Joyería en piel, la nueva tendencia de los microtatuajes: "Quería algo sencillo y que no llame demasiado la atención"

Maika Rubio llega al estudio del tatuador Lucas Sánchez en el madrileño distrito de Arganzuela con una palabra en mente: "Ojalá". No es el primer tatuaje que se hace: "Tengo trece, creo", dice sonriendo mientras hace un repaso mental sobre las veces que una aguja con tinta ha penetrado su piel.
"Casi todos son chiquititos y de línea", describe. Los tiene repartidos por distintas partes del cuerpo.
Algunos se ven a simple vista, otros no. Le gustan así, dice, porque encajan con una estética "minimalista, fina, con dibujos sencillos que no llamen demasiado la atención".Que sean pequeños no significa, para ella, que sean banales.
"Todos tienen un significado", cuenta. Casi todos están ligados a un momento de su vida, "a una cosita por la que pasé", explica.
El que se va a hacer ahora también: "Viene de etapas difíciles, de esas en las que alguien intenta consolar con un 'ya verás como esto pasa' y una responde para dentro: ojalá".Maika no es la única que se hace tatuajes de pequeño tamaño. Su gusto encaja en una tendencia que algunos estudios empiezan a nombrar como "joyería en piel": tatuajes de pocos centímetros, de línea fina, discretos, pensados casi como un accesorio permanente.
Pequeños dibujos, iniciales, palabras, símbolos, adornos que no ocupan grandes extensiones de piel, solo lo justo para que se vean, o para que se intuyan.El tatuaje hace tiempo que dejó de ser una rareza, aunque los datos en España son escasos y no demasiado recientes. Según la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), en 2021 un tercio de la población de entre 20 y 40 años en España tenía al menos un tatuaje, una práctica que la propia entidad considera en aumento.
En 2018, una encuesta internacional de Dalia Research ya situaba a España como el sexto país con más población tatuada de entre los 18 Estados analizados, con un 42% de encuestados con al menos un tatuaje. Así, la novedad ya no es tanto tatuarse, sino cómo se hace: cada vez más pequeño, más discreto, más cerca del accesorio que de la gran pieza visible.La técnicaLucas Sánchez lleva 13 años tatuando.
Sevillano afincado en Madrid, empezó tocando distintos estilos hasta especializarse en línea fina y abrir su propio estudio, Aurea Tattoo. Sánchez en seguida quiere que una cosa quede clara: la línea fina no es un estilo, sino una técnica.
"El fine line es el uso de agujas de calibre pequeño. Puede ser una sola aguja, de 0,25, 0,20, 0,18 milímetros, o tres agujas de ese grosor unidas", especifica.Esta tendencia hacia el fine line, explica, ha tenido lugar porque se ha producido un cambio en tres niveles: técnico, estético y social.
"Hace 15 años querías una rosa en tu brazo y la rosa tenía que ser de mínimo 15 centímetros, con un grosor, con una oscuridad… Hoy en día podemos hacer una rosa de 4 centímetros, con detalle". Eso, afirma, ha abierto la puerta a otro tipo de clientes: quienes no quieren que "el tatuaje invada su cuerpo o tenga un peso estético tan grande.
Y ahí es donde deriva un poco la tendencia al accesorio, al detalle", resume.En su estudio, el perfil más habitual son mujeres de entre 18 y 40 años que buscan algo "que identifique su personalidad o un momento puntual de su vida, pero que no quiere enseñárselo al mundo entero en la primera pasada por la calle".Las redes han acelerado el proceso y han cambiado también los ritmos en la toma de decisiones. "Hay una parte muy buena, una capacidad de comparación superalta y muy rápida", dice Sánchez.
"Si quiero flores, voy a ver tatuajes de flores, luego voy a cerrar el abanico a flores lineales y luego voy a ver quién hace flores lineales en mi ciudad". Para los estudios, añade, es mucho más fácil llegar así al cliente que esperar a que pase por delante de la puerta o busque el teléfono "en las páginas amarillas".Pero esa rapidez tiene otra cara.
