Cuando el teléfono sonó, Roswuer Eliezer González Pinto iba al volante de su taxi rumbo a un servicio en San Agustín, en el norte de Torreón. Eran minutos de una jornada cualquiera en la ciudad lagunera, a la cual desde hace tres años decidió convertir en su hogar.

Del otro lado de la línea estaba su esposa con una frase que le heló la sangre: Está temblando en Venezuela.El joven narró a MILENIO que, en un principio, pensó que se trataba de uno de esos movimientos leves a los que estaba acostumbrado cuando vivía en su país natal. Nada fuera de lo común.

No obstante, cuando su pareja le expresó que se trataba de algo catastrófico y comenzaron a aparecer imágenes de edificios dañados, calles colapsadas y familias buscando a sus seres queridos entre los escombros, comprendió que la tragedia era mucho mayor."Me preocupé muchísimo. Lo primero que hice fue tratar de comunicarme con mi familia.

No me contestaban y esos minutos se hicieron eternos. Ya después me respondieron y me dijeron que estaban bien, que donde viven no había pasado nada, pero al seguir viendo las noticias entendí la magnitud de lo que estaba ocurriendo", recordó el joven de 23 años.Roswuer nació en Valencia, ciudad ubicada a unas cuatro horas de Caracas.

Su familia no resultó afectada directamente por el terremoto, pero reconoce que el desastre golpeó con fuerza a distintas regiones del país, mientras otras entidades enfrentaban inundaciones e incendios provocados por las tormentas."Han sido varios días muy difíciles para Venezuela. Hay mucha gente que perdió todo y necesita ayuda urgente."Un viaje que terminó en TorreónHace tres años tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: abandonar Venezuela.La crisis económica, la falta de oportunidades y la incertidumbre lo empujaron a salir prácticamente de un día para otro junto con su esposa.

Su plan original era llegar a Estados Unidos. "En lo personal sí quería llegar allá, pero mi esposa ya no quería seguir.

Recorrimos prácticamente todo el sur de México. Desde Chiapas hasta Oaxaca conocimos muchas ciudades, pero cuando llegamos a Torreón sentimos algo diferente.

Aquí nos gustó y aquí decidimos quedarnos."Desde entonces, su vida ha estado marcada por el trabajo. Primero encontró una oportunidad atendiendo un puesto de gorditas con una mujer que le tendió la mano cuando apenas comenzaba en México.

Después trabajó como repartidor por aplicación; más tarde ingresó a una empresa de televisión por cable y en la actualidad encontró estabilidad al volante de un taxi."Aquí hay que trabajar todos los días. Gracias a Dios me ha ido bien.

Lo importante es salir adelante." "Venimos a trabajar"Roswuer asegura que, con el paso del tiempo, conoció a otros venezolanos que también hicieron de La Laguna su nuevo hogar y formaron una red de apoyo. Dice que la mayoría comparte el mismo objetivo: construir una nueva vida de manera honesta."Todos los que conozco son personas trabajadoras.

Vinimos a lo que vinimos, a trabajar, no a hacer maldades. Yo siempre digo que si estás fuera de tu país tienes que hacer las cosas bien, porque la gente aquí también tiene sus propios problemas y uno no puede venir a causar más."Ese sentimiento de gratitud hacia la región es el que hoy lo impulsa a intentar ayudar a quienes permanecen en Venezuela y que, luego de el terremoto, prácticamente se quedaron sin nada. ​Medicinas que esperan llegarEn una habitación de su casa, ubicada en el sector de La Polvorera, él y su esposa han comenzado a reunir medicamentos que amigos, conocidos y personas solidarias les han donado luego de conocer la emergencia.

No obstante, enviar esa ayuda no ha sido sencillo."Ya tengo medicamentos reunidos, pero el problema es que para enviarlos me están pidiendo facturas y muchos requisitos. Estoy buscando la manera de que lleguen.

Si no puedo mandar las medicinas, entonces trataré de reunir dinero para que mi familia compre allá exactamente lo que se necesita."Afirma que la situación humanitaria obliga a buscar alternativas, pues cada día cuenta para quienes permanecen en las zonas afectadas. ​Reconocimiento a los rescatistas mexicanosRoswuer también expresó su admiración por los rescatistas mexicanos que viajaron a Venezuela para colaborar en las labores de búsqueda entre los escombros, entre ellos integrantes de la Fundación 911 México y brigadistas originarios de Coahuila."Hay que estar muy pendientes de ellos y reconocer el trabajo que están haciendo. Están dejando a sus familias para ayudar a personas que ni siquiera conocen.

Eso merece todo nuestro respeto."Para el joven venezolano, la solidaridad que históricamente ha distinguido a México vuelve a hacerse presente en uno de los momentos más difíciles que atraviesa su país. "México me dio la oportunidad"Aunque la nostalgia aparece cada vez que habla de Venezuela, Roswuer afirmó sentirse profundamente agradecido con México.Recuerda que la regularización migratoria le permitió obtener los documentos necesarios para trabajar legalmente y construir una vida digna."Estoy muy agradecido con la Comarca Lagunera, con Torreón, que ya es mi segunda casa, y con México porque aquí nadie me persigue.

Aquí puedo trabajar y sacar adelante a mi familia." Hoy no piensa regresar de manera definitiva; confiesa que le gustaría volver únicamente para abrazar a su madre y visitar a sus seres queridos, pero sabe que su futuro inmediato está en Coahuila."Tengo una hija y tengo que darle de comer. Aquí vamos a estar bastante tiempo."Mientras continúa recorriendo las calles de Torreón al volante de su taxi, el joven venezolano mantiene la esperanza de que la ayuda que ha logrado reunir encuentre pronto el camino hacia Venezuela.Porque, aunque la distancia lo separa de su tierra natal, asegura que hay algo que nunca ha podido abandonar: la preocupación por apoyar a los suyos y a su gente, que ahora atraviesa momentos muy complicados luego de el terremoto.