Bajo los escombros, el fétido olor de la muerte emana. Y, entre tantas vidas destrozadas, el drama humano que se vive en Venezuela luego de los letales terremotos que sufrió el país es incalculable, pero la devastación material comienza a ser mensurable en números que aún no son oficiales.

Una primera evaluación realizada por la NASA, utilizando imágenes satelitales, cifra en 58.870 los edificios que fueron destruidos o dañados debido al desastre natural.Esta proyección, difundida por el Sistema Earthdata de la NASA, es una evaluación rápida preliminar luego de el doble sismo del 24 de junio de 2026. Los expertos analizaron datos de radar del satélite Sentinel-1, del programa europeo Copernicus, comparando las imágenes posteriores al desastre con registros del año previo.

Esta tecnología permite observar la superficie de día, de noche y bajo cualquier condición meteorológica, sorteando la nubosidad.El análisis abarcó dos transmisiones: una del 24 de junio sobre la zona occidental cercana al epicentro en San Felipe y Yumare, y otra del 25 de junio enfocada en la Gran Caracas, abarcando Petare y Antímano. La fusión de ambas escenas dio a conocer la enorme destrucción en la infraestructura urbana, un mapa que no es solo estadístico sino vital para localizar las áreas con mayor probabilidad de daños y priorizar operaciones de rescate en el terreno.La Agencia Espacial Europea (ESA) también analizó el impacto mediante interferometría de radar, una tecnología capaz de detectar diferencias en el terreno con precisión milimétrica.

Al contrastar las mediciones del 18 y el 25 de junio, la ESA mapeó la «cicatriz terrestre» visible desde el espacio: una deformación de unos 30 centímetros en la línea de visión del satélite. Este patrón se extiende por un corredor de 210 kilómetros entre la capital y Puerto Cabello, cruzando el sistema de fallas de San Sebastián y El Pilar, con alteraciones acentuadas en Caracas y La Guaira.Aunque los satélites proyectan casi 59.000 estructuras afectadas, el conteo que hacen las autoridades chavistas avanza a otro ritmo.

El presidente del parlamento, Jorge Rodríguez, reportó el registro de 855 edificios dañados en todo el norte del país, especificando que 189 de ellos sufrieron un colapso total. Pero más allá de las discrepancias, la magnitud económica de la destrucción es inmensa.

La ONU calcula que las pérdidas materiales ascienden a 6.700 millones de dólares, una cifra que representa el 6% del Producto Interno Bruto de la nación petrolera. Este doble sismo, compuesto por un evento principal de magnitud 7,5 precedido por un premonitor de 7,2, ya se clasifica como el más mortífero del último siglo en Venezuela.La «D» que borra toda esperanzaEn La Guaira, la zona más golpeada, el paisaje es desolador.

Las fachadas de los inmuebles siniestrados se han convertido en el lienzo de una nomenclatura internacional avalada por la ONU para la búsqueda y rescate. Una letra «D» pintada con spray significa 'deceased' (muerto) e indica a los cuerpos de rescate –procedentes de 27 países– que el lugar ya fue revisado y que no existen esperanzas de hallar personas con vida.

A este código se suma la letra «I», utilizada para marcar las estructuras que han quedado completamente inhabitables, y una «X» acompañada de la palabra «demoler», estampada por las autoridades locales para sellar el destino final de las edificaciones que representan un peligro inminente, informa AFP.Mientras más de 3.600 rescatistas extranjeros y 26.000 efectivos nacionales trabajan entre las 689 réplicas registradas, la crisis humanitaria se agudiza para los sobrevivientes. El último balance oficial fija las víctimas en 2.295 muertos, 11.267 heridos y 12.841 damnificados, aunque la ONU estima que la cifra de desaparecidos podría rondar los 50.000, mientras plataformas civiles reportan más de 42.000 alertas de personas incomunicadas.En las calles, decenas de miles de personas afrontan el desamparo sin techo ni sustento, bajo el riesgo inminente de epidemias.

Entre campamentos improvisados, escasez generalizada de comida y servicios básicos colapsados, la reactivación del puerto de La Guaira busca acelerar una ayuda humanitaria urgente para una población sumida en el caos y el luto.