Los terremotos que sacudieron Venezuela han dejado una tragedia que sigue desarrollándose. Mientras los equipos de rescate avanzan entre edificios colapsados y comunidades devastadas, el número de víctimas mortales continúa aumentando y miles de personas permanecen sin vivienda, servicios básicos o noticias de sus familiares.

En Panamá, la solidaridad nació de la ciudadanía y encontró un rápido respaldo institucional. Cientos de personas acudieron a los centros de acopio para donar alimentos, agua, medicamentos, ropa y otros insumos esenciales.

Merece reconocerse, asimismo, el papel de la Alcaldía de Panamá y del Despacho de la Primera Dama para canalizar esa ayuda, así como el envío de rescatistas y asistencia humanitaria. Cuando sociedad e instituciones actúan con rapidez y coordinación, la ayuda llega antes a quienes más la necesitan.

Los venezolanos enfrentan esta tragedia después de años de enormes dificultades que han puesto a prueba su capacidad de resistencia. Hoy vuelven a demostrarla entre los escombros.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estima daños físicos directos por 6,700 millones de dólares, una cifra que anticipa que la reconstrucción será larga. La solidaridad regional apenas comienza.