se añade a la situación de una población tremendamente empobrecida donde 3 de 4 venezolanos vivían en la pobreza por falta de ingresos y un 38% en pobreza extrema. La falta de capacidad de ahorro unida a la dificultad de acceder a productos básicos pondrá a prueba al Estado y previsiblemente serán estos millones de venezolanos los que más sufran.Transcurridas las primeras 72 horas primordiales para salvar vidas y los primeros días y semanas de las operaciones de emergencia, vendrá el momento decisivo de la reconstrucción de un país donde la ayuda internacional será clave.

La actuación del gobierno interino más allá de pilotar la transición política tendrá la responsabilidad de devolver la confianza y la credibilidad. De la respuesta que lleve a cabo en las próximas fechas dependerá mucho el futuro de Venezuela, esperemos que esta vez sí estén a la altura.

La liberación de los presos políticos que aún se mantienen encarcelados en esta catástrofe, para que puedan socorrer a sus familias, sería un buen gesto de inicio.