Desde la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca, cada cumbre de la OTAN se ha convertido en una reválida que los líderes europeos menos aplicados en los asuntos de la defensa —no miremos a nadie— temen más que los estudiantes de bachillerato a la Prueba de Acceso a la Universidad.De cara a la que se va a celebrar en Ankara en los días 7 y 8 de julio, el secretario general de la Alianza, el holandés Mark Rutte, ha comenzado ya a cumplir esa bochornosa penitencia autoimpuesta que le obliga a tratar de calmar con halagos desmesurados al presidente de los EEUU.Desde la barrera de la jubilación —reconozco que no es lo mismo ver los toros desde donde ahora estoy que enfrentarse a ellos en el ruedo— parece que la próxima cumbre no debería de ser tan difícil como la del año pasado, primera del segundo mandato de Trump. El magnate llega en esta ocasión —y así lo hemos visto en la última reunión del G-7— algo debilitado por sus apuestas equivocadas en Ucrania, Groenlandia y, sobre todo, Irán.

Es cierto que, en ocasiones, el toro se vuelve más peligroso cuando se echa en tablas; pero lo que de verdad parece estar en juego en Ankara es la contribución de los EEUU a la Alianza —esa OTAN 3.0 que predica Hegseth, en la que Europa tiene que asumir mayores responsabilidades— y no su supervivencia.No parece, pues, necesario que Rutte vuelva a humillarse como lo hizo hace un año en La Haya, cuando llamo "papi" a Donald Trump. Sus desmedidas alabanzas, que a él mismo le avergüenzan —de hecho, él achaca ese deplorable "papi" a un "malentendido idiomático"— no van a impedir que el magnate critique públicamente a todos sus colegas cada vez que le venga en gana… y, lo que es peor, harán que algunos europeos transfieran a la OTAN una parte del rechazo que el actual presidente de los EEUU provoca en el Viejo Continente.¿Se equivoca entonces Mark Rutte?

Desde luego. Y su error es más grave cuando sus declaraciones para "blanquear" el rechazo de los aliados a la guerra de Irán —algo que nadie le ha pedido— contradicen equivocada e innecesariamente a líderes europeos, como acaba de ocurrir con la italiana Meloni.

No obstante, cualquiera de nosotros puede criticarle por ello; porque lo que él defiende, con sus aciertos y sus errores, es el sistema de libertades basado en la democracia, los derechos individuales y el imperio de la ley que acordamos en el preámbulo del Tratado de Washington. Un sistema que, por desgracia, no inspira por igual a todos los actuales líderes de la Alianza, pero que sí une a todos los pueblos que la forman.Los que nunca se equivocan son Vladimir Putin en la prensa rusa, Xi Jinping en la china y un Mojtabá Jamenei que ni siquiera sabemos si está vivo en la iraní.

Son ellos, armados y peligrosos, quienes debieran preocuparnos, y no un Rutte que, aunque como todos pueda cometer errores, está de acuerdo con nosotros en lo fundamental.