Noruega esperó 28 años para volver a jugar una Copa del Mundo, con un regreso que tuvo forma de goleada, de desahogo y de récord. En el triunfo por 4-1 ante Irak, por el grupo I del Mundial, el seleccionado de Ståle Solbakken no solo celebró sus primeros tres puntos: también protagonizó una escena inédita en la historia del torneo.

Erling Haaland, Alexander Sørloth y Kristian Thorstvedt coincidieron en la cancha, 32 años después de que sus padres, Alfie Haaland, Goran Sørloth y Erik Thorstvedt, habían integrado juntos el plantel nórdico en Estados Unidos 1994.El dato parece escrito para la ficción, pero pertenece al fútbol. En 1994, Noruega jugó el segundo Mundial de su historia, luego de su primera y lejana participación en Francia 1938, con una generación que estuvo cerca de avanzar a los octavos de final en Estados Unidos.

Tres décadas más tarde, en otro torneo disputado en Norteamérica, los apellidos volvieron a aparecer en la camiseta roja. Esta vez, con los hijos como protagonistas de una selección que desembarcó en la Copa del Mundo, después de una ausencia extensa y con una ambición distinta.El momento que completó la marca llegó en el segundo tiempo del partido ante Irak, a los 73 minutos, cuando Kristian Thorstvedt, mediocampista de 27 años, de Sassuolo, ingresó desde el banco.

Haaland y Sørloth, por su parte, arrancaron como titulares en el ataque. Para el “androide” de Manchester City, fue un debut goleador con un doblete.

Su pareja como delantero no tuvo muchas incidencias y salió reemplazado cuando entró Kristian, que participó del último gol de su país (en contra), luego de un cabezazo del número 9 de Manchester City, que la bajó. En Estados Unidos 1994, Alfie Haaland, Goran Sørloth y Erik Thorstvedt formaron parte de un equipo que compartió el grupo E con México, República de Irlanda e Italia.

Noruega terminó con cuatro puntos, igual que sus tres rivales, pero quedó eliminada en la última posición, por tener menos goles a favor. Las demás avanzaron, en un hecho inédito en las Copas de Mundo.

Aquella selección, dirigida por Egil Olsen, venció a México, perdió con Italia y empató con Irlanda. La campaña dejó una sensación amarga: había competido de igual a igual, pero no le alcanzó.El arquero Erik Thorstvedt, a sus 31 años, fue titular en los tres partidos.

Alf-Inge Haaland, como lateral derecho, con 21 años, jugó los primeros dos, y el tercero se lo perdió por acumulación de tarjetas amarillas. Por último, el delantero Goran Sørloth solo jugó el último como titular, también con 31 años.Sørloth -hijo- ya había hablado de esa herencia antes del Mundial.

En una entrevista con FIFA, recordó el vínculo de su padre con aquella Copa: “Mi padre siempre cuenta que fue una experiencia fabulosa. Lógicamente, a diferencia de Noruega, las temperaturas fueron altas, pero eso no empañó la aventura.

Estaba en el final de su carrera, por lo que disputar el Mundial fue como un regalo para él. Hicieron un buen papel y estuvieron a punto de clasificarse para los cruces.

Fue el broche de oro a su carrera como futbolista internacional”.El delantero del Atlético del Cholo Simeone también le dio a la historia una dimensión íntima. “Es raro y extraordinario. Mi padre está encantado.

Me gusta que sea una cosa de familia. Mi padre es la persona que más ha influido en mi carrera: fue futbolista, conoce este deporte y me enseñó muchas cosas, sobre todo, entre los cinco y los catorce años.

Me enseñó todo lo que sé sobre fútbol. Para mi familia, verme con la camiseta de Noruega es algo muy especial”, remarcó.Haaland, por su parte, llegó al Mundial con una carga distinta.

Su carrera acumula títulos, récords y goles en clubes, y ahora sumó disputar un gran torneo con su país. Antes de viajar, lo explicó con claridad: “Se sintió ausente en 2022 en Qatar y también en la Eurocopa en 2024.

Así que ahora finalmente sucedió, y ya era hora”. También admitió el peso de la espera: “Había mucha presión.

Todavía hay mucha presión ahora, pero sí, podía sentirla desde que empecé con la selección, la presión [de llegar a un Mundial]”.El debut ante Irak le dio una respuesta inmediata. Haaland marcó dos goles en su primer partido mundialista y Noruega abrió el torneo con autoridad.

Después del encuentro, el atacante resumió el valor del regreso: “Estoy increíblemente orgulloso de debutar en un Mundial y de ganar el primer partido de Noruega en una Copa del Mundo en 28 años”.La presencia de su padre en la tribuna añadió otro pliegue a la escena. Alfie Haaland vio ahora a su hijo atravesar el límite que durante años parecía pendiente para esta generación.

La simetría resulta difícil de exagerar: padre e hijo mundialistas con Noruega, ambos en torneos disputados en Estados Unidos, separados por 32 años.Irak vs Noruega - Mundial 2026Sørloth había anticipado esa idea de cierre de ciclo. “No vamos al Mundial de paseo: tenemos un propósito y podemos competir”, aseveró antes del torneo. Y lo demostraron en el debut.

En la misma entrevista, dejó una frase que, después del estreno, tomó otro peso: “Será muy especial cantar el himno nacional ante la afición noruega que nos acompañe en el estadio, sabiendo cuánto tiempo lleva esperando este momento”.Para Noruega, el récord no es solo una curiosidad estadística. También funciona como una síntesis de su regreso.

Los padres representaron a un seleccionado que rozó la clasificación a los cruces hace más de tres décadas; los hijos integran una generación con más recursos ofensivos, con Haaland como figura global, Sørloth como socio de jerarquía, y Thorstvedt como parte de un plantel que busca superar la nostalgia.La última gran referencia noruega en un Mundial había sido Francia 1998, cuando alcanzó los octavos de final. Desde entonces, el país quedó fuera de la máxima cita hasta esta edición.

Por eso, el triunfo ante Irak tuvo un impacto mayor que el resultado. Fue la vuelta a un escenario perdido, pero también la confirmación de que una nueva camada llegó dispuesta a escribir su propio capítulo.

Ellos son el presente de una Noruega que volvió al Mundial con goles, con una marca inédita y con una historia que el fútbol, una vez más, escribió mejor que cualquier guion.