Panamá está a horas de afrontar la prueba más importante de su historia futbolística reciente. Después de una larga preparación, de amistosos, entrenamientos y semanas de expectativa, llegó el momento de la verdad.

Ya no hay espacio para ensayos ni para cálculos. Todo se resume a noventa minutos frente a Ghana.

Desde que se llevó a cabo el sorteo en diciembre, este partido fue señalado como la gran oportunidad. No porque sea sencillo, ni mucho menos, sino porque es el encuentro que más expectativas genera entre los aficionados panameños.

También es el que muchos observan como la mejor posibilidad para sumar por primera vez en una Copa del Mundo. Ghana tiene nombre, historia y jerarquía.

Es imposible olvidar aquella selección que alcanzó los cuartos de final en Sudáfrica 2010 y que estuvo a centímetros de convertirse en el primer equipo africano en llegar a una semifinal mundialista. No obstante, esta versión de los africanos es distinta.

No tiene el mismo impacto colectivo de aquel equipo, pero sí cuenta con futbolistas que militan en algunas de las ligas más competitivas del planeta. Por eso el desafío para Panamá pasa por otro camino.

No será una batalla de individualidades. Será una prueba para confirmar si el colectivo construido por Thomas Christiansen puede imponerse ante una selección con mayor valor de mercado y con jugadores acostumbrados a escenarios de máxima exigencia.

En las últimas horas gran parte de la conversación gira alrededor de Adalberto Carrasquilla. Es lógico.

Se trata del futbolista más determinante del equipo y uno de los mejores mediocampistas de la Concacaf. Pero la realidad es que el jugador de Pumas apenas empieza a acelerar el ritmo en los entrenamientos y todavía existe incertidumbre sobre su condición física para el debut.

Ante ese panorama, Panamá necesita algo que ya ha demostrado en otras ocasiones: la capacidad de competir cuando una de sus figuras no está en plenitud. La responsabilidad recaerá sobre nombres como Carlos Harvey, Aníbal Godoy, Cristian Martínez y Yoel Bárcenas.

Todos deberán elevar su nivel para compensar cualquier ausencia o limitación que pueda tener Carrasquilla. No sería la primera vez.

Basta recordar la Copa América de 2024, cuando Carrasquilla estuvo ausente en un partido de la fase de grupos y Panamá encontró respuestas colectivas para sacar adelante una victoria que parecía improbable y luego clasificar a cuartos de final. Aquella noche el equipo demostró que no depende exclusivamente de un jugador.

Ahora la exigencia es mucho mayor. El escenario es mundialista.

Las emociones son distintas y la presión también. Pero los principios deben mantenerse intactos.

Orden, intensidad, solidaridad y convicción. Dentro de pocas horas sabremos si Panamá está lista para dar ese siguiente paso que tanto ha buscado.

La oportunidad está servida. El rival es exigente, pero no invencible.

Y en los Mundiales, muchas veces la diferencia entre una derrota digna y una página histórica se reduce a creer que realmente es posible. Antes de terminar, te tengo información valiosa.

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