Cárteles mexicanos se globalizan: operan laboratorios y lavado en Dubái y África

El cuartel general ya no está solo en la sierra de Sinaloa o en las llanuras de Jalisco. Hoy, el verdadero motor de los cárteles mexicanos palpita de forma silenciosa en los rascacielos financieros de Dubái, en discretas granjas agrícolas de Polonia y en laboratorios camuflados en las densas geografías de Nigeria y Australia.
Según un análisis presentado al Senado de Estados Unidos sobre la mutación transnacional de las mafias mexicanas, el exejecutivo de la DEA Chris Urben y Vanda Felbab-Brown, de la Brookings Institution, revelaron que la presión de Washington en el continente americano no ha destruido a los cárteles; al contrario, los ha obligado a perfeccionar la globalización de sus ilícitos. La metamorfosis inició formalmente en febrero de 2025, cuando el gobierno de Estados Unidos catalogó al Cártel de Sinaloa y al Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) como organizaciones terroristas extranjeras.
Esta etiqueta desató una serie de golpes contundentes en el continente: La histórica denuncia en abril de diez altos funcionarios sinaloenses vinculados al narcotráfico. Sitiados en su propio territorio, los cárteles aplicaron una lógica empresarial: diversificar el riesgo.
Si las cocinas de fentanilo peligraban en México, había que clonarlas al otro lado del océano. El testimonio de Chris Urben ante el Grupo de Trabajo del Senado de EU para el Control Internacional de Narcóticos —encabezado por John Cornyn y Sheldon Whitehouse— encendió las alarmas al detallar cómo químicos mexicanos viajan como "consultores internacionales" para replicar sus letales recetas en el extranjero.
Citando informes confidenciales del Comando de EU para África (Africom), Urben dio a conocer que de 12 laboratorios de droga interceptados recientemente en el continente africano, 11 contaban con operadores de los cárteles de Sinaloa o Jalisco en el lugar. El golpe definitivo sucedió en mayo de 2026, cuando unidades de élite de la policía nigeriana desmantelaron megalaboratorios de metanfetamina.
Los mexicanos capturados ahí no eran soldados de a pie; eran "cocineros de élite" que habían cruzado el Atlántico exclusivamente para aportar su experiencia técnica. La misma franquicia criminal echó raíces en Polonia, donde unidades de narcóticos locales han desmantelado laboratorios de metanfetamina controlados directamente por mafias mexicanas.
Paralelamente, en Australia, la proliferación de estos laboratorios busca blindar a los cárteles: si una redada fronteriza en América frena un cargamento, la producción local en Varsovia o Sídney asegura que el suministro global jamás sufra desabasto. Para mover los miles de millones de dólares que generan estas sucursales en África y Europa, los cárteles necesitaban un sistema de lavado inmune a los rastreos de la DEA.
Vanda Felbab-Brown expuso ante el Senado cómo los grupos criminales mexicanos tejieron alianzas con los banqueros más eficientes del submundo: las organizaciones chinas de lavado de dinero. Aprovechando los estrictos controles de capital en China y una masa de clientes cautivos, las mafias chinas ofrecen a los cárteles tarifas de lavado sumamente bajas, operando principalmente a través de un complejo entramado de criptomonedas y lavado basado en el comercio internacional de mercancías.
No obstante, para no depender de un solo aliado, Sinaloa y el CJNG expandieron su portafolio financiero hacia otros tres ejes globales: El reporte de Felbab-Brown arrojó una paradoja sobre el comportamiento del narco: mientras en México desatan masacres brutales que rozan la guerra civil, cuando operan en Europa, Asia o Estados Unidos lo hacen sin armas, sin sicarios y con un perfil extremadamente bajo. El Cártel de Sinaloa, por ejemplo, calcula la fuerza de la policía local; si sabe que la respuesta institucional será aplastante, ordena a sus miembros mimetizarse como pacíficos hombres de negocios.
La crisis de los opioides sintéticos en Estados Unidos ha dejado de ser un simple problema de salud pública y adicciones para convertirse en una amenaza directa a la seguridad nacional. Hoy opera bajo un modelo de negocios que "acepta el asesinato masivo como parte de su ciclo diario de distribución".
Así lo aseveró el agente senior retirado de la DEA, Michael W. Brown, fundador de Hoplon Consortium y veterano con 32 años de experiencia en operaciones de combate al narcotráfico en Centro y Sudamérica.
Durante su testimonio ante los senadores John Cornyn y Sheldon Whitehouse, Brown advirtió que el mercado de fentanilo en EE. UU. se mantiene saturado gracias a una mutación sin precedentes en las redes de distribución interna.
De acuerdo con el especialista, el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) han logrado penetrar cada estado, condado y vecindario estadounidense gracias a alianzas estratégicas con las pandillas carcelarias y callejeras más peligrosas del país.El brazo operativo de los cárteles en territorio estadounidense El exejecutivo de la DEA nombró directamente a las organizaciones criminales de Estados Unidos que hoy sirven como el motor y brazo de distribución de las mafias mexicanas en las calles: Más allá de las grandes bandas organizadas, Brown alertó al Capitolio sobre la aparición de un nuevo y elusivo jugador en el ecosistema criminal: el “cottage industry digital trafficker” (el microtraficante digital). Se trata de personas ordinarias que están aprovechando el ecosistema de internet y las redes sociales para lucrar con la venta de sustancias ilícitas a nivel hiperlocal.
A diferencia de las estructuras tradicionales, miles de estas células semiindependientes operan por debajo del radar de las agencias de inteligencia, debido a que no responden a un líder único ni a una jerarquía criminal visible, lo que dificulta de manera drástica su desmantelamiento. En este nuevo modelo, cualquier vecindario o escuela puede albergar un centro de distribución digital invisible.
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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