El amor y el horóscopo: ¿con qué signos soy realmente compatible?¿Quién se queda con el perro luego de una separación? Así funciona la custodia de mascotas en el PerúNi novios ni amigos: por qué las ‘situationships’ nos están dejando emocionalmente agotadosEstas frente a la pantalla con una lista interminable de pendientes por entregar o atrapado en plena hora punta del tráfico limeño.

Aunque parece que tienes todo bajo control, tus dientes están apretados con fuerza, la presión en tu boca es constante y tu mandíbula lleva horas en pie de guerra sin que te hayas dado cuenta, alimentando en silencio ese dolor sordo en la sien y esa rigidez de cuello que no logras explicar. MIRA: ¿Por qué el mundo no deja envejecer en paz a las mujeres?

La presión cultural y digital por parecer siempre jóvenesNo parece estrés o, al menos, no el que solemos reconocer. No obstante, el cuerpo sí lo está registrando.

Y es que, a veces lo que no logramos poner en palabras se queda atrapado en el organismo, encontrando diferentes maneras de expresión —no siempre las más saludables— como el bruxismo. En definitiva, esta relación no es casual, pues como bien explicó la psicóloga Marilia Quispe, de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), el cuerpo y la mente son una unidad, por eso, lo que sucede en uno afecta directamente al otro y viceversa. “Esto en el caso del bruxismo se traduce en reconocer que los pensamientos y emociones pueden afectar al cuerpo de tal manera que cuando sentimos ansiedad, preocupación o incluso rabia, el cuerpo lo vive y lo expresa en síntomas como rechinar o apretar los dientes.

Aunque no siempre somos conscientes de nuestros procesos afectivos, cada vez más se sabe que el cuerpo es el almacén de todo lo que vivimos y el que lleva la cuenta”, afirmó la experta a Somos.El bruxismo es, precisamente, una de sus alertas de largo aliento. Cuando aparecen el desgaste dental, la rigidez en la mandíbula y los dolores de cabeza, el organismo nos está indicando que venimos sosteniendo altos niveles de ansiedad por un periodo importante de tiempo.

Siendo este una señal clara de un desajuste que no podemos seguir ignorando.El bruxismo que no sabías que teníasEl bruxismo suele pasar desapercibido hasta que deja de serlo. Y es que más que una condición aislada, hoy se entiende como una manifestación compleja del organismo.La odontóloga Karen Esquivel, de Clínica Internacional lo describió como el hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes sin un propósito funcional como masticar o hablar.

Al ser una acción que carece de lógica biológica evidente, la medicina intentó buscarle una explicación puramente mecánica. Durante años, se creyó que el origen estaba en la mala alineación de los dientes que obligaba al cuerpo a compensar el defecto desgastando las piezas por la fuerza.No obstante, la evidencia científica ha desplazado esa teoría, pues hoy se sabe que el bruxismo, especialmente el nocturno, se relaciona con el sistema nervioso central, activado por factores como los microdespertares del sueño, la ansiedad y el estrés.

No obstante, el cerebro no descansa al salir de la cama, ya que encuentra en la sobrecarga laboral y diaria, el escenario perfecto para seguir acumulando tensión. Es ahí donde María Pía Massa, odontóloga de Mapfre destacó la manifestación más invisible y actual de este trastorno: el bruxismo diurno. “A diferencia del nocturno, este ocurre a plena luz del día y, al no producir un rechinamiento evidente ni dolor inmediato, puede pasar desapercibido por meses o incluso años.

En la actualidad, su aparición está íntimamente ligada a la rutina contemporánea, como largas horas frente a las pantallas o actividades de alta demanda donde el cuerpo, abrumado por las presiones cotidianas, genera una tensión silenciosa en la mordida”. Este cambio de paradigma se nota cada vez más en los consultorios.

De acuerdo con el doctor Ítalo Funes, cirujano dentista y especialista en cirugía oral y maxilofacial, hace una década el perfil del paciente era muy claro: adultos de entre 35 y 40 años, sumergidos en etapas de alta carga vital y laboral. Hoy, en cambio, el bruxismo aparece de forma creciente en jóvenes e incluso en niños, impulsado por detonantes que van desde el estrés académico hasta crisis familiares.Por eso, lejos de ser un problema marginal, el bruxismo es hoy una condición altamente frecuente en Perú, ya que representa hasta un 30% o 40% de las consultas, aunque su presencia real parece ser aún mayor si se consideran los casos no identificados o confundidos con migrañas, dolores de oído o cefaleas de origen muscular.

