La revolución educativa y el acuerdo nacional
Un grupo de ex ministros e intelectuales ha escrito un manifiesto en el que resaltan los riesgos que corremos si se sigue profundizando la polarización. Cada vez estamos poniendo en mayor peligro la democracia, el trabajo en equipo y la confianza.
¿Será imposible que la esperanza triunfe frente al miedo? Inspirados en el ejemplo uruguayo, un destacado grupo de exministros e intelectuales ha propuesto que, independientemente de quien gane las elecciones, podamos construir un acuerdo nacional que garantice el cuidado de la vida, la paz, la seguridad y la democracia.
Décadas atrás, el ascenso del totalitarismo destruyó democracias débiles en Cuba, Venezuela y Nicaragua, pero hoy amenaza seriamente otras más sólidas en Estados Unidos y Argentina. La miopía selectiva ha sido muy perjudicial para el debate democrático, porque lleva a algunas personas a reconocer a unos dictadores al tiempo que veneran a otros.
Los intelectuales exigen respeto por los resultados. De allí que sea muy pertinente el llamado de atención al presidente Gustavo Petro para que silencie sus micrófonos y trinos contra supuestos fraudes que no han sido avalados por ningún organismo nacional o internacional.
También aciertan al salir en defensa de la Constitución de 1991, porque fue explícito el interés del gobierno de convocar una nueva asamblea constituyente, así como ha sido evidente la amenaza por parte del candidato De la Espriella. Las propuestas de venta de armas o de dolarización, entre otras, que aparecen en su programa obligarían, tal como señala Rodrigo Uprimny, a realizar cambios estructurales en la constitución.
Asimismo, con sus demandas sistemáticas a la prensa independiente, al estilo de Donald Trump, pone seriamente en riesgo la independencia de poderes y la libertad de prensa. Yolanda Ruiz decía la semana pasada, en este periódico, que las alarmas se deberían encender en una democracia cuando un candidato afirma que impondrá su voluntad “por la razón o por la fuerza”.
En sus términos: “No importa si el objetivo es noble o vil, cada vez que se ha invocado la fuerza lo que ha seguido es sangre y muerte”. Como señala Yuval Harari (2024): “la democracia es una conversación y la conversación está basada en el lenguaje”.
En consecuencia, cuando un candidato convierte en enemigo al opositor, al mismo tiempo, destruye la democracia.Teniendo en cuenta que son quince los puntos del manifiesto, quisiera ampliar los cinco aspectos que creo que deberían estar presentes en una revolución educativa, tal como acertadamente la denominan. Aun así, hay que tener presente que en la actual campaña se ha hablado más de las partes íntimas de un candidato que de la necesaria transformación pedagógica.Primero.
Énfasis en la educación inicial. La Ley General de Educación de 1994 estableció tres años obligatorios de educación inicial.
En 2024, el propio Estado seguía incumpliendo este derecho al 60 % de los niños colombianos. Asimismo, desde 2012 tenemos un porcentaje cada vez menor de niñas y niños en el grado de transición.
En 2012, la cobertura neta era del 107 %. Para 2024, tan solo alcanzaba el 85 %.
La situación es muy preocupante. La paradoja es que la inversión más rentable de un gobierno es la que realiza con los más pequeños, porque esa es la edad con mayor plasticidad en el cerebro.
Sin duda, los partidos que han gobernado el país en los últimos treinta años han descuidado a la niñez y han privilegiado la inversión en otros frentes y niveles del sistema educativo. La conclusión es muy clara: la revolución educativa debe iniciarse garantizando educación inicial a todos los niños y niñas del país.Segundo.
Colombia tiene una educación de muy baja calidad y, contrario a lo que han dicho reiteradamente los gobernantes, no ha mejorado. Los resultados en lectura en PISA de 2022 son tan malos como los alcanzados en 2012.
La mitad de los jóvenes no pueden encontrar la idea principal en un texto de dos párrafos y tan solo el 1 % alcanza la lectura crítica. Así es imposible aprender ciencias, matemáticas o aprender a pensar de manera independiente.
Ya lo había dicho Sócrates: sin formación de calidad, terminaremos por elegir a los peores candidatos. En consecuencia, la segunda tarea es mejorar la calidad sin seguir aumentando las desigualdades, que es lo que ha pasado sistemáticamente durante los últimos treinta años en Colombia.Tercero.
La calidad educativa no mejora porque ninguno de los gobiernos en las últimas tres décadas ha tomado medidas pedagógicas para enfrentar el problema. Desde 2012, casi sin excepción, entre todos los egresados del país, los de las facultades de educación ocupan sistemáticamente el último lugar en lectura crítica y en consolidación de las competencias de matemáticas.
