Solemos hablar de lo normal como un mérito y de lo contrario con desprecio, como si alguien o algo fuera normal, y eso fuera bueno y no dependiera del estándar que lo mide, distorsionado siempre. La normalidad, como la cordura, es un mito, algo a lo que recurrimos pero cuyo significado desconocemos.

Un escaparate, una coraza. Una forma de protegernos frente a un mundo que pasa de admirar lo distinto a no tolerar al diferente.

Yo solo sé que lo normal es que hay gente muy anormal, y que a veces un trabajo bajo presión saca más verdad de cada uno que unas cañas con amigos en una terraza. En 'The Bear', por ejemplo, hay mucho talento, pero normalidad la justa.

Igual que en la vida, en sus fogones hay hasta categorías de locos, como le dice Sydney a Richie en el primer capítulo de la última temporada. Los hay que hablan a gritos, por enfadados o por contentos, y los que lo hacen bajito, con la cara estática del rictus, a lo maníaco, como en susurros.

Otros ni siquiera hablan y lo que callan siempre implosiona, por eso gritan, y a algunos les basta un gesto en la cara para probar que algo no anda bien, como se estriñe conteniendo el veneno Jamie Lee Curtis. «No hagas nada raro, mamá» , le pide Sugar al dejarle al bebé. Luego, las espía con un auricular.

Quien paga por no callar, y también grita, es Alba Carrillo. No voy a entrar en categorías de locura ni de normalidad, por si acaso, pero es tan olla a presión como las que hierven en el restaurante de Chicago .

Lo normal es que cuando uno se enfada no piense y dispare. Yo no sé si cuando se enfada piensa, pero lo parece, porque apunta firme y con sentido.

La tomó hace meses con RTVE, donde trabajaba, y lo pagó cambiándose a Ten, y ahora ha vuelto a la carga por lo mismo, con más razón que formas, como siempre. «No puedes tener un cargo público y cobrar dinero de todos nosotros si nos debes pasta. Búscate otro trabajo», denunció en su nuevo programa.

Noticia relacionada general No No 'The Bear' vuelve al origen sin avisar: así es 'Gary', el capítulo sorpresa que reabre la herida de Mikey Clara Molla PagánMe imagino su cerebro bullendo de indignación como la alcantarilla de la serie se llena de colillas durante una tormenta, poco a poco, luego más rápido, taponando cualquier resquicio de cordura hasta que finalmente explota, pero en vez de hacerlo sobre la cara del Paul Rudd de cartón lo hace sobre todos. «¡Esto es de locos!», terminó diciendo. Y verdad no le falta.