En Veracruz, la ciudad que durante décadas se ha asumido como capital cultural del sureste, los artistas independientes denuncian que son tratados como comerciantes sujetos a inspecciones, padrones, cobros y operativos que interrumpen funciones. La imagen de la urbe que presume una rica vida artística contrasta con las autoridades municipales que aplican criterios de recaudación, lo que ha provocado el cierre de foros, la migración de creadores y el vacío de los recintos públicos; asimismo, existe la amenaza de que continuará el cierre de foros independientes.

La creadora escénica Estela Lucio recuerda que, en plena función, recibió una visita de Ingresos, una escena que describe como humillante y violenta. “Yo estaba en escena… y aún así contaron los boletitos”, relata. Su testimonio coincide con el de otros artistas que cuentan que los operativos municipales han llegado a conciertos, presentaciones y foros independientes, aun cuando cuentan con permisos de Comercio y Protección Civil.

La sensación general es que la autoridad los mira como contribuyentes y no como agentes culturales. El ayuntamiento de Xalapa impulsa un padrón de artistas que, según los creadores, no funciona como política cultural, sino como mecanismo de control.

Cuitláhuac Pascual, director artístico, explica que un registro podría ser útil, pero sólo si se define con claridad su propósito. “Si solamente es para tener descuentos en el uso de recintos, no es lo más apropiado”, afirma. Preocupa que el padrón se usa como filtro para convocatorias y como vía para localizar a los artistas con fines recaudatorios.

Pascual insiste en que no se les puede tratar como empresarios. “Nuestros productos no son mercancía, sino cultura y obedece a un derecho cultural”, señala. La clasificación de la actividad artística como comercial tiene un efecto inmediato, porque deja fuera a los creadores del programa Tasa Cero, que debería proteger a quienes producen cultura sin fines de lucro.

En lugar de ello, deben pagar un impuesto del 5.78 por ciento sobre el aforo total, aunque se vendan menos boletos; asimismo de permisos municipales, constancias de residencia, renta de recintos y servicios obligatorios, como ambulancias y sonidistas. Pascual lo resume con crudeza al explicar que lo poco que entra por taquilla se reparte entre impuestos, fletes y gastos operativos, dejando al actor o creador sin remuneración después de meses de trabajo. “Eso no es justo”, dice.

La comunidad artística habla de una migración silenciosa. En reuniones recientes, tres de cinco directores de teatro expresaron su intención de sacar sus funciones de Xalapa para evitar operativos y cobros.

Otros foros ya cerraron o están en pausa indefinida. La creadora Marisol Goxcon explica que “se está generando un cobro que antes no se contemplaba… y ahora a eso se le suma un impuesto por talón de boletos que se tiene que declarar para este municipio”.

Para producciones que convocan entre 30 y 50 personas, cada nuevo cobro se convierte en una merma que vuelve insostenible la programación. La demanda central es eliminar impuestos y cobros a creadores independientes en recintos públicos, garantizar el acceso total a la taquilla y asegurar difusión institucional para actividades culturales en espacios que, recuerdan, son del pueblo.