El reconocido presentador Bismarck Méndez ya contabiliza 22 celebraciones del Día del Padre. Y aunque ha sido una aventura que lo ha llevado a vivir grandes y felices momentos, recuerda perfectamente el “bombazo” que significó la noticia.Hoy, con la autoridad que dan las canas y los años, habla con el orgullo de quien ha visto a su hija crecer, transformarse en una mujer independiente y cruzar fronteras.“Cuando me di cuenta, yo pensé que más bien me estaban vacilando.

Pero es un momento de mucha alegría, de mucha emoción, pero también de mucha responsabilidad. Tenés que hacerle un cambio a ciertas cosas porque vos decís: ‘Yo lo que quiero es que esta chica que viene me vea como un ejemplo, como alguien a seguir’.

Yo quiero que ella en algún momento se sienta orgullosa del padre que tiene”, evoca sobre aquel lejano setiembre del 2004.El camino no ha sido lineal ni sencillo. Al ser una “chica de mundo”, el momento más difícil para él llegó cuando su hija tenía apenas cinco años y tuvo que verla partir a vivir a Argentina, un doloroso proceso de distancia que se repitió con los años en países como Panamá, Venezuela y México.No obstante, la vida y el universo le tenían guardada la retribución más hermosa hace apenas seis meses, una experiencia que describe como el instante en que se dio “por pagado”.“La anécdota más bonita la viví hace como 6 meses, que la fui a dejar a Bélgica a la universidad.

Cuando fui a la habitación, el ir y dejarla ahí... que me tocara a mí como papá ir a buscar las sábanas, las almohadas, ver dónde se iba a quedar, qué iba a comer, cómo era el campus... yo me estaba dando por pagado”, confesó.“Ya cuando van y dan ese paso donde la dejas sola para que se quede allá en otro país... no lo cambio por nada. Vieras cómo me llenó esa parte”, expresó el presentador de De boca en boca.A lo largo de los años también hubo momentos de incertidumbre, como cuando a ella le atrajo el modelaje y la actuación, una etapa que lo confrontó porque deseaba que tomara otro rumbo, aunque el mismo destino se encargó de reajustar el camino.A pesar de las canas que le han sacado “ciertos noviecillos” o el hecho de que su hija prefiriera el gimnasio en lugar del básquetbol para seguir sus pasos deportivos, la complicidad entre ambos se mantiene intacta.

Comparten el amor por la lectura, el teatro y su plan infalible de escape: irse a relajar a Puerto Viejo.Para Bismarck, la clave de todo el éxito en este viaje de más de dos décadas se reduce a la coherencia y a la presencia absoluta. Por eso, al mirar a las nuevas generaciones de papás, tiene muy claros sus dos consejos fundamentales.“Primero, disfrutar el momento y sacar el tiempo necesario para no perderse ciertas cosas.

Deje atrás el orgullo para estar presente en los momentos importantes, porque eso se lo van a agradecer toda la vida”, aseveró.“Y el segundo, para aprender a soltar, tiene que ver mucho con los valores y el ejemplo. Muchas veces tenemos que predicar con el ejemplo, y es algo que se ha olvidado mucho.

Tenés que ser un ejemplo para tus hijos. Cuando entendás eso, hay una sinergia que cambia al mundo”, concluyó.