Los inmigrantes que inventaron nuestros miedos: Boris Karloff, Bela Lugosi y Peter Lorre
SANTA FE.— "No puedo soportar esos ojos vacíos, mirando fijamente". El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) dedica todo este mes de junio (todavía faltan varias proyecciones) a un ciclo sobre el cual vale la pena reflexionar.
Es que alude a tres figuras sin las cuales no se puede entender el terror moderno. Se trata de Boris Karloff , Peter Lorre y Bela Lugosi .
Todos nacidos muy lejos de Estados Unidos y devenidos en leyendas por su habilidad para reinventar sus identidades. A través de estos actores, el Malba propone revisar una época en la que el cine fantástico (sobre todo su vertiente dedicada al terror) encontró en las sombras, los castillos góticos y las obsesiones humanas una especie de "belleza" .
Bajo el título "Triángulo macabro: Karloff, Lorre, Lugosi" , el ciclo reúne 16 películas y ofrece un viaje por ciertos capítulos de la historia del cine (años 30 y 40) que hoy todavía gravitan con mucha fuerza en la cultura pop. Esto se debe a que en esa época se fijó el ADN del terror moderno.
Las versiones de Drácula, Frankenstein y el Hombre Lobo (los monstruos de la Universal) y las producciones de clase B de Val Lewton (la mejor es "La mujer pantera") crearon arquetipos que nunca se dejaron de reciclar. Tres pilares del horror William Henry Pratt, nacido en Londres en 1887, fue para la posteridad Boris Karloff.
László Löwenstein, oriundo de un lugar del antiguo imperio Austro-Húngaro (que hoy pertenece a Eslovaquia) se autodenominó Peter Lorre . Y, el más célebre de los tres, Béla Ferenc Dezsö Blaskó, nacido en un territorio que en la actualidad forma parte de Rumania , encontró en el apellido Lugosi el pasaje a la inmortalidad (el que no esté de acuerdo, vea la película "Ed Wood" de Tim Burton).
Salvo Karloff, ninguno llegó a Hollywood con el inglés como lengua materna. Esa condición de extranjeros, terminó armando las máscaras con las que el cine los hizo inolvidables.
Los tres desarrollaron estilos distintos. Karloff tenía una dicción precisa que hacía extraña cualquier frase.
Lorre trabajó un murmullo irónico y perverso. Y Lugosi hizo de su acento una marca personal que se impuso tanto que fue parodiada en la película animada "Hotel Transilvania".
Lenguaje para miedosos Cómo adelantamos unos párrafos atrás, el cine de terror de las décadas de 1930 y 1940 fue glorioso. Las sombras del expresionismo alemán, las novelas góticas y la tradición fantástica europea hallaron en Karloff, Lorre y Lugosi intérpretes capaces de dar cuerpo a monólogos imposibles y criaturas pesadillescas.
En esta época aparece una gramática visual que tiene ecos 80 años después. Cabe mencionar la iluminación contrastada, escaleras infinitas, nieblas artificiales y laboratorios delirantes .
La programación del Malba incluye títulos que todo cinéfilo debería ver o revisar. Entre ellos aparecen "M, el vampiro negro" (1931), de Fritz Lang; "La momia" (1932), de Karl Freund; y "White Zombie" (1932), de Victor Halperin, considerada la primera gran película sobre zombis.
También incluye "joyitas" menos difundidas como "El gato negro", de Edgar G. Ulmer; "El profanador de tumbas", de Robert Wise; y “Crimen y castigo”, dirigida por Josef von Sternberg, con Peter Lorre en el papel de Raskolnikov.
La particularidad del ciclo es que permite descubrir a estos actores tanto juntos como por separado, en distintos géneros y registros, desde el policial y el cine negro hasta el horror sobrenatural. Criaturas heridas Antes de los efectos digitales y de los golpes bajos al estilo de "El conjuro", el miedo estaba en las miradas, las voces y los silencios.
El monstruo era, muchas veces, una criatura herida en busca de redención. Detrás de la momia, del vampiro, del zombi, del serial killer o del científico loco están estos hombres nacidos muy lejos de Hollywood, inmigrantes con biografías de desarraigo y sufrimientos atávicos.
Que supieron llevar todo eso a la pantalla.
Información de El Litoral (Santa Fe). Edición y redacción: Noticias Today.
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