El miércoles 29 de diciembre de 2004, la joven Camila Fabbri fue al local República Cromañón, en Buenos Aires, para ir a la tocata de la banda de rock Callejeros. Al día siguiente, el jueves 30, mientras se realizaba una segunda fecha un objeto de pirotecnia en el techo de lugar ocasionó un incendio y una tragedia que dejó 194 muertos y 1432 heridos.

Tiempo después, en 2019, Fabbri escribió una novela de no ficción, El día que apagaron la luz en el que en base a testimonios e información de la época reconstruyó la tragedia. Su aproximación fue más bien desde la memoria y la experiencia emocional, con los crudos relatos de aquellos que sobrevivieron.Hoy, El día que apagaron la luz acaba de ser reeditado, esta vez bajo la etiqueta Anagrama, casa que publica a Fabbri desde que fue finalista en 2023 del célebre Premio Herralde de Novela.

Con Culto, echa la cinta atrás y rememora los días, o en rigor, el momento en que sus manos le indicaron que estaban listas para tipear sobre lo ocurrido en República Cromañón.“En mi caso no hubo tanta claridad al respecto de cuándo. Empecé a bajar algunas ideas al Word, sin saber si serían para teatro, narrativa, o algo entre esas dos disciplinas.

Y al bajar esa primera persona me di cuenta de que necesitaba las voces de otros. Ese proceso empezó más o menos en el año 2017 y el libro se publicó hacia finales del 2019 en su primera edición, por editorial Planeta.

Yo creo que esos procesos son desordenados, imprecisos, y que está bien que así sean”.Has dicho que el libro no busca reconstruir periodísticamente los hechos, sino trabajar desde la memoria y la experiencia emocional. ¿Por qué elegiste esa forma híbrida entre crónica, testimonio y literatura?Fue la forma con la que me sentí más cómoda.

No me asenté en ninguna, fui cambiando. No me considero periodista ni investigadora, y mis posibilidades estaban más cerca de la búsqueda performática, escénica, dialogada, por eso encontré este formato hibrido para hablar de Cromañón y de la adolescencia de una generación.

Esa sensación de extremo respeto hacia los hechos me imposibilitó varias cosas pero también me ayudó a estructurar otras. A veces esa auto-censura también ayuda a encontrar el libro que querés escribir.El libro se presenta como un “homenaje emotivo y agridulce a la amistad, la música y las primeras aventuras de la adolescencia”.

¿Cómo equilibraste el dolor con esa celebración de la juventud?Yo creo que son cosas que van de la mano. Más allá de este libro, que cuenta una tragedia.

La celebración de la juventud es una mirada episódica hacia el pasado, y mirar hacia atrás no deja de tener un tono melancólico, triste. Ya de por sí parte de una experiencia dolorosa, ni hablar después, cuando se le suman los hechos concretos que ocurrieron en Cromañón.

Creo que el libro encontró solo los colores que trae. Era imposible quitarlo de ahí.Tú fuiste al recital de Callejeros la noche anterior al incendio.

¿Cómo conviviste durante años con esa sensación de cercanía con la tragedia?Se convive con la cercanía de la tragedia habiendo estado la noche de los hechos, habiendo estado la noche anterior, habiendo no estado, habiendo simplemente conocido a alguien que estuvo. Es imposible de medir el dolor que hay alrededor, cuanto menos o más cerca.

En mi caso fue muy duro rememorar y revolver, una y otra vez, los días siguientes, los años siguientes, pero creo que fue lo que nos tocó. Contamos Cromañón como podemos, con lo que tenemos a mano.

Y a veces no lo contamos, lo silenciamos, y eso también es contarlo.¿Qué fue lo más difícil: volver a esos recuerdos o encontrar una forma literaria para narrarlos?Creo que las dos cosas trajeron su complejidad. Rememorar o pedir la memoria de los otros, porque la mía andaba débil, también fue difícil.

Sobre todo porque no siempre es claro qué puede el otro, hasta dónde puede colaborar con un libro que no es propio. Creo que en ese sentido todos los entrevistados y entrevistadas fueron muy amables.

Y estoy muy agradecida por esas conversaciones que mantuvimos. Encontrar una forma de narrarlos a todos y también a mí, hoy mirándolo con distancia, creo que no fue difícil en absoluto.

