Si hay una carne que agradece una cocción lenta y respetuosa, es el lomo de cerdo: la diferencia entre un filete securrio y una pieza jugosa pasa por tener algo de paciencia, y poco más. Una vez lista, cortada en filetes más o menos finos puedes servirla caliente al plato con arroz, polenta, cuscús o patatas, cortarla en dados y añadirla a ensaladas o usarla como fiambre en bocadillo.

Prepararla en ese horno de sobremesa que es la freidora de aire facilita la tarea porque a) da menos calor y b) no tienes que sacar los moldes de tarta y otros apechusques que se suelen guardar en el horno normal; pero obviamente también se puede preparar en él. Seguir leyendo