La enfermedad de Legg-Calvé-Perthes, la dolorosa lesión de cadera que afecta a perros pequeños

Los problemas ortopédicos no son exclusivos de perros de tamaño grande con crecimiento acelerado ni de animales ancianos castigados por la artrosis. Algunas enfermedades especialmente dolorosas aparecen precisamente en cachorros de razas pequeñas, cuando todavía deberían estar dedicando toda su energía a correr, jugar y descubrir el mundo.
Una de las más características, y también de las más desconocidas fuera del ámbito veterinario, es la enfermedad de Legg-Calvé-Perthes, una patología degenerativa de la cadera que puede provocar cojera severa, dolor intenso y pérdida progresiva de movilidad.Aunque su nombre suene lejano, se trata de un problema relativamente conocido entre los veterinarios traumatólogos y los criadores de razas miniatura. La enfermedad afecta sobre todo a perros jóvenes de pequeño tamaño, normalmente entre los cinco y los ocho meses de edad, y aparece cuando la cabeza del fémur deja de recibir correctamente el aporte sanguíneo necesario para mantenerse sana., lo que provoca que el hueso comienza literalmente a morir y deformarse.El resultado son microfracturas, colapso óseo, inflamación, osteoartritis secundaria y un dolor que puede llegar a impedir que el perro apoye la extremidad afectada.
La buena noticia es que, detectada a tiempo y tratada adecuadamente, el pronóstico suele ser favorable y muchos perros recuperan una calidad de vida prácticamente normal.Qué ocurre exactamente en la caderaLa enfermedad de Legg-Calvé-Perthes, también llamada necrosis avascular de la cabeza femoral o necrosis aséptica de la cabeza del fémur, afecta a la articulación de la cadera. En condiciones normales, la cabeza del fémur (la parte redondeada que encaja en la pelvis) recibe un aporte constante de sangre que mantiene vivo y funcional el tejido óseo.En los perros afectados, ese suministro sanguíneo se interrumpe o disminuye de forma drástica.
Los especialistas todavía no conocen con exactitud la causa primaria, pero sí saben cuál es la consecuencia, y es que el hueso empieza a necrosarse. Al soportar el peso corporal durante los movimientos cotidianos, las pequeñas estructuras internas del hueso se fracturan y terminan colapsando.Conforme la enfermedad avanza, la cabeza femoral pierde su forma redondeada y aparece deformación articular.
El cartílago también se deteriora, la articulación deja de encajar correctamente y comienza una degeneración progresiva que desemboca en artrosis secundaria.La enfermedad puede afectar a una sola cadera o a ambas. Los estudios sitúan los casos bilaterales entre el 12% y el 16,5% de los perros afectados.Los primeros síntomasUno de los problemas de esta enfermedad es que sus primeras señales pueden parecer poco alarmantes.
Muchos titulares y convivientes interpretan inicialmente que el cachorro “se ha hecho daño jugando” o que simplemente está atravesando una etapa torpe del crecimiento. Los síntomas suelen comenzar de forma gradual.
El perro puede mostrarse más irritable, evitar saltar al sofá, negarse a subir escaleras o caminar con cierta rigidez después del descanso. Con el tiempo aparece cojera evidente en una de las patas traseras.En los casos más avanzados, el animal deja prácticamente de apoyar la extremidad.
También es frecuente que aparezca atrofia muscular en el muslo afectado apenas dos semanas después del inicio del dolor. El veterinario suele detectar molestias claras durante la manipulación de la cadera, especialmente al extenderla o separarla lateralmente.
A partir de ahí, las radiografías permiten confirmar el diagnóstico y valorar el grado de deterioro.Por qué los perros pequeños tienen más riesgoLa enfermedad de Legg-Calvé-Perthes es una enfermedad claramente asociada a razas toy o miniatura. Aunque puede aparecer en otros perros, la inmensa mayoría de los casos se concentran en perros de pequeño tamaño.
Entre las razas con mayor predisposición en la literatura veterinaria, aparecen:Yorkshire terrierWest highland white terrierCairn terrierManchester terrierCaniche toyChihuahueñoTéckelLhasa apsoCarlinoPinscher miniaturaLos investigadores sospechan desde hace décadas que existe una importante base genética. Algunos estudios sobre pedigrís y programas de cría apuntan a un patrón hereditario compatible con genes autosómicos recesivos, aunque probablemente la transmisión sea más compleja de lo que inicialmente se cree.
