En su reciente cuenta pública, el Presidente José Antonio Kast anunció una reforma al Sistema de Admisión Escolar (SAE), mencionando que uno de los aspectos que se modificará será lo que denominó como la “tómbola”. Ello se ha concretado por estos días, con la presentación de un proyecto que justamente busca introducir importantes cambios en el sistema, donde uno de sus ejes será la restitución del mérito.

Así, de acuerdo con lo explicado por el Ministerio de Educación, se proponen dos mecanismos complementarios: la Elección Mutua, de carácter voluntario para establecimientos con sobredemanda, que permitirá utilizar criterios objetivos y transparentes como adhesión al proyecto educativo, asistencia previa, rendimiento académico desde séptimo básico, entre otros, asimismo de considerar cupos para estudiantes prioritarios o con discapacidades. En tanto, estará la Asignación Aleatoria, en que se mantiene el actual mecanismo de asignación centralizada.

La ministra de Educación ha señalado que la reforma no busca reemplazar al SAE, sino mejorarlo, haciendo ver que hay dos grandes razones que motivan estos cambios: que la admisión escolar dependa menos del azar, y que aquella descanse en variables que le hagan más sentido a los colegios y las familias. En su diagnóstico, el SAE no ha logrado los objetivos para los cuales fue creado, esto es, disminuir la segregación escolar y mejorar las oportunidades educativas mediante un sistema centralizado de asignación de vacantes.Desde que la Ley de Inclusión (2015) buscó terminar con la selección -asimismo del lucro y el copago-, el sistema de selección implementado, si bien ha sido apoyado por un sector, esgrimiendo que con ello se han terminado prácticas discriminatorias y ahora son las familias las que eligen su colegio -resaltando asimismo que más del 50% de los alumnos queda en su primera preferencia-, otras voces han sido críticas, donde uno de los principales cuestionamientos se refiere a que dentro de los criterios de priorización no se considera el mérito.

Una mesa técnica creada en 2025 para evaluar una serie de cambios en dicho sistema acordó, entre otros aspectos, reponer la selección en hasta 80% de la matrícula para liceos de alta exigencia, pero todo dentro del SAE.La propuesta que ha dado a conocer el Ministerio supone ciertamente un cambio estructural, y más allá de que el debate sobre cómo reintroducir el mérito resulta interesante, lo cierto es que ya se adelanta que la discusión en el Congreso no será sencilla. Por de pronto, varios de los integrantes de la mesa técnica han manifestado su desacuerdo con la dirección de los cambios propuestos, y es también un hecho que en sectores de oposición habrá fuerte resistencia a modificar un sistema que no solo es considerado como uno de los ejes de la reforma educacional aprobada bajo el gobierno de la Presidenta Bachelet, sino también porque verán allí un intento de volver a la lógica donde son los colegios los que eligen a las familias.Es inevitable preguntarse por lo tanto si como puntapié para iniciar un debate a fondo sobre la educación chilena en el actual gobierno era necesario partir por reformular drásticamente el SAE -mucho más allá de las recomendaciones que habían propuesto los expertos-, o si en cambio no era preferible centrarse en los problemas de fondo que tiene la educación chilena, donde resulta evidente que la desigual calidad que se observa a nivel de establecimientos educacionales es uno de los nudos más críticos, porque justamente ello es lo que en buena medida explica por qué hay un puñado de colegios con sobredemanda -que hacen necesario contar con sistemas que asignen de la forma más objetiva posible- y muchos con bajos niveles de preferencia por parte de las familias.

En la medida que en todas las regiones aumente la oferta de buenos establecimientos no solo la ansiedad por acceder a cupos disminuirá -lo que restaría presión al debate sobre el SAE-, sino que ello tendrá un impacto favorable sobre todo el sistema educacional. Cabe no perder de vista que de acuerdo con mediciones de Ipsos solo un 15% de los chilenos considera que la calidad de la educación es buena, en tanto que un 49% la percibe como “mala”, reforzando la noción de que mejorar la calidad de nuestra educación debe ser el centro de las preocupaciones.Los resultados que arroja el propio SAE confirman que las mayores preferencias siguen concentrándose en colegios particulares subvencionados, en desmedro de los colegios del Estado.

Un estudio de Acción Educar respecto del proceso de admisión 2026, revela que casi la mitad de los cupos disponibles (45,3%) no recibió ninguna postulación en la etapa regular. De estas vacantes no demandadas, dos tercios se concentran en establecimientos de dependencia fiscal.

En otro orden, las preferencias de las familias se mantienen estables y consistentes: 7 de cada 10 primeras preferencias se dirigen a establecimientos particulares subvencionados, y un 38,6% de los postulantes opta exclusivamente por este tipo de dependencia, frente a un 12,4% que postula solo a establecimientos fiscales. En otro orden, el 32,6% de los establecimientos a nivel nacional se encuentran sobredemandados, y al desagregar por dependencia se tiene que el 53,7% de los establecimientos particulares subvencionados presentan sobredemanda, contra 17,7% de los municipales.

En el caso de regiones, la mayoría de las vacantes no demandadas corresponde a establecimientos de dependencia fiscal, cifras que permiten ilustrar la heterogeneidad que existe en el sistema educacional.Contar con una oferta educacional que satisfaga las preferencias de las familias es clave, donde es evidente que mejorar la calidad de la educación pública resulta un paso indispensable, de modo que la calidad de sus programas y resultados académicos se acerque a los atributos que la ciudadanía percibe en los particulares subvencionados. Contar con más colegios que satisfagan las preferencias de las familias también es un desafío importante, y de allí que acertadamente el Ministerio de Educación impulsa un proyecto para reducir las barreras de entrada para que más personas puedan crear y administrar colegios, buscando flexibilizar una serie de requisitos.

Introducir mayores niveles de seguridad y combatir el vandalismo al interior de los colegios públicos es otro paso fundamental, porque sin ello difícilmente será posible recuperar los liceos emblemáticos y mejorar la percepción de la educación pública. Revisar también cómo ha avanzado la implementación de los SLEP y eventualmente hacer pausas para reestructurar el sistema contribuyen al objetivo de mejorar los estándares educacionales.

Pero al centrar tanto la discusión en el SAE se corre el riesgo de que el debate de cómo mejorar los estándares en las salas de clase termine finalmente desplazado.