Creo que fue Jorge Valdano quien lo expresó (y lo creo por simple estadística: cuando algo interesante se dice sobre fútbol en mi lengua, Valdano es muy probablemente el responsable). La reflexión venía a ser más o menos ésta: nunca la Copa del Mundo nos había parecido más venal, más mercantilizada, más elitista, más cuestionable en su voluntad de lavarles la cara a las autocracias; y no obstante comenzará la próxima y los futboleros de todas partes estaremos allí, frente a la pantalla verde, sintiendo las mismas emociones primitivas e irremplazables que hemos sentido desde los tiempos de la inocencia.

Así, desde luego, ha acabado por suceder. Este Mundial de los tres países ha comenzado tan bien, con tanto buen fútbol y tantos goles y tantas satisfacciones grandes o pequeñas, que corremos el riesgo de creer que estamos viendo el mismo fútbol de siempre.

Pero no es así. Seguir leyendo