Un giro hacia Washington, el futuro de la relación con los gobiernos vecinos y el papel del país en la región marcarían los primeros desafíos internacionales de una nueva administración. De la Espriella afirmó que recibió el respaldo de Trump en una llamada telefónica, asimismo de recibir felicitaciones públicas del secretario de Estado, Marco Rubio.Agencia AFPA falta del escrutinio que confirme al ganador, el camino de la política exterior de Colombia partirá de un contexto regional condicionado por un actor que en las últimas semanas ha demostrado tener los ojos puestos sobre el país: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.Durante las últimas tres semanas, el mandatario, en diversos mensajes y a través de sus funcionarios, dejó claro que Abelardo de la Espriella juega un papel en su política exterior.

No solo es que lo apoyara para que ganara; el fin de semana, The New York Times tuvo acceso al memorando firmado por el secretario de Estado, Marco Rubio, en el que consideraba que los “ataques” de Humberto “Beto” Coral, activista progresista arrestado con fines de deportación, contra el candidato de Defensores de la Patria constituían una amenaza contra la política exterior de Estados Unidos. Y es apenas lógico: durante los dos últimos años Trump y el presidente Gustavo Petro mantuvieron una confrontación abierta, con descalificativos y represalias de distinta índole, con las redes sociales como principal protagonista.

Como consecuencia, una de las relaciones más estratégicas a nivel internacional para el país quedó debilitada y las consecuencias se sufrieron desde el recorte significativo de cooperación con el desmantelamiento de USAID (que también afectó a otros países) y sanciones personales, como la inclusión de Petro, su esposa, Verónica Alcocer, y el ministro del Interior, Armando Benedetti, en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), popularmente conocida como la lista Clinton.No solamente fue con Estados Unidos. Durante cuatro años, Petro modificó prioridades, alianzas y el tono diplomático de las relaciones internacionales de Colombia.

No obstante, para Sandra Borda, analista y docente de la Universidad de los Andes, lo de Petro solamente fue continuación: “La política exterior colombiana dejó de ser predecible y de estar enmarcada en este consenso bipartidista con la administración Petro. No creo que eso vaya a cambiar drásticamente ahora, ya cambió.

Lo que sí ha pasado, y no empezó con Petro sino con Iván Duque (2018-2022), es que hemos ido transitando rápidamente hacia una política exterior que se convierte en una prolongación de las plataformas políticas e ideológicas internas. Eso empezaría con Duque, que se acerca mucho al intento de la administración Trump de hacerse reelegir (2021)”.Visto de otra forma, el camino que hoy tiene Colombia en política exterior no nació con esta elección.

Inició a delinearse desde los gobiernos de Iván Duque y Gustavo Petro, cuando la política exterior dejó de responder a un consenso bipartidista y pasó a reflejar con mayor fuerza las diferencias ideológicas de cada administración. No obstante, para Manuel Camilo González, analista y profesor de la Universidad Javeriana, el interés que despierta Colombia en la región no responde únicamente a la afinidad ideológica del próximo gobierno, sino al peso que conserva en asuntos estratégicos. “Colombia tiene recursos y experiencia en dos temas sensibles: la seguridad y la democracia.

Y eso, obviamente, con uno u otro gobierno va a tener un abordaje distinto”, explica.Estados Unidos y el tutelaje republicano rodean a Colombia, con sus dos vecinos de frontera más grandes manteniendo vínculos estrechos con Washington: Ecuador y Venezuela. La paradoja resulta al ver cómo, hasta en estas instancias, a pesar de tener una buena relación con Estados Unidos, termina primando el enfoque ideológico.

Noboa hace parte de la iniciativa de Trump del Escudo de las Américas y, desde que llegó al poder, ha recibido constantemente funcionarios estadounidenses, como la exsecretaria de Seguridad Kristi Noem. Noboa también se involucró en las elecciones colombianas.

Antes de la primera vuelta retiró los aranceles contra Colombia como un guiño a De la Espriella. Pero hay que ser claros: el desmonte de las tasas fue una orden de la Comunidad Andina de Naciones.Con Petro primaron las disputas ideológicas entre que los más de 580 kilómetros de frontera compartida.

Si llega De la Espriella, lo más probable es que desaparezca la disonancia y se fortalezca la cooperación. Con Venezuela el panorama es distinto.

Luego de la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero y la llegada de Delcy Rodríguez al poder, Caracas pasó de ser uno de los principales focos de confrontación de Washington a convertirse en un socio clave en materia de seguridad. Esa cooperación quedó evidenciada la semana pasada, cuando ambos gobiernos confirmaron una operación conjunta en la que murió Héctor “Niño” Guerrero, máximo cabecilla del Tren de Aragua.En ese escenario, la posición de Colombia también ha estado marcada por el pragmatismo.

Aunque Gustavo Petro cuestionó la operación estadounidense que terminó con la captura de Maduro, desde enero mantuvo abiertos los canales con el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez y, en abril, remarcó un encuentro con la mandataria encargada. El contraste deja ver cómo, más allá de las diferencias políticas, la seguridad regional terminó imponiendo una lógica de cooperación: mientras Caracas mantiene interlocución con Washington al mismo tiempo que financia la defensa judicial de Maduro en Nueva York, Bogotá también optó por preservar el diálogo con las nuevas autoridades venezolanas.Más allá de los énfasis que imprima un gobierno de Abelardo De la Espriella, quien ha dejado más que claro que, por encima del multilateralismo, priorizará las alianzas estratégicas, habrá que ver la integración que tenga con la agenda de Estados Unidos para la región.

Una fuente diplomática que prefiere no ser citada con nombre propio advierte, en ese sentido, un riesgo importante: “Los países de pequeño y mediano poder solo son iguales en los organismos multilaterales, es como la ley para los pobres, lo que los protege de los abusos de las potencias. Salirnos es costoso en todo sentido”.Ya ha adelantado que con Venezuela, Cuba y Nicaragua no tendrá relaciones y, muy probablemente, el diálogo sea con Washington directamente, así sea para asuntos de la región.

Por la cooperación en seguridad, la lucha contra el crimen transnacional, la migración o el peso que Washington sigue teniendo sobre la política regional, el margen de maniobra del nuevo gobierno estará condicionado por esa relación y por su capacidad para traducir la cercanía política con Washington en una estrategia de largo plazo para la región.👀🌎📄 ¿Ya se enteró de las últimas noticias en el mundo? Invitamos a verlas en El Espectador.El Espectador, comprometido con ofrecer la mejor experiencia a sus lectores, ha forjado una alianza estratégica con The New York Times con el 30 % de descuento.Este plan ofrece una experiencia informativa completa, combinando el mejor periodismo colombiano con la cobertura internacional de The New York Times.

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