El eternamente menguante fin de semana de la moda masculina de Milán fue, con todo, interesante. Una de las razones es que la mezcla de nombres, en su escasez, es tan diversa que resulta inclasificable: algo positivo en una industria llena de previsibilidad algorítmica.

Abrió el calendario Ralph Lauren, el pasado viernes, con un desfile triunfal que volvió a poner sobre la mesa eso que tantos intentan imitar: la edad de oro del estilo pijo estadounidense. Los esmóquines, el surf, el estilo universitario… pero con una vuelta creativa y colorista a base de flores (reales) y cuadros madras.

El diseñador estadounidense lleva perfeccionando su fórmula desde 1967 y hoy es una autoridad. Uno de los nombres más longevos y exitosos no solo de la industria, sino del estilo masculino, y que atraviesa un momento envidiable porque no solo la moda ha vuelto por los fueros del clasicismo, sino que específicamente ha vuelto a él: la firma facturó el año pasado la cifra récord de 6500 millones de euros, con crecimiento en todos los mercados clave.

Seguir leyendo