El escenario fiscal sigue siendo uno de los principales retos en materia económica que deberá asumir la nueva administración nacional, al igual que hace cuatro años.Imagen de referencia.El EspectadorHace cuatro años empezábamos estas líneas diciendo que uno de los principales retos para el nuevo Gobierno, que comenzará a constituirse desde este lunes, era arreglar el panorama fiscal del país, entre otros asuntos.Cuatro años después, el reto fiscal no sólo sigue vigente, sino que ha ganado un mayor sentido de urgencia. Si bien el déficit fiscal del país es menor en este momento que en las pasadas elecciones presidenciales, también hay que decir que en la mitad del camino no hubo una pandemia, ni una crisis económica y social de proporciones históricas.Lo que sí hubo fue un manejo de las cuentas nacionales que, en justicia, ya venían bastante deterioradas del cuatrienio anterior.Hablar de problemas fiscales para este punto parecería a noticia vieja: llevamos un par de años viendo deterioros en las cifras de recaudo y cifras de gasto que no terminan de cuadrar.

Hace un buen rato uno más uno dejó de dar dos en este escenario.El problema con el escenario fiscal es que, si no comienza a enderezarse (pronto), tiene el potencial de tragarse los demás retos y abismos de Colombia: la seguridad, claro, importante, pero si no se tiene cómo financiar el gasto militar... La salud, en crisis y con urgencia de soluciones, pero con una necesidad de recursos que hoy no tienen un asiento claro en el Presupuesto General.

Escoja el tema que más le preocupe: sin gasto central, es complicado pensarlo en un terreno positivo.La ecuación fiscal (que este año cerraría con un déficit de 5,3 % del PIB, según el Ministerio de Hacienda) depende de una serie de factores. Pero, con una visión algo simple y reducida, podemos agruparlos en ingresos y gastos.

Y en ambos frentes hay una tela larga por cortar, no sólo desde la Casa de Nariño, sino también desde el Congreso y los intereses de los partidos políticos. En esta suerte de juego de pirinola que es el país, es necesario que todos pongan, si queremos que a todos nos quede algo para seguir jugando.A fondo: ¿Cómo salir del agujero fiscal?: la distancia entre la campaña y la realidad económicaEl reto urgente de los impuestosDe acuerdo con las cuentas del Ministerio de Hacienda, se necesitan unos COP 30 billones para comenzar a estabilizar el escenario fiscal, darle más solidez al Presupuesto y poder financiar las inversiones que el Gobierno quiera perseguir.

La cifra, astronómica de entrada (la pasada reforma tributaria buscaba recursos por alrededor de COP 20 billones), sólo daría caja para 2027. De ahí para adelante, la cosa es a otro costo, literalmente.Las cifras del Ministerio indican que, para volver al camino de la regla fiscal (por allá en 2028), el país necesita incrementar sus ingresos tributarios al ritmo de 1,4 % del PIB cada año (con miras a subir a 1,6 % del PIB).Pero esto no suena del todo realizable, si tenemos en cuenta que entre 2019 y 2025, los ingresos tributarios crecieron apenas 0,4 % del PIB.

Y buena parte de este desempeño asmático, si se quiere, tiene que ver con el alcance de las reformas tributarias que se emprendieron desde la prepandemia hasta hoy. El factor que las atraviesa a todas (aunque un poco menos a la última) es lo inmediatistas que fueron: recursos para sobreaguar la situación más inmediata, pero pocos cambios de fondo, estructurales, que le aporten recursos de forma sostenida al Presupuesto General.Pensar en nuevos ingresos, que sean sostenibles, asimismo, no es una tarea fácil.

Menos aún cuando hay que factorizar la variable política: todo esto debe pasar por un Congreso en el que el nuevo Gobierno no tiene una mayoría. Y puede ser más complejo aún, si se tiene en cuenta que el Congreso negó dos reformas tributarias y un Presupuesto General (esto no había pasado en la historia reciente).

Claro, la composición legislativa cambió con las elecciones de marzo. Pero sirve para ilustrar que en materia de discusión parlamentaria no hay nada realmente escrito.El agujero negro del gasto en ColombiaAhora bien, no es sólo solucionar la esquina de los ingresos (que no es poca cosa).

El gasto del Estado es uno de los temas claves en todo el engranaje fiscal. Y sobre esto tampoco hay caminos claros ni fáciles.Hablar del gasto es más que sólo recortar salarios altos en el sector público o fusionar entidades.

No porque estos puntos no contribuyan a ahorrar. Sino porque el Presupuesto tiene un margen de maniobra muy escaso.

En otras palabras, buena parte de los recursos nacionales ya están comprometidos en asuntos como el pago de pensiones, el sistema de salud o las transferencias a las regiones.En este momento, las proyecciones del Minhacienda no contemplan un recorte del gasto total. De hecho, mirando a 2027 lo que se proyecta es un crecimiento de 0,4 % del PIB.Aquí es importante matizar este asunto diciendo que el gasto público es uno de los motores en la economía que más efectos multiplicadores genera: por cada peso de inversión pública se generan COP 0,8 en la economía, cifra que puede subir a COP 1.No obstante, pensar en que el Estado se reduce de un plumazo suena un poco a magia, justamente porque no es real del todo.

Una porción nada despreciable de estas decisiones está atada a protecciones constitucionales y otra debe pasar, de nuevo, por manos del Congreso.Crecer, crecer, crecerEn la mitad de todo esto se juega el crecimiento de la economía y el bienestar de millones de colombianos.La economía ha retomado una senda positiva, luego del ajuste que tuvo el PIB en 2023, luego de los desmadres de consumo y gasto de la pospandemia. El Gobierno estima que este año el PIB cerrará con una expansión de 2,6 %.

La apuesta del Gobierno ha sido por seguir impulsando sectores como la agricultura y la agroindustria, que a su vez han ganado mayor protagonismo en las exportaciones, en detrimento de las industrias extractivas.Hacia el futuro, no obstante, varios analistas han señalado que, si bien el agro es necesario, puede no representar el salto productivo y en ingresos que la economía colombiana necesita.Al mirar hacia esos horizontes, lo que algunos expertos ven es la necesidad de crecer en sector servicios, especialmente en turismo, y en ir moviendo la aguja del PIB hacia el reino de lo digital: menos manufactura y más economía del conocimiento.Pero estos son movimientos que se ejecutan durante décadas, pues requieren de una serie de factores adyacentes. Por ejemplo, hablar de turismo a escala nacional (por fuera de los centros típicos) requiere contar con vías, sistemas de transporte y, poca cosa, seguridad.La trampa de productividad y crecimiento en la que Colombia rara vez crece por encima de 3 % anual sólo podrá ser vencida en la medida en la que toda la economía se piense alrededor del bienestar: no la rapiña de unos sectores, no el subsidio ilimitado, sino un esfuerzo nacional por tener más ingresos, gastarlos mejor y jugar las fichas que más valgan en un tablero global.💰📈💱 ¿Ya se enteró de las últimas noticias económicas?

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