Se trató de bajar la información y de agruparla, de montarla como una película, para que todo se entendiera de forma más o menos lineal.¿Qué relación tienes hoy con la música de Callejeros?Hoy casi no tengo relación con la música de Callejeros ni con la música que hacen los músicos que formaron parte de Callejeros. Sospecho que más que nada por afinidad musical, porque ya no me conmuevo con ciertos ritmos.

Imagino que a otras personas que estuvieron en Cromañón y vivieron experiencias más extremas, les debe pasar otra cosa con esa música. Algo que no puedo ni quiero imaginar.

A veces los sonidos (como las fragancias) son más certeras que cualquier relato. Defines el libro como una novela de no ficción, un collage o híbrido entre crónica, relato personal y voces corales.

¿Por qué elegiste esta estructura en lugar de una crónica periodística tradicional o una autobiografía pura?Creo que El día que apagaron la luz se definió así porque no encontró precisión en la nominación de crónica periodística ni en relato autobiográfico. Es un libro que tiene algunas zonas de ficción pura, donde yo vaticino los futuros de los entrevistados, y eso no es más que un invento.

No entran los inventos en lo autobiográfico, y tampoco es un libro que habla solamente de mí. Intenta perfilar y narrar a otros.

Entonces me parecía que lo más justo era sacar a la luz un libro que no es ni una cosa ni la otra. Algo difícil de encasillar, o de cerrar en un solo sentido.

Pero sospecho que sabrán mejor que yo los libreros que tienen que acomodar el libro en los estantes de las librerías. ¿Dónde lo pondrán?Incorporaste testimonios de amigos, familiares y sobrevivientes, mensajes de audio de WhatsApp y reconstrucciones.

¿Cómo fue el proceso de recolección de voces? ¿Qué desafíos éticos o emocionales enfrentaste al editar o fusionar esas historias con tu propia voz?Creo que los desafíos tienen que ver con lo que comentaba antes.

Con proteger y respetar la sensibilidad del entrevistado, con encontrar el tono más preciso para mostrar lo que quería mostrar y lo que no. Que quizás incluso ni ellos lo sabían a la perfección, el cómo y el qué.

Fui yo intentando encontrar un tono acorde a los hechos. Creo que esa fue la parte más difícil.

No quise ser demasiado explícita, y a la vez, no quería dejar de hablar de Cromañón. Creo que esa bajada obsesiva que me autoimpuse me ayudó a cuidar y sacralizar lo que este libro traía dentro.

Después de escribir sus relatos les pasé los capítulos terminados para que me dieran sus pareceres. Todos los personajes tienen los nombres cambiados para preservar sus identidades.

No iba a publicar nada que no hubiera sido previamente autorizado. Y así fue.

El libro habla del fin de la inocencia de una generación. ¿Qué cambió para esa “tribu urbana” del rock under después de Cromañón?

¿Cómo se vive hoy esa herencia (miedo, culpa, resiliencia)?Creo que intento narrarlo justamente en el libro. Me parece que el efecto que deja es lo que no podría poner en palabras en una sola oración o en dos.

Lo que es muy curioso es que El día que apagaron la luz es un libro que se lee muchísimo en escuelas secundarias. Me invitaron a varias a conversar con alumnos y alumnas.

Ellos se ven muy reflejados ahí, y yo no preví que pudiera ser una lectura para ese momento de sus vidas - o al menos, no que se leyera en instituciones-. Creo que eso también simboliza mucho la magnitud de los hechos que ocurrieron en Cromañón.Para los jóvenes de hoy que no vivieron Cromañón: ¿cómo explicarías la magnitud de lo que pasó y por qué sigue siendo relevante?Cambiaron muchas cosas.

Infinitas, creo yo. Sobre todo para la noche porteña, para la vinculación del público con las bandas, con los shows en vivo, con los artistas.

Las costumbres de varias generaciones se erradicaron de ahí en más para traer otras. No tengo muy en claro cómo se vive hoy esa herencia.

Ya no voy a recitales en vivo ni tengo tanto esa cultura en mis costumbres, pero creo que la experiencia adolescente de hoy es totalmente distinta. En otro plano, ¿cómo ves a la actual generación de escritores argentinos?No sé bien qué decir al respecto de cómo veo a la generación que escribe en Argentina.

Leo a distintas generaciones de escritores y escritoras argentinas y me parece que siempre estamos en permanente movimiento. No sé si este es un momento diferencial.

Sí creo que somos una población inquieta, que está en permanente estado de supervivencia, y eso se puede reflejar mucho en lo que escribimos, en lo que leemos, en una naturaleza casi intrínseca de ficcionalizar lo que nos pasa.