BDSM a la mexicana: Consenso, placer y libertad más allá del tabú

DOMINGA.– En la intimidad de su hogar, en Tláhuac, experimentaba con un cinturón propio y fantasías donde un hombre ejercía el control y el masoquismo. No sabía qué era eso exactamente pero su cuerpo temblaba sólo de imaginarlo.
La liberación, dice, llegó a los dieciséis años, cuando un primo que estudiaba para cura le prestó una enciclopedia sexual. Ahí entendió que su cuerpo no estaba maldito.
Pero fue hasta los veintidós años, que se topó con un relato erótico que combinaba dominación y sumisión. Supo entonces dos cosas fundamentales: que no estaba loca y que lo que le gustaba tenía un nombre preciso de cuatro letras.
Información de Milenio (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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