Tan solo el 2 % lee de manera crítica. Mientras eso no cambie, no será posible impulsar una revolución educativa.
Pese a lo anterior, desde 1994, ningún gobierno ha impulsado una transformación en los sistemas de formación inicial de los docentes.Tampoco será posible mejorar la calidad manteniendo la fragmentación curricular que existe en el país. Seguimos trabajando con currículos profundamente impertinentes.
Esta es causa principal de la creciente y masiva deserción que hemos visto en Colombia. En la última década, dos millones de estudiantes se retiraron del sistema educativo y, aunque hay que tener presentes problemas socioeconómicos y excesiva ansiedad familiar, sin duda un factor esencial es la impertinencia del currículo actual.
¿Qué hicieron al respecto los anteriores gobiernos? ¡Absolutamente nada!
Gustavo Petro aumentó de manera muy importante la inversión en educación y cualificó de manera importante la infraestructura. Aun así, falta mucho porque la educación rural lleva décadas en completo abandono.
No obstante, al igual que sus antecesores, no abordó ninguna de las variables pedagógicas asociadas a la calidad, a saber: formación de docentes, lineamiento curricular, liderazgo pedagógico y reorganización de la estructura institucional. Por su parte, el de Iván Duque es el gobierno que en mayor medida ha violado el derecho a la educación de los hijos de las familias más pobres del país, porque permitió el robo de los dineros destinados a la conectividad en una época en la que no era posible la educación presencial.
Fue un gobierno caracterizado por el aumento de las desigualdades y la muy baja calidad educativa.Cuarto. La educación en Colombia debe seguir siendo mixta.
Las democracias europeas se sustentan en una educación oficial muy robusta y de alta calidad, en tanto la educación privada – también de muy alta calidad– se reserva para estratos altos de la población. Ellos saben que fortalecer la educación pública es camino para alcanzar la movilidad social.
En Colombia, por el contrario, el 88 % de los colegios privados de Bogotá atiende población de estratos 1, 2 y 3. Es indudable que este gobierno se equivocó al poner a tributar a universidades y al recortar créditos que ampliaban el derecho a la educación.
De todas maneras, no debe quedar ninguna duda de que un gobierno de Abelardo debilitará de manera preocupante la educación pública y retornará a programas como Ser Pilo Paga. Para hacerlo, tendrá que seguir ocultando un hallazgo de quienes hemos investigado con rigor estos temas: en general las universidades públicas son de mayor calidad que las privadas, en tanto agregan más valor a las competencias con las que llegan sus estudiantes.Sería muy bueno que los jóvenes revisaran la experiencia argentina bajo Javier Milei, a quien con frecuencia resalta Abelardo, para comprender cuáles son sus propósitos en materia educativa: destruir el sindicato, suspender el apoyo a la ciencia y transferir los recursos públicos de universidades y colegios hacia el sector privado.
Quinto. Énfasis a las competencias socioafectivas.
La situación emocional de niñas, niños y adolescentes es muy preocupante en el país. La total desregulación tecnológica ha agudizado el problema.
Los niveles de ansiedad, depresión e inflexibilidad son alarmantes y se requiere una acción decidida del nuevo gobierno para atender la creciente crisis emocional. ¿Alguien sinceramente puede creer que un candidato que, en un acto de abuso de poder y acoso a la prensa, quiso obligar a una periodista a decir que ganaría el voto de las mujeres con argumentos que harían sonrojar hasta a un preadolescente podrá liderar la necesaria revolución educativa en Colombia?
Precisamente, la revolución educativa que necesitamos es para que no se siga generalizando la cultura del odio, la violencia o el maltrato a las mujeres y para defender el desarrollo humano integral, la democracia deliberativa, la confianza, las competencias socioafectivas, la lectura y el pensamiento crítico.Ojalá el próximo gobierno inicie la revolución educativa que desde hace más de tres décadas le estamos debiendo a las nuevas generaciones. Así mismo, sería muy importante tener presente lo que ya había dicho alguna vez Antanas: prefiero apostar por la paz y estar equivocado que apostar por la guerra y acertar.P.D.: Las ideas expresadas son personales y no comprometen a las instituciones para las cuales trabajo, que se caracterizan por la pluralidad de ideas y por el debate argumentado y respetuoso de las mismas.*Julián de Zubiría Samper es director del Instituto Alberto Merani (@juliandezubiria).
Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
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