Cuando el estrés no se va, se queda en el cuerpoHay emociones que no desaparecen cuando termina el día. Se acumulan o se esconden, por lo que tarde o temprano, encuentran una forma de manifestarse en el cuerpo.

A veces lo hacen a través del insomnio, dolores de cabeza y muchas otras personas terminan concentrando esa tensión en la mandíbula. No obstante, Martín Chávez, director académico de Estomatología de la Universidad Científica del Sur aclaró que, si bien la relación entre el estrés y el bruxismo es importante, no es automática, puesto que no todas las personas estresadas desarrollan este trastorno y no todos los casos pueden explicarse únicamente por la tensión emocional.Entonces, ¿por qué el estrés termina afectando una zona tan específica del cuerpo?

Karen Romero, cirujano dentista y Medical Science Liaison Latam de Dentaid, indicó que la respuesta comienza cuando el estrés deja de ser algo pasajero y se vuelve crónico. En ese escenario, el organismo permanece en un estado de alerta constante que altera su equilibrio natural, causando así un desgaste silencioso que afecta distintos sistemas, incluidos los músculos.

En esa línea, la tensión emocional termina reflejándose en la mandíbula por una combinación de factores evolutivos y neurológicos. Ante situaciones de estrés, el cerebro activa mecanismos de defensa ancestrales que preparan al cuerpo para reaccionar, entre ellos tensar o apretar los músculos.

Asimismo, las áreas cerebrales que procesan emociones como el miedo, la frustración o la ira están conectadas con los nervios que controlan la masticación, por lo que esa sobre carga emocional puede traducirse en contracciones involuntarias de la mandíbula. A ello se suma que los músculos del masetero son especialmente sensibles a las señales de tensión.

Por eso, emociones contenidas que no encuentran otra vía de expresión suelen manifestarse físicamente mediante el hábito de apretar los dientes.“En todo este proceso interviene asimismo el cortisol, conocido como la hormona del estrés. Y es que esta sustancia actúa como un puente químico que traduce la tensión psicológica del cerebro en una respuesta física destructiva en la mandíbula”, recalcó la doctora Romero.Las señales que estás normalizando y no deberíasApretar los dientes de manera ocasional, ya sea ante un momento de frustración o esfuerzo físico, no necesariamente es motivo de alarma.

No obstante, para Karyn Kahn, especialista en odontología de Cleveland Clinic, el verdadero problema aparece cuando ese hábito se vuelve frecuente y las molestias comienzan a formar parte de la rutina diaria. Para identificar cuándo un episodio esporádico se ha transforma en una condición que requiere atención profesional, los especialistas recomendaron prestar atención a señales que suelen pasar desapercibidas:Señales al despertar: Sentir la mandíbula cansada o rígida por las mañanas, experimentar dolor facial al masticar o notar chasquidos al abrir y cerrar la boca puede indicar que los músculos trabajaron de forma excesiva durante la noche.Dolores que suelen confundirse con otros problemas.

Según la doctora Kahn, el bruxismo puede manifestarse a través de dolores de cabeza recurrentes, sensibilidad dental, dolor de oído, tinnitus o tensión en la zona del cuello y la cara. Como estos síntomas son comunes a otras afecciones, muchas personas pasan meses sin relacionarlos con el hábito de apretar o rechinar los dientes.Cuando alguien más detecta el problema: Debido a que el rechinamiento nocturno suele ser inconsciente, algunas personas solo descubren que lo padecen cuando su pareja o un familiar les comenta que escuchan el ruido mientras duermen.

