Es inédito por varias razones: no sólo es la primera vez que el Mundial de fútbol es organizado por 3 países - Estados Unidos, Canadá y México-, sino que participa la cifra récord de 48 selecciones. Y se da en un contexto geopolítico especial: uno de los países anfitriones (EEUU) está en guerra con una de las naciones que compite en el evento (Irán). \"Estados Unidos está encantado de dar la bienvenida a aficionados de todo el mundo con motivo de la Copa Mundial de la FIFA 2026.

Coincidiendo con el 250 aniversario de Estados Unidos, el presidente Trump se ha comprometido a hacer de este el mayor evento deportivo de la historia mundial\", indicó esta semana el Departamento de Estado de EEUU al compartir un video en la red social X para presentar la Copa de la FIFA. Este es el segundo Mundial que organiza Estados Unidos, después del de 1994, pero el primero con Donald Trump como presidente, que en su segundo mandato sacudió los mercados con su pulseada de aranceles comerciales, volvió a dirigir su foco a la región y avanza en múltiples frentes políticos en Latinoamérica, asimismo de encontrarse embarcado en una guerra contra Irán junto a Israel.

Una tensión bélica que conmocionó a Medio Oriente e impactó en la economía global, especialmente en el precio del petróleo. Los tres anfitriones norteamericanos han vivido asimismo momentos de tensión desde la vuelta del republicano a la Casa Blanca.Tanto por los aranceles de Trump como por su amenaza de convertir a Canadá en el \"estado 51\" de EEUU o la presión sobre México por el narcotráfico, después de que su gobierno calificara de organizaciones terroristas a varios carteles mexicanos o la justicia estadounidense acusara a funcionarios del país vecino de tener vínculos con el tráfico de drogas.

La mayoría de los partidos del Mundial (78 de 104) se disputarán en Estados Unidos, que a la vez endureció su política migratoria con Trump 2.0, con una campaña de deportaciones masivas y restricciones de visado, un desafío para un evento que congrega a millones de fans de todo el mundo. Todos estos elementos sobrevuelan de alguna forma el Mundial 2026, pero no son los únicos.

La guerra con Irán El 28 de febrero, después del fracaso de negociaciones indirectas, Estados Unidos lanzó junto a Israel un ataque contra Irán en el que murió su líder supremo, Alí Jamenei, y sacudió Medio Oriente. Luego de semanas de enfrentamientos, las partes en conflicto alcanzaron en abril una tregua para avanzar en un acuerdo de paz, que podría quedar en entredicho luego de los ataques de los últimos días.

Trump enfrenta a su vez una fuerte presión en su país por el impacto de la guerra, que provocó un alza en el precio de los combustibles luego de el cierre del estrecho de Ormuz y, por lo tanto, en la inflación, que en mayo se ubicó en el 4,2% anual, su mayor valor en tres años. El aumento del costo de vida podría representar un problema para el gobierno de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre, donde los republicanos se juegan la mayoría en ambas cámaras del Congreso.

Pero en concreto, para la celebración del Mundial, la guerra dejó otra huella: el debate sobre si podía participar Irán, una de las selecciones clasificadas por Asia. Luego de los ataques iniciales, Irán había dicho que no iba al Mundial, pero luego afirmó que formaría parte, pese a que un enviado de Trump sugirió que Italia -que esta vez no clasificó- lo reemplazara en el torneo de 48 naciones.

La idea, de todas formas, fue descartada por el propio gobierno estadounidense y por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Luego surgió el problema de los visados para entrar a EEUU: los jugadores de la selección, que disputará sus tres partidos de la fase de grupos en Estados Unidos, recibieron los permisos necesarios para entrar al país, pero no así parte de su cuerpo técnico.

Entre ellos estaba el presidente de la federación de fútbol iraní, Mehdi Taj, quien sirvió con la Guardia Revolucionaria, una organización considerada terrorista por Washington. Por eso, la federación iraní decidió que el equipo no se aloje en Tucson, Arizona, como estaba previsto inicialmente, sino en Tijuana, México.

Y aún no está del todo claro qué pasará cuando tenga que jugar del otro lado de la frontera: aunque en un principio se expresó que la selección solo podría entrar en territorio estadounidense para el día del partido e irse en el día, luego un responsable de la selección confirmó a la agencia AFP que el equipo ingresará a EEUU un día antes y pasará allí la víspera del partido. De todas formas, el designado por Trump para organizar el Mundial en Estados Unidos, Andrew Giuliani, aseveró esta semana que \"todo el cuerpo técnico iraní va a entrar\" al país, pero que hay \"algunos oficiales iraníes que no van a entrar\" y expresó que era \"por muy buenas razones\".

Giuliani apuntó que no podía entrar en detalles, pero que \"hay algunas personas que dicen ser entrenadores y puede que no lo sean\". Esta no es la primera vez que un conflicto bélico repercute en un Mundial.

El caso más reciente es el de Rusia que, debido a la invasión de Ucrania en 2022, no puede participar ni en torneos FIFA ni de la UEFA (Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol). La política migratoria: el caso del árbitro somalí Los integrantes del equipo técnico de Irán no fueron los únicos a los que no se les concedió una visa para entrar a Estados Unidos para la Copa Mundial.

En los últimos días, un caso copó los titulares: el del árbitro Omar Artan, que iba a ser el primero de Somalia en conducir un partido del máximo torneo del fútbol mundial, pero no se le permitió ingresar al país. Artan es uno de los mejores árbitros de África y fue designado mejor árbitro masculino del continente en 2025.

