Son poco más de 96 horas las que han transcurrido desde que cinco violentos imputados materializaron la encerrona que terminó con el homicidio de Alejandro Águila, un niño de 12 años fanático de Colo Colo que no alcanzó a liberarse del cinturón de seguridad y fue arrastrado en el vehículo que les fue arrebatado por los delincuentes a su tía y a su padre. A eso de la 1.14 horas del martes 23 de junio, luego de percatarse de que no habían tomado la salida que correspondía para llegar a Puente Alto por Américo Vespucio, la tía del niño decidió optar por un retorno.

Estaba cansada, no conocía bien la ruta que tenía que seguir y decidieron que su cuñado, el papá de Alejandro, tomaría el volante de su auto Peugeot rojo. La mujer frenó antes del semáforo de la intersección de Av.

Presidente Jorge Alessandri con Av. El Barrancón, puso los intermitentes e intentaron hacer el cambio.

Todo se detuvo cuando frente a ellos se interpuso un vehículo Mitsubishi color blanco, desde donde descendieron cuatro sujetos con cuchillos y lanzando amenazas. De acuerdo con las pesquisas, eran Luis Núñez (18), Jorge López (18) y los adolescentes de 17 años de iniciales A.C. y J.P.V.

En la camioneta se mantuvo Franco Espinoza (23), quien los aguardaba atento para darse a la fuga. De acuerdo con los antecedentes que relató el fiscal Leonardo Tapia en las audiencias desarrolladas ante el Juzgado de Garantía de San Bernardo, fueron esos cinco jóvenes los que desoyeron los gritos que lanzaba el hombre adulto para alertar que su hijo seguía amarrado al vehículo.

Según declararon dos de los jóvenes que confesaron lo ocurrido, cuando huían vieron que el menor de edad era arrastrado. “Parece que está arrastrando algo”. “No. No es algo, es alguien”.

Fueron dos de los comentarios que se esbozaron al interior del auto blanco, que seguía de cerca el recorrido del vehículo rojo, donde estaba el niño, y que en ese momento era conducido por J.P.V.Tanto la fiscal regional (S) Paulina Díaz como el fiscal Tapia recalcaron durante la formalización la crudeza de lo ocurrido: “Pese a advertir que el menor se encontraba colgando del vehículo y expuesto a un riesgo cierto para su vida e integridad física, los imputados continuaron coordinadamente la ejecución del plan delictual, manteniendo la marcha de ambos vehículos con el objeto de asegurar la consumación del robo y la impunidad de sus autores, sin desplegar acción alguna destinada a detener la marcha, auxiliar a la víctima o evitar el resultado lesivo”. La orgánicaLos imputados sabían el rol que tenía cada uno de ellos, ya que no era la primera vez que actuaban juntos en hechos de este tipo, aunque no mantienen una estructura jerarquizada.

De hecho, justo después de cometer el primer ilícito de esa noche, cuando le arrebataron la camioneta Mitsubishi a un cliente que cargaba combustible en la Shell de calle Eyzaguirre N° 1278, discutieron sobre quién de ellos la conduciría.Se impuso Franco Espinoza, el mayor, aunque para los investigadores este imputado no se posiciona como líder. A juicio de la Fiscalía, este grupo tiene una estructura más bien horizontal y local.

Son amigos desde hace años y se conocen porque todos viven en el mismo barrio, en la población 5 Pinos, en la zona oriente de San Bernardo, a menos de tres kilómetros del servicentro Shell en que solían comenzar sus noches de tours delictuales. Hasta ahí siempre llegaban a pie, robaban autos y sustraían otras especies.

Los vehículos de sus víctimas los vendían por montos que van entre los $ 300 mil y $ 800 mil, por lo que al dividir el botín, lo que obtiene cada uno no es una cifra demasiado abultada. Según fuentes del caso, esa plata la usaban para comprar sustancias ilícitas y pequeños lujos, como zapatillas y aparatos tecnológicos, no mucho más que eso.

Como otras bandas de estas características, los sujetos agotaban el dinero en alrededor de tres días y ahí repetían las gestiones ilícitas. Si bien los celulares de los imputados aún no han sido periciados por completo y los equipos especializados de Carabineros trabajan en la extracción de la información, fuentes de la indagatoria han recabado antecedentes referentes a que los imputados mantenían coordinaciones sobre sus planes ilícitos por WhatsApp.

Dado que vivían cerca, solían reunirse por el sector. Salían a conversar y ahí era cuando ahondaban en sus pretensiones.

Cuatro de ellos tenían antecedentes vinculados a robos con intimidación, algunos de ellos ligados a vehículos. A.C. y J.P.V. habían sido derivados a un programa de monitoreo de la Municipalidad de San Bernardo.La noche del lunes 22 de junio, antes del robo con homicidio en que murió Alejandro, se habían juntado en la casa de uno de ellos.

Consumieron unas pastillas y pasaron a una botillería. A esa hora, eso sí, el grupo también estaba integrado por Damián López (21), quien luego de el robo de la camioneta blanca se fue a su casa, porque al día siguiente debía ir a estudiar temprano.

Y aún no se les unía J.P.V., a quien el resto de los imputados recogieron luego de ir a dejar a López. La principal premisa que seguían era la de “salir a pitiarse unos autos”, aunque cuando personal de Carabineros allanó sus domicilios también se encontraron varias máquinas de cobro de tarjetas y tarjetas de crédito de terceros, por lo que también se abrió una hebra investigativa en esa línea.

Asimismo, se busca despejar el número total de encerronas o abordazos en que participaron, pues no siempre actuaron como un solo bloque, también tienen otros compañeros de delitos e integraban otros grupos que están bajo la lupa del Ministerio Público y la policía uniformada.