También es una señal de alerta notar que los dientes lucen más planos o desgastados, o que las molestias se repiten durante varias semanas.“Si estas alertas se ignoran durante meses o años, el impacto dentro de la boca deja de ser una molestia muscular para convertirse en un daño estructural. Y es que la fuerza repetida y desmedida que ejerce la mandíbula termina desencadenando una serie de destrucción dental: desde la sensibilidad extrema y la movilidad de las piezas, hasta la sobrecarga y fractura de coronas y resinas”, advirtió Martín Chávez.En este punto de la afección, el tiempo es el factor más crítico, ya que el cuerpo traza una línea muy clara entre lo que se puede salvar y lo que se pierde para siempre:Lo reversible: Si se interviene a tiempo controlando el estrés y protegiendo la dentición, el dolor muscular, la inflamación de la articulación temporomandibular y la sensibilidad inicial pueden desaparecer por completo.

Lo irreversible: El esmalte dental desgastado o perdido no se regenera de forma natural. Las fisuras profundas, los dientes astillados, las fracturas severas o las superficies que han quedado completamente planas requieren tratamientos restauradores complejos.Cómo dejar de apretar lo dientes y aprender a soltarSi tienes bruxismo, probablemente hayas escuchado que una férula de descarga puede ayudarte.

Es verdad, pero solo hasta cierto punto. Como explicó la doctora Karen Esquivel, estos dispositivos protegen el esmalte del desgaste y ayudan a estabilizar la mandíbula, pero no eliminan la causa que activa el apretamiento dental.

Lo mismo sucede con la toxina botulínica, la cual puede ser útil para casos específicos, como cuando hay dolor muscular importante, hipertrofia de los maseteros o bruxismo severo que no responde a medidas convencionales. No obstante, como subrayó Chávez, no es una solución que se sostenga en el tiempo, por su efecto de corta duración, asimismo de que tampoco reemplaza la evaluación de los factores desencadenantes.

Por eso, el primer paso para prevenir o controlar el bruxismo es desarrollar conciencia sobre el propio cuerpo. Muchas personas aprietan los dientes durante horas sin darse cuenta.

Según la odontóloga Susant Aguirre, de la Clínica Ricardo Palma, una estrategia sencilla consiste en preguntarse varias veces al día: “¿Estoy apretando los dientes en este momento?”. La posición de reposo ideal es simple: los labios pueden estar juntos, pero los dientes deben permanecer separados.Por su parte, la psicóloga Marilia Quispe añadió que las emociones suelen manifestarse primero en el cuerpo.

Bajo esa premisa, aprender a identificar señales aparentemente pequeñas —como rigidez en el cuello, tensión en los hombros, dolor facial o cansancio mandibular al despertar— puede ayudar a reconocer cuándo el estrés está empezando a acumularse.Frente a ello, los expertos coincidieron en que algunos hábitos cotidianos pueden marcar una diferencia importante:Realizar pausas activas durante la jornada laboral para levantarse, caminar y cambiar de postura.Corregir la ergonomía frente a la computadora o el celular para evitar la sobrecarga de cuello y mandíbula.Practicar respiraciones diafragmáticas y estiramientos al comenzar el día.Mantener horarios regulares de sueño.Evitar el consumo nocturno de cafeína, alcohol y tabaco.No masticar chicle ni morder objetos como lapiceros o uñas.Incorporar actividad física, espacios de ocio y momentos de socialización que permitan liberar tensión de forma saludable.Llevar un registro de los momentos en los que aparecen molestias o dolor para identificar posibles desencadenantes.El sueño también merece especial atención. Roncar con frecuencia, despertarse cansado o presentar pausas respiratorias durante la noche podrían ser señales de trastornos como la apnea del sueño, una condición que puede estar asociada al bruxismo y que requiere evaluación especializada.Es por ello que el abordaje más efectivo suele ser multidisciplinario.

Dependiendo de cada caso, pueden intervenir odontólogos, psicólogos, fisioterapeutas, especialistas en medicina del sueño, otorrinolaringólogos o neurólogos. El objetivo no es solamente evitar que los dientes se desgasten, sino comprender qué está manteniendo activo el problema.La buena noticia es que el bruxismo no tiene por qué convertirse en una condición permanente.

Cuanto antes se detecten sus desencadenantes y se adopten estrategias para reducir la tensión física y emocional, mayores serán las posibilidades de prevenir complicaciones y recuperar el bienestar.