El tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (conocido como T-MEC) y el Mundial de Futbol 2026 no solo comparten a los mismos actores y anfitriones principales, sino que también fueron concebidos y concretados en fechas similares. En un caso, las negociaciones que llevaron a la aprobación del T-MEC comenzaron formalmente a mediados de 2017 y culminaron, en una primera instancia, con la firma de los tres países a finales de 2018 durante la Cumbre del G-20 en Buenos Aires.

En el caso del Mundial, la propuesta conjunta de los tres países de Norteamérica para albergar el torneo se presentó formalmente ante la FIFA en abril de 2017, mientras que el acuerdo que le otorgó la sede del Mundial a los tres países norteamericanos (por encima de la propuesta alternativa de Marruecos) se tomó en el Congreso de la FIFA que tuvo lugar en Moscú a mediados de 2018.Esto no es una casualidad. Noten que, en ambos casos, ya estaba Trump en la presidencia de Estados Unidos y que, a pesar de su retórica agresiva en contra del tratado comercial anterior (el Tratado de Libre Comercio de América del Norte o Nafta, por sus siglas en inglés), Trump no optó por cancelarlo sino por renegociarlo y ajustarlo.

En el caso del Mundial, la propuesta conjunta también fue avalada por Trump, lo que de alguna manera representaba un alineamiento de las tres naciones en otras dimensiones y el reconocimiento de América del Norte como una región que podía trabajar en conjunto en diversos temas.Ahora, nueve años después de que comenzaran ambas iniciativas, tanto el Mundial como las pláticas y negociaciones sobre la continuidad del T-MEC están en curso. En ese sentido, es quizá un buen momento para tratar de vincular ambos temas.

Finalmente, de lo que estamos hablando es de una región que, a pesar de sus múltiples problemas, convive en relativa armonía y cuyas perspectivas económicas futuras están indisolublemente vinculadas a la existencia de una mayor integración económica entre los tres países. Para todos es evidente que no habrá forma de competir con el resto del mundo, especialmente con Asia, si no se fortalecen los vínculos productivos y las cadenas de valor entre los tres países norteamericanos.Es sabido que ninguno de los líderes políticos de la región asistió al partido inaugural de la Copa del Mundo en su respectivo país.

No obstante, también se ha dicho que el Presidente Trump sí asistirá a la final de la Copa del Mundo. Creo que sería una buena idea que a este acto pudieran asistir también la Presidenta de México y el Primer Ministro de Canadá.

Ya estuvieron juntos los tres durante el sorteo oficial de la FIFA en diciembre de 2025. No veo ningún obstáculo para que se pudieran juntar nuevamente y para que entre los tres premien a los ganadores del Mundial.

Creo que sería una imagen y un mensaje poderoso de unidad y de compromiso para seguir trabajando en forma conjunta. Sería, también, una buena señal sobre el futuro del T-MEC, el cual continuará a pesar de todo.

El Mundial puede terminar, pero la integración económica de América del Norte debe continuar y profundizarse.