¿Zurdos "guerrilleros" o fachos "paramilitares"?

El miedo a perder la democracia ante un nuevo gobierno de derecha radical o ante una izquierda que se le da por comunista no es más que la radiografía cruda de una sociedad que se limita a una conciencia individual. Jaime Garzón ya lo había pronunciado: “El problema de los colombianos es que no tenemos una conciencia colectiva, tenemos una conciencia cómoda e individual ante la vida”.
No pensamos en el otro, solo en un “yo” egocéntrico que piensa únicamente en su propio bienestar. Nadie se salva solo.
Por eso ejercer la democracia implica pensar también en los nadie, en los marginados, en los discriminados, a los que les falta el privilegio que yo sí tengo. “Privilegio”: que Colombia no sea un país de privilegios, sino de derechos. Democracia es pensar en un bien común antes que en uno mismo, a veces, simplemente está bien que alguien más resulte beneficiado, alguien por debajo de mi clase social, que se aprendió a conformar con lo mínimo.
De ahí, que yo esté de acuerdo en que a mí la izquierda no me haya beneficiado en casi nada, pero me permitió ver una Colombia con las murallas sociales cada vez más rotas: trabajadores que laboran para vivir, no que viven para laborar; soldados remunerados y reconocidos; familias con menos hambre, y con la nevera más llena; campesinos con tierra propia; estudiantes con universidad gratuita, una sociedad que despertó y que tiene el derecho libre a la protesta. Y eso lo ha conseguido el espectro de una izquierda sectaria, con raíces en la guerrillas, en el comunismo, que ha cometido el error muchas veces, sí, y que lo seguirá cometiendo; pero decir que la izquierda es guerrillera es tan vago como decir que la derecha es paramilitar.
Ni lo uno ni lo otro, los dos hacen parte viva del conflicto armado en Colombia. Así, los colombianos nos encontramos ante un candidato de derecha fundado en el corazón mismo del proyecto paramilitar y un izquierdista que lo dan por comunista y guerrillero, sin haber tocado nunca un arma y haber abogado por el diálogo a lo largo de una trayectoria política marcada por la violencia.
¿Quién es más violento? El que aboga un diálogo o el que vota por la guerra.
Así que no, la izquierda socialdemócrata no va atentar contra la democracia, porque si la democracia es escuchar a las minorías ante el bullicio de la mayoría, la izquierda lo lleva haciendo todos estos años. No bote el voto, no cierre la mente, piense en el otro como en usted mismo, y déjese llevar por los argumentos racionales, no emocionales, de un país que tiene miedo a perder su democracia, no por los candidatos que tiene sino por un individualismo tóxico que le impide llegar a algo sin que se desmorone a último minuto.Gane quien gane, el resultado solo será una radiografía del individualismo o lo comunitario; del diálogo o de la guerra; del derecho o del privilegio; de los de siempre o los de ahora; de una izquierda oficialista o de una derecha radical; de una izquierda que se le cree comunista o la de un “patriota” fascista.Jhon Alexander Grajales VargasEnvíe sus cartas a lector@elespectador.com
Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
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