Camila Chaves, la primera sanjuanina en ser admitida y estudiar en Harvard: "Se lo debía a mi yo de 16 años"

SAN JUAN.— Cuando Camila Chaves abrió su correo electrónico el 22 de abril y leyó las palabras \"Welcome Letter\" supo que algo extraordinario acababa de ocurrir. Después de meses de estudio, trámites, exámenes y una incertidumbre que compartió con muy pocas personas, había sido admitida en la Universidad de Harvard, una de las instituciones académicas más prestigiosas del mundo.
Con trámites a contrarreloj, se encuentra en el tiempo de descuento para cumplir un sueño que había anhelado de adolescente y que casi deja en el baúl de los recuerdos. Detrás de aquella carta de aceptación hay toda una historia vinculada a la perseverancia, a la pasión y al deseo.
Una historia que atraviesa un destino que sin duda deja márgenes para la sorpresa. La relación de Camila con Harvard surge durante su adolescencia.
Entre risas recuerda que sobre los 16 años decidió hacer una lista de deseos. En aquel entonces muchos de esos anhelos parecían lejanos, siendo más una manifestación hacia el universo que la firme convicción de poder lograrlos.
Entre los deseos que conformaban la lista se encontraban costear un viaje para sus amigas, casarse y poder estudiar en Harvard, una universidad que ya la había conquistado durante sus años de secundaria. Recuerda que hace algunos años atrás pudo cumplir uno de los puntos de esa lista, que fue realizar el viaje con sus amigas, y fue entonces cuando inició a analizar la posibilidad de aspirar a una de las universidades más emblemáticas del mundo.
Pero antes de iniciar con el papeleo y el camino hacia la admisión, hubo una importante preparación detrás. Siguiendo los pasos de su padre y siempre tratando de aportar a la sociedad El padre de Camila es programador, por lo que desde los 7 años ella inició a programar en pseudocódigos, como si fuera un juego. “Es algo que está en mi vida desde muy chica y lo tengo bastante naturalizado”, comenta.
A los 16 años tomó su primer curso de programación. Recuerda que por aquel entonces no era tan popular el tema como lo es en la actualidad, siendo no solo la única mujer sino la única adolescente de la sala.
Sobre ese momento de su vida Camila comenta: “Estaba re fuera de lugar, pero me gustaba. Para mí había como una magia en poder crear cosas con la computadora así que cuando terminé el colegio empecé a estudiar Sistemas en San Juan”.
Dos años pasó de cursado cuando decidió darle otro enfoque a su formación profesional. Como su padre, quien había sido su faro durante todo ese tiempo, se había recibido de la Universidad de Mendoza, no dudó en analizar las distintas propuestas académicas, quedándose con Ingeniería Informática, carrera de la cual se recibió luego de un gran esfuerzo.
Como le sucedió a prácticamente toda la humanidad, la pandemia también fue un momento bisagra para Camila. Con un trabajo remoto sentía la necesidad de potenciar su costado más creativo, aquel que buscara facilitarles la vida a las personas.
Primero desarrolló una aplicación que permitía a los comercios contar con los datos de sus clientes sin necesidad de dejar los mismos en una planilla expuestos, y también creó el perfil de Instagram @chica_apps, donde no solo comparte hasta hoy sus desarrollos y trabajos, sino también información importante relacionada a la materia, y ahora, su experiencia en Estados Unidos. A su vez co-fundó el Club de Chicas Programadoras, un espacio donde enseñaban programación gratis a adolescentes que estaban en el secundario.
Solo por mencionar algunas de sus propuestas y creaciones. Si bien seguía creciendo en lo personal y profesional, el deseo de llegar a Harvard seguía presente en estado latente.
Sin saberlo, todas esas experiencias harían la diferencia. El sueño que se detonó con un video, poca información y los esfuerzos que le valieron la carta de aceptación Siempre rondó por su cabeza, pero la decisión final llegó a mediados del 2025, cuando inició a interiorizarse sobre las ofertas académicas de la universidad estadounidense, sobre todo aquellas enfocadas en cursos de posgrado. “Tengo 28 años y pensé que me gustaría intentarlo y ver si podía entrar antes de los 30, como para cerrar ese tramo que parece más representativo en los 20 y la época facultativa”, comenta la joven.
