Japón supera intacto un terremoto de magnitud 7 como en Venezuela: "Para ellos, el riesgo sísmico es una prioridad absoluta"

Media hora después del doblete sísmico —con dos temblores de 7,2 y 7,5— que devastó el norte de Venezuela el miércoles, la tierra también tembló al otro lado del Pacífico, en Japón. El noreste del archipiélago nipón registraba un seísmo de magnitud 6,9 frente a la costa de Iwate.
El balance, no obstante, fue muy diferente al de edificios derrumbados y cientos de muertos que registró el país caribeño: más allá de interrupciones en el transporte público y cuatro heridos, no hubo mayores afectaciones en una tierra acostumbrada a los temblores… y adaptada a ellos. "Para los japoneses, el riesgo sísmico es una prioridad absoluta", explica a 20minutos Amadeo Benavent, catedrático de Estructuras de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM).Japón está situado sobre cuatro placas tectónicas y registra, según la Agencia Meteorológica de Japón, el 10% de los terremotos que se registran en todo el planeta.
El más grave, recordado por muchos, el de 2011. No obstante, la devastación de aquel suceso no la causó el temblor, sino el inmenso tsunami posterior que llegó a provocar una crisis nuclear en la central de Fukushima.
Incluso con aquel temblor de hasta 9 grados, los edificios de Tokio y otras ciudades del país se balancearon durante algunos minutos.La tecnología de alerta temprana (Japón cuenta con la más avanzada del mundo) cultura de la prevención, con estrictas normas de construcción, se combina con una gran conciencia pública y social de la necesidad de prepararse ante estos fenómenos extremos. "Después del terremoto de Kobe, en 1995, actualizaron completamente su normativa en apenas dos o tres años, y desde entonces siguen revisándola continuamente conforme avanzan los conocimientos científicos", explica Benavent.
La ingeniería sísmica es un campo, explica el catedrático, en que el avance es constante: "Ha evolucionado muchísimo en los últimos años gracias a la experimentación, a los nuevos métodos de cálculo y también a herramientas como la inteligencia artificial". Japón, al ser plenamente consciente de que la actividad sísmica forma parte de su paisaje tanto como el mar o la montaña, "diseña sus estructuras conforme al conocimiento más actualizado"."Las diferencias, evidentemente, sin enormes: Japón dispone de una normativa muy exigente al ser una de las zonas de mayor actividad sísmica del mundo, y asimismo dispone de tecnología en ingeniería, construcción y supervisión de primer nivel, junto a los recursos económicos.
Por contra, Venezuela lleva más de 20 años sometido a un fuerte aislamiento internacional y bloqueo de recursos económicos, y sus edificaciones probablemente están ejecutadas en su mayoría sin someterse a controles o normativas, que en cualquier caso serán muy laxas en materia antisísmica", destaca a este periódico Jesús Contreras, vocal de la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.La filosofía del "control de daños" y la "mentalidad del tifón"En Japón, explica Benavent, desde hace años la filosofía que se aplica en la construcción de edificios es la del damage control (en inglés, control de daños). "El objetivo ya no es únicamente evitar víctimas cuando ocurre lo que llamamos el 'terremoto máximo esperable', sino controlar también el nivel de daños que sufrirá el edificio".
Así, siempre dentro de ese control de daños, son los propios propietarios los que pueden decidir, a la hora de construir el edificio, cuál será el nivel de protección que desean para cada edificio (y, evidentemente, el precio de cada opción). "El propietario, o la administración que sea, deciden si quieren la máxima protección frente a terremotos y no admiten ningún daño, si admiten daños mínimos o si admiten cierto nivel de daños, siempre en un nivel mínimo.
Esto se llama 'proyecto basado en prestaciones', y es algo que en otros países, como España, no está ni planteado", explica Benavent."En Japón la normativa antiseísmos tiene rango de ley desde mediados del siglo pasado, lo que ya da una idea de la importancia que le dan", destaca Contreras. "Allí se ha desarrollado la tecnología de absorción dinámica y control de deformaciones, asimismo de catalogar los edificios en función de un análisis de riesgos.
Sus estructuras se diseñan para que absorban, disipen o aíslen la energía de los terremotos en lugar de oponerle una resistencia rígida", detalla el vocal de la Asociación de Ingenieros de Caminos.A ese alto nivel de concienciación y prevención se le suma la actitud: una especie de resiliencia estoica impresa desde hace muchos siglos en la mentalidad japonesa a la hora de afrontar las catástrofes naturales. El diplomático estadounidense Edwin O.
Reischauer acuñó a ese carácter un nombre más que apropiado: la "mentalidad del tifón": una aceptación de que las catástrofes son inevitables, de que después de golpe la prioridad es encajarlo y reconstruir, sumado a una conciencia de la comunidad y el bien común como clave para afrontar futuras catástrofes.
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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