Antes, recuerda, "necesitabas pensar más, sopesar la decisión, ver el diseño" y podían pasar una cita entera redibujando a lápiz. Ahora, en cambio, "coges el iPad, visualizas superrápido, digitalizas, ¿lo ves?, ¿te gusta?
Y lo tatúas".Sánchez trabaja también con influencers y ha comprobado cómo, después de tatuar a alguna, llegan clientas pidiendo diseños similares. "Las redes sociales han hecho que se normalice.
Y cuando se normaliza algo o se populariza, es cuando la gente lo conoce, no lo estigmatiza y no le crea un prejuicio primario".Más que decoraciónPara Alejandra Walzer-Moskovic, doctora en Comunicación y profesora titular del Departamento de Comunicación de la Universidad Carlos III de Madrid, incluso el tatuaje más pequeño sigue hablando de la relación con el cuerpo y con la propia imagen. "El cuerpo es un lugar donde yo deposito mis ideales de cómo me quiero ver, de cómo quiero que me vean", explica.Walzer-Moskovic ha investigado el tatuaje contemporáneo y lo sitúa en una tensión entre moda, identidad, rito y subjetividad.
Por eso cree que no conviene leer esta tendencia en términos simples: antes rebelde, ahora estético; antes marginal, ahora integrado. "No podemos pensar de manera binaria", advierte.
Lo que se ha vuelto mainstream, sostiene, es la práctica de tatuarse, pero dentro de ella siguen conviviendo muchas motivaciones: pertenencia, estética, memoria, deseo, protección, impulso o identidad."El tatuaje tiene una carga semiótica, significa cosas", resume. A veces ese significado es evidente; otras, solo lo entiende quien lo lleva.
"En nuestra sociedad estamos o en la repetición de la moda o estamos también en lo enigmático y personal", resume.En sus investigaciones encontró tatuajes pensados durante años, diseños impulsivos, símbolos que nacieron como adorno y acabaron adquiriendo sentido con el tiempo. La investigadora recuerda el caso de una chica que se tatuó una estrella sin una intención concreta y, al día siguiente, murió su tío.
"La estrella pasó a ser su tío. No lo era al principio, pero pasó a serlo", cuenta.
Ese tatuaje, que había nacido casi como complemento, terminó adquiriendo un significado íntimo. Por eso, dice, "marcar el cuerpo de una manera definitiva no deja de conservar algo ritual".En una sociedad acostumbrada al cambio constante, al scroll y al consumo rápido de imágenes, Walzer-Moskovic ve también otra posible lectura: la búsqueda de una marca que permanezca.
Lo plantea como hipótesis, no como certeza cerrada. "¿No será que hay algo del sujeto humano que necesita arraigarse?", se pregunta.
Puede ser una idea, una creencia o, simplemente, "una marca en el cuerpo que recuerde que algo va a estar ahí para siempre", resume.El envejecer de la tintaEste tipo de tatuajes tiene también una exigencia añadida: la línea fina recién hecha puede verse perfecta al principio, pero la piel cambia. Sánchez reconoce que este tipo de técnica tiene menos recorrido que otros estilos tradicionales, de los que existen décadas de evolución visible.
"Todavía tenemos que seguir mejorando y estudiando cómo envejece una rosa de cinco centímetros con el paso del tiempo", admite.La línea, explica, siempre tiende a abrirse un poco. La diferencia está en la técnica: que fluctúe mínimamente y no se engrose, se difumine o desaparezca.
"También influyen la zona del cuerpo, el roce, la medicación, la menstruación en las mujeres, el sol, la curación o la propia piel", explica. Maika lo vivió con un tatuaje en los dedos que tuvo que repasarse varias veces porque, dice, "la piel escupía la tinta".
