Francisco Pérez, con su casco y su linterna, lleva una semana frente al estacionamiento de un edificio que ya no existe. Ahí, a varios metros bajo tierra, está el vehículo de la mujer a la que trata como su madre, Nancy Rojas, de 67 años, su jefa.

Parece que está dentro. Francisco cuenta que logró localizar más o menos dónde podría estar y le preguntó varias cosas a gritos.

Ella, asegura, golpeó dos veces contra el techo del vehículo para decir que sí, tres para decir que no. Le intentaron convencer de que podría ser cualquier ruido, pero él insiste en que no, que un golpe puede ser una piedra, pero que tres tiene que ser ella pidiendo ayuda.

El joven volvió cada día a hablar así con Nancy, que le llamaba hijo, pero ya no la ha vuelto a escuchar. Rescatarla, visto el estado del edificio, parece imposible.

El techo está tan comprometido que mover un solo bloque puede hacer colapsar el resto. Hasta el lunes, tenía esperanza.Seguir leyendo