En la cancha del Estadio Azteca se cumplieron los pronósticos de la mayoría y México le ganó a Sudafrica en la apertura del mundial de fútbol. En este otro campeonato no hay bullicio de vuvuzelas, gargantas afónicas después de un gol ni llantos desconsolados por una eliminación temprana.

Tampoco hay hinchas viajando miles de kilómetros ni cábalas repetidas antes de cada partido. Pero de esta Copa del Mundo depende buena parte de la calidad de vida de millones de personas.

Los resultados que aquí se ponen en juego inciden en el empleo, los salarios, la inflación, las oportunidades y hasta la esperanza de vida. Son los números que analizan economistas y organismos internacionales, aunque rara vez generan la atención que despierta una pelota rodando sobre el césped.

Tomando como punto de partida a los países clasificados al Mundial de fútbol, El Observador armó un ejercicio distinto: el Mundial Económico. Una competencia imaginaria para responder preguntas que el fútbol no puede contestar.

¿Qué país tiene hoy la economía más sólida entre los clasificados? ¿Quiénes son las revelaciones?

¿Y hasta dónde llegará Uruguay? Como ocurre en cualquier torneo, el resultado no está exento de azar.

Los cruces obedecen al fixture sorteado por FIFA y los ganadores dependen de una selección de indicadores que, inevitablemente, tiene una cuota de arbitrariedad. Por eso, el campeón de este Mundial Económico no es necesariamente la mejor economía del planeta.

De hecho, varias de las principales potencias mundiales ni siquiera clasificaron al campeonato de fútbol. Y algunos equipos pueden beneficiarse de un camino más favorable que otros.

Algo parecido sucede en la cancha: no siempre gana el que tiene el plantel más poderoso. Para la banca de inversión Goldman Sachs, España es la principal candidata a levantar la Copa del Mundo, seguida por Francia y Argentina.

En la encuesta realizada por El Observador junto a académicos de la Universidad de la República, la mayoría de los consultados cree que Uruguay alcanzará los dieciseisavos de final y considera que llegar a cuartos sería una actuación destacada. Pero cuando la pelota deja de rodar y empiezan a hablar los indicadores económicos, la campeona resulta ser otra.

Suiza. La campeona inesperada El camino de Suiza hacia el título no es sencillo.

En la fase de grupos comparte zona con Canadá y Qatar, dos economías que, por diferentes motivos, suelen ubicarse por encima del promedio mundial en varios indicadores relevantes. No obstante, logra avanzar en el primer puesto.

Después supera a Egipto, elimina a Portugal, deja por el camino a Nueva Zelanda, sortea una semifinal exigente ante Suecia y termina imponiéndose en una final muy ajustada frente a Noruega. La coronación tiene una cuota de ironía: el país que alberga la sede de la FIFA también termina levantando esta Copa del Mundo alternativa.

Cómo se jugó el Mundial Económico El torneo tomó los 48 países clasificados al Mundial de la FIFA y replicó su formato oficial, con 104 partidos. Cada selección fue evaluada a partir de seis indicadores con amplia comparabilidad internacional y que permiten observar dimensiones distintas del desempeño económico: inflación, calificación de deuda soberana ,la proporción de personas en edad de trabajar que efectivamente tienen empleo, el crecimiento económico, índice de Gini —que mide la desigualdad— y el Índice de Desarrollo Humano (IDH).

La lógica del campeonato es simple: en cada enfrentamiento se compara el desempeño de ambos países en esos seis indicadores. Cada ventaja equivale a un gol.

En fase de grupos los empates se mantuvieron. En eliminación directa, el desempate se resolvió por IDH, como en penales.

Las sorpresas del torneo La simulación permite descubrir protagonistas que rara vez aparecen en las discusiones sobre las grandes potencias mundiales. Uzbekistán, Paraguay, Costa de Marfil, Ghana y Cabo Verde aparecen como algunas de las revelaciones gracias a sus tasas de crecimiento económico.

En algunos casos se trata de países que parten de niveles de desarrollo más bajos y, por lo tanto, tienen más margen para expandirse. En otros, los buenos resultados están asociados al descubrimiento de recursos naturales, mayores inversiones, reformas regulatorias o procesos de diversificación productiva.

Mientras tanto, Haití ocupa el extremo opuesto del cuadro. La selección caribeña no logra ganar partidos y apenas consigue convertir goles.

Es la economía más rezagada entre los países clasificados al torneo. ¿Y Uruguay?

La Celeste supera la fase de grupos como uno de los mejores terceros luego de caer ante España, vencer a Cabo Verde y sufrir una derrota frente a Arabia Saudita. Sus principales fortalezas aparecen en los indicadores donde históricamente se destaca en las comparaciones internacionales: niveles relativamente bajos de desigualdad y un Índice de Desarrollo Humano elevado para la región.

Esos factores le permiten avanzar en un grupo muy parejo y beneficiarse de una mejor diferencia de goles frente a otros terceros. En contrapartida, la inflación, la más alta de su grupo, le jugó algo en contra.

Si bien el país ha mejorado sus registros en los últimos dos años, todavía se mantiene por encima de los niveles de otros participantes del torneo. El recorrido termina rápido.

En dieciseisavos de final, Uruguay se cruza con Bélgica, una economía que le saca ventaja en varios indicadores y termina imponiéndose por 4 a 2. La eliminación deja a la Celeste entre los cinco representantes sudamericanos que alcanzan esa instancia.

A partir de allí, el torneo queda dominado casi por completo por selecciones europeas, algunos países de Oceanía y un puñado de invitados inesperados que consiguen colarse entre los mejores. Como en el fútbol, los resultados tampoco están escritos de antemano.

En este torneo alternativo, Suiza terminó levantando la copa gracias a una combinación de estabilidad, desarrollo humano y fortaleza institucional. Una prueba de que, también en la economía, no siempre ganan los gigantes. *Fuente de los indicadores (Bancos centrales, agencias oficiales de estadísticas,calificadoras Fitch Ratings y S&P Global, Banco Mundial y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).