Luego de el caso de un estudiante que llevó ante la Corte Constitucional su solicitud para ingresar a la universidad con su perro de apoyo emocional, el alto tribunal fijó nuevas reglas que obligan al Ministerio de Educación y a las instituciones de educación superior a regular este tipo de acompañamiento. Universidades en Colombia han comenzado a adaptar sus protocolos para regular la presencia de perros de apoyo emocional.Corte Constitucional Felipe era un joven universitario colombiano que, como muchos otros estudiantes, enfrentaba retos relacionados con su salud mental mientras cursaba la carrera de Ingeniería Ambiental.

En ese proceso, Kiwi, su perro de apoyo emocional, se había convertido en una compañía fundamental para sobrellevar episodios de ansiedad y otras dificultades que afectaban su bienestar. No obstante, la universidad donde estudiaba le prohibió ingresar al campus acompañado del animal.La restricción no solo le impidió entrar con Kiwi a aulas, laboratorios, auditorios, bibliotecas, cafeterías y otros espacios del campus.

Con el tiempo, también terminó afectando su vida personal y académica. Según estableció la Corte Constitucional, la situación llegó a tal punto que el estudiante renunció a la tenencia de su perro, una decisión que tuvo consecuencias en su salud mental y en su desempeño universitario.Años después, ese caso se convirtió en el centro de una decisión que impacta a estudiantes de todo el país.

En la Sentencia T-153 de 2026, la Corte Constitucional ordenó al Ministerio de Educación Nacional fijar reglas mínimas para el ingreso y permanencia de animales de apoyo emocional en las instituciones de educación superior, un tema que hasta ahora ha sido abordado de manera poco profunda por las universidades colombianas.La decisión fue adoptada por la Sala Novena de Revisión, integrada por los magistrados Miguel Polo Rosero, Carlos Camargo Assis y Natalia Ángel Cabo, al estudiar la tutela presentada por Felipe contra la universidad. En su análisis, el alto tribunal concluyó que la institución vulneró los derechos fundamentales del estudiante al aplicar de manera estricta su protocolo para el ingreso y permanencia de animales de compañía y de apoyo emocional.Para la Corte, la universidad se limitó a hacer cumplir una lista de espacios restringidos sin evaluar alternativas que permitieran garantizar el derecho a la salud mental del estudiante.

Tampoco estudió mecanismos que facilitaran la presencia de Kiwi en aquellos contextos académicos donde su acompañamiento resultaba especialmente importante.Aunque la tutela se originó por la situación de Felipe y Kiwi, la Corte aprovechó el caso para pronunciarse sobre el papel de los animales de apoyo emocional y los límites de las restricciones que pueden imponer las instituciones, un asunto que cada vez genera más debates en los entornos educativos.La sentencia reconoce que las universidades, en virtud del principio de autonomía universitaria, pueden establecer protocolos para regular el ingreso y permanencia de estos animales. No obstante, advierte que dichas normas deben respetar los derechos fundamentales y no pueden convertirse en prohibiciones generales o automáticas.Por ello, el alto tribunal estableció tres parámetros que deben ser garantizados en cualquier regulación sobre animales de apoyo emocional.El primero corresponde a la protección de los derechos de las personas que requieren este acompañamiento, incluyendo la salud mental, la educación, la intimidad y el debido proceso.El segundo busca proteger a los demás integrantes de la comunidad educativa, garantizando que la presencia de animales no genere afectaciones a su salud física o mental.El tercero está relacionado con el bienestar de los propios animales.

La Corte recordó que son seres sintientes y que las restricciones a su ingreso no pueden basarse en razones de “mera intolerancia y falta de empatía”, sino en argumentos objetivos y debidamente justificados.Lea también: Estudiantes de primaria construyen en clase camas para los perros y gatos de la calleLos cambios que deberá implementar la universidadAdemás de ordenar disculpas privadas a Felipe, la Corte dispuso que la universidad modifique su protocolo institucional.La nueva regulación deberá abandonar los listados generales de espacios prohibidos y reemplazarlos por mecanismos que permitan analizar cada situación de forma individual. Es decir, antes de restringir el acceso de un animal de apoyo emocional a un determinado lugar, la institución deberá evaluar si su presencia genera una afectación real a otros miembros de la comunidad educativa.La sentencia también establece que los protocolos deberán partir de un principio general: los animales de apoyo emocional pueden acompañar al estudiante que los requiere en los distintos espacios universitarios.

Las restricciones deberán ser excepcionales y estar debidamente sustentadas.Asimismo, la universidad tendrá que incluir mecanismos que garanticen el bienestar de los animales, realizar jornadas de sensibilización sobre salud mental y bienestar animal, y publicar de manera accesible el protocolo actualizado para toda la comunidad educativa.Hacia reglas nacionalesAunque el caso de Felipe y la reciente decisión de la Corte Constitucional establecen un marco claro sobre la protección de los estudiantes que requieren apoyo emocional, su aplicación en la práctica abre una discusión más amplia dentro de las universidades colombianas. Las instituciones enfrentan el reto de traducir estos lineamientos en protocolos viables que no solo reconozcan el derecho a la salud mental, sino que también respondan a las limitaciones de infraestructura, convivencia y bienestar animal.En distintos campus del país ya se implementan experiencias o protocolos de ingreso de animales de apoyo emocional con resultados mixtos.

Mientras algunos espacios han logrado adaptarse con zonas petfriendly y reglas claras de convivencia, otros señalan dificultades relacionadas con la falta de áreas verdes, la alta densidad de estudiantes o la complejidad de garantizar condiciones adecuadas de higiene y seguridad en entornos cerrados.Para expertos y universidades, el desafío no solo está en permitir el ingreso de animales de apoyo emocional, sino en construir una cultura institucional que entienda su rol dentro del bienestar estudiantil, sin perder de vista los límites logísticos, sanitarios y de convivencia que implica su presencia en el campus.Uno de los aspectos más relevantes del fallo es el llamado al Ministerio de Educación para que establezca lineamientos mínimos sobre esta materia.La decisión llega en un contexto en el que cada vez más estudiantes recurren a animales de apoyo emocional como parte de sus procesos de bienestar, mientras las instituciones educativas enfrentan el desafío de equilibrar la salud mental de quienes los necesitan, los derechos de la comunidad universitaria y el bienestar de los propios animales.🐾 ¿Quiere estar al día y conocer las últimas noticias sobre el mundo animal? Lo invitamos a verlas en La Red Zoocial. 🐶🐱