El sábado pasado, se le negó la entrada en el aeropuerto internacional de Miami por \"preocupaciones relacionadas con la verificación\", comunicó la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP) en un comunicado, sin dar detalles. Posteriormente, la FIFA lo retiró de la lista de árbitros del torneo.

La FIFA argumentó que no está vinculada a los procesos migratorios del país anfitrión y que \"un gobierno anfitrión determina en última instancia quién recibe el visado y quién es admitido en su país\". Somalia es, de hecho, uno de varios países en una lista de prohibición de viaje introducida por la administración Trump el año pasado.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, consideró \"desafortunado\" el incidente ocurrido con el árbitro somalí y, ante los cuestionamientos sobre cómo se gestionó el torneo en EEUU en medio de la dura política migratoria de Trump, hizo una férrea defensa del presidente estadounidense y expresó que la organización del Mundial habría sido \"imposible\" sin su implicación y participación. \"Intentamos encontrar soluciones, pero debemos respetar que no somos los reyes del mundo que pueden imponer su voluntad a gobiernos y fuerzas policiales; somos una organización deportiva\", respondió este miércoles a una pregunta de la prensa sobre si la FIFA había \"perdido el control\" del torneo. Las restricciones de visado del gobierno de Trump afectaron asimismo a muchos hinchas que querían viajar a ver a sus selecciones.

Aficionados de más de una cuarta parte de los países participantes en el Mundial se enfrentan a prohibiciones de viaje o a importantes obstáculos para obtener los permisos necesarios, según un análisis de datos de viaje realizado por la BBC. Esta semana, asimismo, las autoridades estadounidenses advirtieron a los influencers extranjeros que tienen previsto viajar para cubrir el evento que no pueden ingresar al país con una visa de turista. \"Tener como único propósito de la visita la creación de contenido (como influencer), generando así ganancias provenientes de Estados Unidos mientras se está en el país, se considera trabajo y requiere la visa correspondiente\", aseguraron.

Protestas en México: un desafío para Sheinbaum Estados Unidos no es el único de los países anfitriones que enfrentan desafíos extrafutbolísticos este Mundial. En México, el torneo se celebra en medio de una gran movilización del sindicato de educadores, que reclama un aumento salarial y la derogación de una ley de pensiones.

Antes de la inauguración del Mundial este jueves, los manifestantes, miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), bloquearon varias calles de Ciudad de México, irrumpieron en un edificio de la Secretaría de Educación y mantienen un acampe en el Centro Histórico de la capital mexicana, a pocos metros del Zócalo, donde se ubica el FIFA Fan Fest. Las protestas generaron presión sobre el gobierno de Claudia Sheinbaum, que consideró que hay grupos que buscan una \"provocación\" para generar una respuesta represiva y llamar así la atención. \"Todo está bajo control\", declaró a la prensa, visiblemente molesta, poco antes del inicio del torneo.

Mientras en el mítico estadio Azteca de Ciudad de México se jugaba el partido inaugural entre la selección anfitriona y Sudáfrica, decenas de manifestantes, entre ellos maestros, familiares de desaparecidos y estudiantes, se enfrentaron fuera del recinto con la policía. Un grupo que exige justicia por los decenas de miles de desaparecidos que enlutan al país quitó barreras que protegían el perímetro del estadio e intercambió golpes con los agentes que lo resguardaban.

Armados con palos y bates, otro puñado de jóvenes rompió los vidrios de vehículos policiales. \"¡México campeón en desaparición!\", era uno de los cánticos más repetidos por los manifestantes de los diferentes colectivos, que comparten un rechazo a que México albergue otro Mundial mientras afronta la violencia del crimen organizado. Una disputa por la camiseta que llegó a la política En medio del Mundial, la camiseta de la selección de Colombia pasó a ser noticia no por lo hecho en la cancha, sino por la campaña electoral.

La prenda, símbolo deportivo y de identidad nacional, quedó atrapada en la disputa entre Iván Cepeda, candidato oficialista que busca prolongar el proyecto de izquierda en el poder, y Abelardo De la Espriella, el aspirante de derecha radical que ha hecho de la confrontación su marca política. De la Espriella inició a usar la camiseta en sus mítines de cierre de campaña y el día de la primera vuelta, el pasado 31 de mayo, buena parte de sus seguidores acudió a votar con ella como distintivo político.

El abogado penalista, que se hace llamar \"El Tigre\", encabezó la elección descolocando a Cepeda, quien lo acusó de \"robarse\" la camiseta con fines electorales. La controversia escaló cuando un juez de Bogotá ordenó a De la Espriella abstenerse de utilizar la camiseta de la selección colombiana en actos y publicidad de campaña mientras decide sobre el fondo del asunto.

El candidato desobedeció la medida y promovió una campaña para que los colombianos usen la camiseta afirmando que \"no pertenece a ningún partido político, dirigente o campaña\", sino que representa \"el orgullo nacional, la unión de los colombianos y la esperanza de un país\". El pulso legal continuó y finalmente una jueza de Bogotá revocó la suspensión y decidió que De la Espriella sí podrá usarla en eventos políticos de su campaña electoral.

La camiseta de la selección nacional también ha sido tema de disputa en Brasil, que en octubre celebrará elecciones presidenciales. Luiz Inácio Lula da Silva, que va por su cuarto mandato a los 80 años, publicó recientemente en las redes sociales una foto vistiendo la casaca amarilla con el texto: \"Brasil es de los brasileños\".

El mensaje iba dirigido directamente a su rival en los comicios, el senador Flávio Bolsonaro, que suele vestir la camiseta en actos electorales. La \"verdeamarela\" fue adoptada por los seguidores de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, como identificación partidaria, una implicación política que ya generó polémica durante el Mundial anterior de Qatar 2022.