Hubo un tiempo en que China y Panamá se miraban con entusiasmo. Era noviembre de 2017 y el presidente de la época, Juan Carlos Varela, presenciaba en Pekín la firma del acuerdo de la Ruta de la Seda.

Panamá se convertía en el primer país latinoamericano en sumarse a la iniciativa emblema de Xi Jinping. Todavía faltaban años para que aquella escena se transformara en una historia de buques retenidos y recriminaciones diplomáticas.

No obstante, no todos aplaudían la postal que surgió en el país del dragón. Euclides Tapia, profesor titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá, lo advirtió.

Aquello era “el peor error que podía cometer la política exterior panameña”. Pero alguien le contestó que Costa Rica también tenía relaciones con China.

Entonces respondió: “Sí, pero Costa Rica no tiene un canal”. Para Tapia, Panamá no estaba ante cualquier socio comercial, sino frente a “un país con ínfulas imperialistas”.

Argumenta que Pekín tiene un apetito expansionista comparable al de otras grandes potencias como Estados Unidos y Rusia, aunque en una etapa de ascenso. Junio de 2026.

Ocho años después, al menos 461 embarcaciones con bandera panameña en lo que va del año han sido detenidas en puertos chinos. Todo en medio de una coincidencia temporal que el gobierno panameño considera difícil de ignorar.

La Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional el contrato que otorgó a Panama Ports Company (PPC) la operación de los puertos de Balboa y Cristóbal, ubicados a orillas del Canal. PPC es filial de CK Hutchison, empresa con sede en Hong Kong.

De entre 30 y 40 retenciones mensuales se pasó a 140. Más de 200 buques han renunciado a la bandera panameña.

El conflicto que se teje barco por barco en puertos lejanos llegó el martes 23 de junio al salón más visible de la diplomacia hemisférica. Para entender lo que sucedió ese martes en la 56 Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), hay que retroceder 16 meses.

El 1 de febrero de 2025, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, aterrizó en Ciudad de Panamá. Era su primer viaje internacional en el cargo.

Traía un mensaje de la Casa Blanca: no quería rastro de China cerca del Canal y Washington quería “cambios inmediatos”. Al día siguiente, el presidente José Raúl Mulino anunció que Panamá no renovaría el acuerdo de la Ruta de la Seda que se había firmado con Pekín en 2017. “Yo no sé qué animó en su momento a quien firmó eso con China”, expresó Mulino. “¿Eso qué ha traído para Panamá en todos estos años?”, preguntó.

Lea aquí: Panamá se retira de la Ruta de la Seda: un ‘logro’ de Trump, según la Casa Blanca Rubio celebró la decisión desde su cuenta de X como “un gran paso adelante” y la atribuyó al “liderazgo” de Donald Trump. Ese día Mulino también reiteró que examinaban el contrato con PPC.

A finales de enero de este año, la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional la concesión que desde 1997 le permitía a CK Hutchison operar los puertos de Balboa y Cristóbal, en las dos entradas del Canal. La empresa salió de esas terminales en febrero de 2026.

Fue a partir de entonces cuando las retenciones de barcos con bandera panameña comenzaron a multiplicarse. El 55% de los barcos detenidos en puertos chinos en lo que va del año son de bandera panameña.

Panamá tiene una de las marinas mercantes más grandes del mundo: más de 8.000 naves abanderadas y 233 millones de toneladas de registro bruto. Pero ahora este servicio que presta el país está en vilo.

Tapia sostiene que la estrategia responde a un patrón que, a su juicio, China aplica con paciencia: primero abre sus mercados y espera que el socio se vuelva dependiente de ellos; después le impone condiciones. El académico pone el ejemplo de Australia. “Cuando Canberra exigió en 2020 una investigación internacional sobre el origen del Covid-19, Pekín le cerró el mercado de golpe”. “Te doblan el brazo”, resume el analista.

China ha argumentado que las inspecciones responden a razones de seguridad marítima: desde 2026, dice, varios buques de bandera panameña han estado involucrados en colisiones en aguas chinas, con muertos y desaparecidos. Los controles, añade Pekín, “no están dirigidos contra ningún país ni bandera en particular”.

Panamá tiene una respuesta para eso: si las inspecciones son por seguridad, ¿por qué ocurren solo en puertos chinos y no en otros asiáticos? ¿Y por qué el incremento fue tan abrupto y tan coincidente con el fallo sobre CK Hutchison?

Para Tapia, el asunto es evidente: “A partir del fallo de la Corte Suprema de Justicia, ellos empezaron a implementar esas medidas discriminatorias. Antes de eso, en ningún momento sucedió”.