Por eso Sánchez ya no hace ciertos tatuajes en dedos o en el interior del labio, porque pueden borrarse muy rápido o engrosarse y quedar mal.Fidel Prieto, secretario de la Unión Nacional de Tatuadores y Anilladores Profesionales, insiste en ese punto. No rechaza los microtatuajes ni la línea fina: "Hay tatuajes pequeños, de línea fina, con una precisión quirúrgica", reconoce, pero advierte del peligro de medir la calidad solo por la imagen recién publicada.
"No es una foto solo en Instagram", resume. "Tú ves la foto y dices: sí, pero ¿y eso dentro de un año cómo está?".
Por eso para él quien quiera hacerse un tatuaje pequeño debería mirar trabajos del tatuador, preguntar por piezas curadas y no fijarse únicamente en el precio. "Ahí está la técnica: en la durabilidad", sostiene.El debate toca también la idea del tatuaje como pieza artística.
Para Sánchez, línea fina no es sinónimo de tatuaje pequeño: "Hay gente que hace tattoos pequeños y no son finos. Y hay gente que hace tatttoos grandes y son muy finos", afirma.
Por eso cree que el tatuaje pequeño está "infravalorado a nivel técnico". Prieto, desde una mirada más crítica, también separa la pieza cuidada del diseño repetido: "No basta con saber hacer un dibujo, también hay que saber como implementarlo en la piel".Ofertas e inmediatezEl auge de estos diseños llega también acompañado de flash days, tatuajes exprés, ofertas, eventos y precios bajos.
Sánchez aclara que un flash tattoo no es necesariamente un tatuaje pequeño, sino un dibujo prediseñado que el tatuador ya ha creado para vender. "Puede medir cinco centímetros o media manga".
Lo que ocurre es que, para el cliente de paso, suele ser más rápido elegir una pieza pequeña.Pero la diferencia entre una pieza cuidada, un diseño repetido y un producto rápido se nota también en el precio. "El tatuaje es un lujo, no es una necesidad", dice Sánchez, que no lo expresa como una defensa de lo exclusivo, sino como una forma de recordar que detrás de un tatuaje bien hecho hay formación, tiempo, higiene, técnica, materiales de calidad y responsabilidad.Prieto también mira con recelo las ofertas agresivas o las decisiones impulsivas.
"La gente va al barato, va al minuto, va por la oferta", resume. Puede entender una promoción puntual al abrir un estudio, pero no que el precio bajo se convierta en la forma habitual de trabajar.
A su juicio, en un tatuaje de 15 o 20 euros apenas queda margen después de descontar aguja, tintas, guantes, vaselina, IVA, seguro, cuota de autónomo y tiempo de trabajo. "Si tú tiras el precio, tiras el precio para todos", resume.También advierte contra tatuarse "en cualquier sitio": casas, bodas, eventos o espacios donde no siempre se garantizan condiciones adecuadas.
Sánchez, que sí ha trabajado en eventos, cree que pueden hacerse si existe seguro de responsabilidad civil, consentimiento informado, alta profesional y un espacio preparado. También, añade, si el tatuador sabe decir que no cuando alguien no está en condiciones.La moda cambiará, como cambiaron los tribales, las letras chinas o los nombres en alfabeto élfico.
Prieto cree que los "chiquitatus" quizá se transformen o adopten otro nombre, pero no ve desaparecer este tipo de tatuajes. "La línea fina está para quedarse", afirma.
Lo pequeño, no obstante, no debería confundirse con lo irrelevante, o como recuerda Lucas Sánchez: "Puede verse como un accesorio, o como joyería, pero es perpetuo, no lo puedes poner y quitar".Si quieres contactar con 20minutos, realizar alguna denuncia o tienes alguna historia que quieres que contemos, escribe a actualidad@20minutos.es. También puedes suscribirte a las newsletters de 20minutos para recibir cada día las noticias más destacadas o la edición impresa.
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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