Precisamente por esa sospecha genética, los especialistas recomiendan no utilizar para reproducción a perros afectados por la enfermedad.Qué se debería exigir a un criador responsableLa Legg-Calvé-Perthes es otro ejemplo de por qué resulta tan importante acudir únicamente a criadores responsables, legales y transparentes, especialmente en razas pequeñas con predisposición ortopédica. Un buen criador debe conocer las enfermedades hereditarias frecuentes en su línea genética y poder explicar qué controles realiza para reducir riesgos.
Aunque en la actualidad no exista una prueba genética definitiva universal para detectar la enfermedad, sí se puede trabajar mediante selección cuidadosa de ejemplares y retirando de la cría a los animales afectados o portadores con antecedentes problemáticos.También es importante desconfiar de criadores que venden cachorros extremadamente jóvenes, sin revisiones veterinarias o sin información sanitaria clara de los progenitores. La popularidad de algunas razas de compañía tamaño miniatura ha disparado la cría irresponsable y la reproducción indiscriminada, multiplicando la aparición de los problemas ortopédicos, respiratorios y neurológicos que después pagan los animales durante toda su vida.El tratamiento suele ser quirúrgicoEn la mayoría de los casos, cuando el diagnóstico llega, la articulación ya presenta deformaciones irreversibles, por lo que el tratamiento más habitual es quirúrgico.
La cirugía más frecuente consiste en la osteotomía de cabeza y cuello femoral, un procedimiento en el que se elimina la parte dañada del fémur para evitar el contacto doloroso entre los huesos. Después, el organismo forma una especie de ‘pseudoarticulación’ funcional rodeada de musculatura y tejido fibroso.Aunque pueda sonar drástico, muchos perros pequeños logran una recuperación muy buena luego de esta operación.La rehabilitación cambia completamente el pronósticoSi hay algo en lo que los traumatólogos veterinarios insisten especialmente es en que la cirugía no termina en quirófano.
La recuperación posterior resulta decisiva. El control del dolor comienza incluso antes de la intervención mediante antiinflamatorios, opioides y otros analgésicos adaptados a cada paciente canino.
Después llegan semanas de fisioterapia y rehabilitación.Ejercicios de movilidad, los paseos controlados, la hidroterapia, las cintas subacuáticas y los ejercicios de equilibrio ayudan a que el perro vuelva a utilizar correctamente la extremidad y recupere masa muscular. Muchos animales empiezan a apoyar parcialmente la pata entre los tres y cinco días posteriores a la cirugía, aunque la recuperación completa requiere más tiempo y constancia.La rehabilitación también evita uno de los mayores problemas luego de estas operaciones, que el perro tome el hábito de no utilizar la extremidad aunque el dolor ya haya disminuido.¿Se puede prevenir?No existe una prevención absoluta, especialmente cuando hay predisposición genética.
No obstante, sí pueden reducirse riesgos mediante cría responsable y evitando reproducir animales afectados.También resulta importante acudir al veterinario ante cualquier cojera persistente en cachorros, incluso aunque parezca leve. Cuanto antes se diagnostique la enfermedad, mayores posibilidades existen de limitar los daños secundarios.
La obesidad, asimismo, empeora cualquier problema articular, por lo que mantener un peso adecuado durante el crecimiento es fundamental.Pronóstico y calidad de vidaAfortunadamente, el pronóstico general suele ser bueno. La mayoría de perros pequeños intervenidos quirúrgicamente y sometidos a una rehabilitación adecuada recuperan una vida plenamente funcional.Algunos pueden conservar una cojera leve o intermitente, especialmente luego de ejercicio intenso, pero muchos vuelven a correr, jugar y realizar una vida completamente normal.
Lo importante es en no ignorar las primeras señales y entender que una cojera en un cachorro nunca debería considerarse algo normal durante el crecimiento.Como ocurre con tantas enfermedades hereditarias, la información y la cría ética siguen siendo las mejores herramientas para reducir el sufrimiento de generaciones futuras de perros miniatura.
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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