Ayer sábado 27 de junio fue un día histórico no sólo para la Ciudad de México, para la humanidad entera.¿Por qué? Porque vimos la fusión de un Mundial de Futbol con una Marcha del Orgullo LGBT.

¡La fusión de éste Mundial de Futbol con la famosísima Marcha del Orgullo LGBT de la Ciudad de México!¿Qué tiene esto de novedoso si, objetivamente, en la CDMX ya se habían juntado los fanáticos del futbol con el colectivo LGBT?Que no estamos hablando de un encuentro fortuito en Paseo de la Reforma.El Fan Fest de la Ciudad de México, el Fan Fest más grande, más famoso y más exitoso de todos los tiempos, recibió a las, los y les representantes de la diversidad sexual en sus más variadas manifestaciones.No me refiero al simple hecho de que, quien llegó y cupo, pudo entrar. ¡No!La pantalla más grande del Mundial, la del Zócalo, se engalanó proyectando todas las banderas de todos los grupos de ese colectivo.¿Sabe usted lo que es que ahí, donde se pasan los partidos.

Que ahí, donde el pueblo y los turistas festejan. Que ahí, donde va toda la prensa de todos los países, se haya hecho esto?Pero no sólo eso.

Lo primero que se hizo al abrir el escenario monumental del Fan Fest de la Ciudad de México esa mañana fue recibir y homenajear a las más de 60 parejas que se casaron minutos antes en el Ángel de la Independencia.Fui testigo de esas bodas comunitarias. Quien quiso se casó frente al Ángel, en plena marcha, frente a los festejos y las protestas.

¡El espacio público, el escenario de la vida comunitaria, en su máxima expresión!No, pero espérese. Se pone mejor: poco a poco, en el escenario del Fan Fest de la Ciudad de México fueron desfilando homosexuales, lesbianas, hombres trans, todas, todos y todes de montones y montones de grupos.Para que entienda usted la magnitud, hasta las personas asexuales, que casi nunca son tomadas en cuenta, subieron al escenario.

¿Para qué? Para tomar el micrófono, hacer sus denuncias y ejercer sus derechos con una libertad editorial admirable.Me consta que durante muchos días en medios y en redes se especuló sobre si La Marcha iba a llegar o no al Zócalo.¡Sorpresa!

¡No sólo llegó! ¡Llegó y triunfó!

Tuve el honor de ser, junto con Itzel Aguilar, uno de los dos conductores que abrieron ese desfile de participaciones y lo que más me emocionó fue la extraordinaria reacción de los turistas y de los fanáticos del futbol que estuvieron ahí.Todas, todos y todes aplaudieron, festejaron. Fue muy hermoso.

Se lo juro.Yo no sé si usted lo alcance a apreciar pero en estos momentos de absoluto retroceso y represión para las personas LGBT, incluso en otras sedes mundialistas, que la Ciudad de México haga esto manda un poderosísimo mensaje de diferencia, de esperanza y de respeto.Me hubiera encantado ver la cara de la gente de todas esas ciudades donde la hostilidad social no para de crecer, la de la de los países con gobiernos de ultraderecha que insisten en negarle sus derechos a estas personas.¡Me hubiera encantado ver la reacción de esos lugares donde ser parte del colectivo LGBT es un crimen!Para eso sirven estas plataformas internacionales. Para eso sirven estos eventos.

Para que el mundo sepa la verdad. Para que el mundo sepa que sí se puede.

Para que el orgullo mexicano trascienda.¡Bien! ¡Bien!

¡Así se hace! ¿Ahora entiende usted cuando le digo que fue un momento histórico para la humanidad entera?

¿Cuándo se había visto que un Mundial de Futbol fuera capaz de algo así? ¡Incluso teniendo otras sedes que no comparten estas libertades!

Sí, soy el primero en reconocer que falta mucho y el más molesto al no ver tanta presencia de canales mexicanos de televisión como en otras marchas.Pero ayer sábado 27 de junio fue un día histórico no sólo para la Ciudad de México, para la humanidad entera. Y lo tenemos que reconocer.

¿A poco no?