En junio del 2025 se topó con un video de TikTok de una chica que estudiaba una carrera de grado y compartía cómo era su vida en Harvard. “¿Por qué yo no?”, fue entonces la pregunta que inició a hacerle demasiado ruido a Camilia, al punto tal que decidió responderla ella misma, e inició todo el papeleo necesario para aspirar. Como los cursos cuentan con cupos limitados, estuvo atenta a diario a las novedades que figuraban en la página y una vez que pudo enviar el formulario, armó una lista con toda la documentación que debía presentar.
Este momento del camino a Harvard fue fundamental, ya que un papel mal fechado, con algún error o simplemente que falte puede costar la experiencia, y eso la sanjuanina lo sabía. El examen de inglés asegura fue el más complejo de pasar y el que le valió horas de estudio intenso. “Por el que yo opté, y es el que recomendaría a cualquier persona, es el IELTS Academic, que es un examen bastante conocido porque es el que hace la gente que quiere trabajar en Australia, por ejemplo.
Pero hay que rendir el que es específicamente académico”, sugiere. Meses de estudio y ensayo, un viaje a Buenos Aires y cuatro horas de examen pusieron a prueba la templanza y los nervios de Camila.
Afortunadamente el resultado fue más que positivo, dándole continuidad al resto del papeleo que debía presentar para la admisión. Afortunadamente cada duda que surgía en medio del peregrinar entre oficinas era evacuada por el departamento que está creado para para ese fin en la universidad.
Allí Camila se enteró que los cursos de posgrado contaban con un cupo para aspirantes latinoamericanos, lo que de cierta manera le renovó las esperanzas, aunque decidió mantener prácticamente en secreto su camino hacia Harvard, siendo su pareja la única persona enterada de cada detalle y pormenores. Camilia, la única sanjuanina (hasta ahora) que estudiará en Harvard En abril de este año llegó el ansiado mail con la carta de aceptación.
Rodeada de una gran felicidad, Camilia deseaba contactar a otros sanjuaninos que estén en la actualidad estudiando en la universidad o hayan pasado por ahí, con el propósito de lograr una guía, un consejo o al menos una palabra de aliento. Allí llegó la sorpresa.
Conforme le explicaron desde la casa de altos estudios de Nortamérica, durante toda la historia de la universidad no registran la adminsión de ningún sanjuanino. Sí le aseguraron que hubo presencia de profesionales y estudiantes de San Juan que recorrieron la emblemática universidad en el marco de congresos o visitas, pero jamás como estudiantes.
Así, casi sin proponérselo, Camila pasará a la historia como la primera mujer de San Juan en estudiar en una de las universidades más prestigiosas del mundo, un logro que no obtiene cualquiera, pero que no es imposible. El curso de posgrado, que inicia el 13 de julio y tiene una duración de cuatro semanas.
Se llama “User Experiencie Engineering”, que explicado por la propia sanjuanina se trata de ingeniería en experiencias de usuarios, es decir, qué funcionalidades desarrollar para que el uso de ciertas aplicaciones no genere trastornos en los usuarios, por ejemplo. A su vez tendrá posibilidad de tomar contacto con herramientas de inteligencia artificial como también disfrutar de una experiencia enriquecedora, compartiendo con personas de todo el mundo.
Camila aclara que lo complejo es lograr la ansiada admisión, pero los costos están muy por debajo de lo que al menos su imaginario calculaba. Para tener una noción, hay cursos de posgrado (sin hospedaje en el campus) que tienen un costo de 4.500 dólares. “Sentí que cumplí con lo que me propuse.
Terminé el colegio, me recibí, estoy en un trabajo en el que me siento cómoda, y sentía que le debía a esta chica de 16 todos esos sueños random, y son esas cosas que terminan dando ilusión y conectan con esa niña interior. Para mi es una experiencia increíble”, comenta.
Dejando entrever la ansiedad propia de momentos que sin vivirlos se sabe que marcarán un antes y un después en la vida de cada persona, Camila ya se permite preguntar qué vendrá después. Sucede que lograr la admisión y estar a punto de vivir la experiencia dejará la vara alta.
Por el momento lo único que ronda en su cabeza pensando en el post en poder compartir su experiencia, demostrar que no es irrealizable, acompañar y asesorar para ser la punta de lanza, abriendo el camino para que más sanjuaninos vean a Harvard como una posibilidad y no como un sueño imposible.
Información de Diario de Cuyo (San Juan). Edición y redacción: Noticias Today.
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