En Barcelona, en los grandes temas de ciudad, pasan décadas desde que se abren los melones hasta que se cierran. Es el caso de la Sagrada Familia y el controvertido voladizo sobre la calle de Mallorca y escalinata que quiere construir en la futura fachada de la Gloria, que implicaría derribar edificios de vivienda.

Los avances van despacio, pero acabada la torre más alta del templo, la de Jesucristo; y pasada la visita del Papa León XIV, las cosas se aceleran. Justo antes del viaje papal las asociaciones de vecinos y afectados exigieron reunirse con el Ayuntamiento.

Y lo volverán a hacer la semana que viene. En los últimos años los vecinos han pasado de la oposición frontal a asumir que habrá quien tenga que marcharse.

Y la Asociación de Vecinos del barrio ha trabajado en un censo de viviendas afectadas que cuantifica en un máximo de 216. Este diario ha hecho el mismo ejercicio, timbre a timbre, y el recuento oscila entre 156 y 213, en función de si hay derribos en los dos lados del pasaje de Paula Font, o solo en uno (el lado Besòs).Seguir leyendo