Conectados por una serpenteante carretera en lo más alto de la Galilea, los habitantes musulmanes de la aldea Arab al Aramshe y los judíos del Kibutz Hanita conviven en tiempos de paz, guerra y, como ahora, de frágil alto el fuego. El silencio del actual intervalo de tensa calma con el grupo armado libanés Hizbulá y el ruido de los goles del Mundial contribuyen a la incierta vuelta a la rutina que puede ser interrumpida en cualquier momento.