SARMIENTO.— A lo largo de sus 160 años de historia, la Biblioteca Franklin no solo se consolidó como un espacio dedicado a la promoción de la lectura y el acceso al conocimiento. Entre sus paredes también resguarda verdaderas joyas y tesoros documentales e históricos que la convierten en una de las instituciones culturales más importantes del país.

Un libro del siglo XVI, una carta original escrita por Domingo Faustino Sarmiento y un medallón de bronce donado por el propio prócer forman parte de un patrimonio que atraviesa generaciones y sobrevivió incluso a incendios y terremotos. Rita Zaide Avelín, actual tesorera y expresidenta de la institución, compartió a DIARIO DE CUYO los detalles que hacen a las reliquias verdaderos tesoros para la biblioteca. \"De Architectura\", libro del arquitecto romano Marco Vitrubio Polión Desde lejos se puede apreciar la cantidad de años que pasaron por las páginas de un libro que no está disponible para todo el público, ya que su manipulación debe hacerse con los recaudos necesarios para evitar que se dañe.

Con tapa de cuero de animal, páginas amarillas y en idioma italiano, el libro más antiguo que guarda la Biblioteca Franklin es una reedición de “De Architectura”, de Marco Vitrubio Polión, escrito en el siglo II antes de Cristo. “Tiene muchos elementos de arquitectura, de diseño. Es el libro que usa Leonardo Da Vinci luego para trabajar en las proporciones del hombre.

De ahí lo saca”, comenta Rita. \"Es una joya que tenemos resguardada en la Biblioteca Franklin\", resumió. La carta en la que Sarmiento rechaza el cambio de nombre de la biblioteca Hacia 1876, a diez años de la creación de la Biblioteca Franklin, la derogación de la ley que brindaba asistencia económica llevó a que la institución tuviera que cerrar sus puertas.

La decisión se extendió por ocho largos años, donde todo parecía indicar que no volvería a haber una biblioteca popular, al menos no la Franklin, que había sido iniciativa de Domingo Faustino Sarmiento. La situación se remarcó hasta 1884, cuando Sarmiento visitó por última vez la provincia, antes de su muerte.

En un renovado gesto hacia lo que significaba para él la biblioteca, logró recuperar parte de los libros que se encontraban en cajas en una sala de la Superintendencia de Escuelas e impulsó su reapertura. Luego de el accionar, hubo quienes comenzaron a impulsar un cambio de nombre, buscando que la biblioteca lleve el apellido del prócer sanjuanino, idea que fue desestimada por el mismo Sarmiento, y reflejo de ello es una carta que envió a Segundino Navarro, cuyo texto original y copias descansan en la actualidad en la biblioteca.

En la carta, Sarmiento sostiene que el nombre de Benjamin Franklin debía mantenerse porque representaba los ideales que inspiraron la creación de la entidad. Según relató Avelín, el prócer consideraba que su propia figura era motivo de controversias y que su legado ya sería recordado en múltiples espacios públicos, por lo que no veía necesario reemplazar la identidad histórica de la biblioteca.

La misiva se conserva como una pieza única que testimonia no solo la relación de Sarmiento con la institución, sino también su visión sobre el valor simbólico de la Biblioteca Franklin, fundada en 1866 y considerada la primera biblioteca popular de América Latina. Un medallón de bronce que sobrevivió a un incendio Durante 1902 un incendio azotó la biblioteca y gran parte de sus libros, documentos, papeles importantes entre otras reliquias quedaron consumidas por las llamas y convertidas en cenizas que se fundieron con el suelo y el viento.

No obstante, algunas pertenencias lograron rescatarse del fuego, entre ellas, un medallón de bronce con el rostro de Sarmiento. El objeto, de gran peso, tiene en una de sus caras grabado el rosto de Sarmiento, con su característica semblante que se repite en infinidades de imágenes.

Del otro lado, un texto que acompañó el presente entregado a la biblioteca. El mismo reza: “Señor Don Juan Dolores Godoy.

Tengo el placer de remitir a usted con el señor L. Castro un medallón de bronce con mi efigie, obsequio del Dr.

Jospé María Muñi, que permito a mi vez dedicarlo a la Biblioteca Franklin de San Juan, a cuya Sociedad pertenezco”. Y continúa: “En cambio exigiría al Sr.

Presidente un informe del movimiento de dicha Biblioteca, personas, fondos y donaciones que la sostiene, como las que publica la Sociedad Rivadavia aquí, y de que verá en el “Censor” un breve resumen”. Finaliza el texto: “Estos informes repetidos con frecuencia ayudan mucho a difundir el uso de la Biblioteca, haciendo llegar a mayor número el conocimiento de sus ventajas”.

La nota lleva la firma de Sarmiento y fue enviada el 23 de enero de 1986. Desde aquel entonces la pieza se conserva entre las reliquias de la biblioteca.

A 160 años de su creación, estos tesoros continúan siendo testigos silenciosos de una historia marcada por la perseverancia. Son piezas que permiten reconstruir el pasado de una institución pionera que, desde San Juan, abrió el camino para el desarrollo de las bibliotecas populares en toda América Latina.