Sin tapujos le llama “represalia”. Entonces, el presidente José Raúl Mulino puso sobre la mesa este tema el lunes 22 de junio, en el discurso que pronunció en la inauguración de la Asamblea General de la OEA en el Centro de Convenciones Atlapa.

Expresó que las retenciones pasaron de entre 30 y 40 a 140 por mes, sin “correlación alguna ni causa justificada”. Al día siguiente, en la sesión de diálogo entre observadores permanentes y jefes de delegación, llegó la respuesta de China.

Xie Feng, representante permanente de China ante la OEA, observador permanente desde 2004, con voz pero sin voto, fue más allá de los buques. Cuestionó el fallo de la Corte.

Expresó que la decisión tuvo “una motivación política”. Preguntó quién iba a confiar en invertir en un país donde “los activos pueden ser tomados y operados en cualquier momento”.

Instó a Panamá a “corregir sus errores y proteger los derechos e intereses legítimos y legales de las empresas chinas”. El canciller Javier Martínez Acha le respondió. “Sus representantes en mi país no entienden el sistema democrático de Panamá”, aseveró. “Me pidieron varias veces que yo interfiriese ante una decisión de un órgano con separación de poderes para revertir un fallo que lo único que puede hacer mi gobierno es obedecerlo”, añadió.

Esa noche, Mulino escribió en X: “La defensa de nuestros intereses es una e indivisible”. El tema no murió allí.

Dos días después, en la noche del jueves 25 de junio, la embajada china en Panamá emitió un comunicado en el que defendió la participación de Xie Feng en la sesión. Explicó que sus declaraciones tenían “como único propósito” responder a las exigencias que Panamá formuló públicamente en la inauguración y reiteró que las inspecciones a buques panameños son legítimas y no discriminatorias.

Luego el comunicado dio un giro hacia el argumento que Pekín ha usado con frecuencia en su pulso con Washington por la influencia en el Canal. “¿Quién cortó una vez las operaciones del Canal socavando su neutralidad e incluso ahora amenaza con ‘recuperarlo’?”, afirma la nota de prensa. Y añade: ¿quién intenta arrastrar a Panamá a una rivalidad geopolítica “que nunca le corresponde”?

La embajada recordó que, a casi tres décadas del retorno del Canal a manos panameñas, la vía ha sido administrada de forma “impecable” y, en clara alusión a Estados Unidos, cuestionó a quienes todavía actúan como si existiera una “Zona del Canal”. Panamá tiene 16 meses caminando sobre terrenos inestables.

Por un lado, Estados Unidos, con Trump habló de “recuperar” el Canal. Por el otro, un incremento en las inspecciones a buques panameños que el gobierno interpreta como una represalia.

El gobierno de Mulino ha repetido en cada foro que Panamá no quiere ser escenario de ninguna rivalidad entre superpotencias. Lo expresó Mulino en la inauguración de la Asamblea General de la OEA.

Lo repitió Martínez Acha ante Xie Feng. Pero hay voces que apuntan a algo más que presión externa.

Un excanciller panameño que pidió el anonimato catalogó las relaciones entre Panamá y China como “muy deterioradas”. A su juicio, Mulino se equivocó al llevar el tema a su discurso ante la OEA.

En este No era el foro para hacerlo, dice, y añade que Panamá viene acumulando errores en el manejo de la relación con Pekín desde hace tiempo. “Se están equivocando desde hace rato. Quieren tapar esto como un problema comercial cuando es político”, sentencia.

El excanciller no está solo en su crítica. Figuras del propio Ejecutivo también recriminan a Mulino haber llevado el tema de los puertos a la asamblea de la OEA, según pudo conocer este medio.

Mientras el gobierno panameño denuncia inspecciones que considera injustificadas, Pekín insiste en que los vínculos económicos siguen siendo sólidos. Durante su despedida como embajadora en Panamá, Xu Xueyuan afirmó que el intercambio comercial entre los dos países pasó de 6.800 millones de dólares al inicio de las relaciones diplomáticas a casi 13.000 millones, y explicó que China mantiene su interés en invertir en el país, aunque reconoció que algunas empresas observan con cautela el panorama actual.

Ocho años después de que Panamá se convirtiera en el primer país latinoamericano en adherirse a la Ruta de la Seda, la relación con Pekín ya no gira únicamente alrededor del comercio y la inversión. También está marcada por la competencia estratégica entre China y Estados Unidos, una disputa instalada en la política exterior panameña que se libra tanto en los puertos como en los foros diplomáticos.