Barcelona lleva años convirtiendo antiguas fábricas en hoteles, lofts, galerías o sedes tecnológicas, pero el Poblenou todavía guarda alguna metamorfosis capaz de sorprender incluso a quienes ya han visto demasiados renders. La nueva está en la calle Perú, en pleno distrito tecnológico 22@, donde una vieja fábrica de tules y encajes de 1945ha sido rehabilitada para convertirse en Nocco, un edificio de oficinas que aspira a convertirse en el primero de Europa en lograr la certificación Living Building Challenge para este tipo de activos.El proyecto, impulsado por Patrizia y Urban Input y comercializado por Cushman & Wakefield, plantea una idea bastante distinta de la oficina tradicional, según muestra su tour virtual.

Aquí no hay imágenes de ejecutivos con café mirando cristaleras infinitas ni promesas de hub creativo escritas en neón, sino que la propuesta gira alrededor de algo más terrenal: espacios luminosos, flexibles, llenos de verde y pensados para trabajadores híbridos, muchos expats, que ya no entienden la oficina como un simple lugar donde fichar.Nocco tiene, según los planes iniciales anunciados por la comercializadora, cerca de 5.000 metros cuadrados repartidos en cuatro plantas y organizados alrededor de un patio privado de 400 metros cuadrados. El corazón del edificio será precisamente ese espacio central, concebido como un punto de encuentro más cercano a una plaza interior que a un vestíbulo corporativo al uso, según su brochure.

El proyecto quiere jugar con la luz natural, la vegetación y la conexión entre interior y exterior en un barrio donde el hormigón todavía pesa más que la sombra.La rehabilitación mantiene parte del carácter industrial original de la antigua fábrica, uno de esos edificios fabriles del Poblenou que recuerdan que antes de las startups y los hubs tecnológicos aquí se tejían telas, se fabricaban piezas y se levantaban chimeneas. La arquitectura industrial del 22@ se ha convertido casi en una segunda piel del barrio, aunque cada transformación suele abrir el mismo debate: cuánto patrimonio se conserva y cuánto acaba convertido en una postal estética para oficinas premium.El gran elemento diferencial del proyecto está en la certificación Living Building Challenge, un estándar ambiental especialmente exigente impulsado por Living Futures Europe.

A diferencia de otros sellos centrados en eficiencia energética o sostenibilidad parcial, este modelo plantea edificios capaces de generar un impacto positivo real sobre su entorno. La idea es que el inmueble produzca más energía de la que consume, gestione el agua de forma autónoma y favorezca la biodiversidad urbana.El 22@, polo de atracciónEl contexto económico también ayuda a explicar la operación.

Según datos de Cushman & Wakefield, el mercado de oficinas de Barcelona registró en el primer semestre del año alrededor de 150.000 metros cuadrados contratados. Solo entre abril y junio se superaron los 95.000 metros cuadrados, un 30% más que en el mismo periodo de 2024.

El distrito 22@ concentró aproximadamente el 37% de toda esa contratación, consolidando su papel como principal polo de atracción empresarial de la ciudad.El auge de edificios de alta calidad también está modificando la demanda. Cerca del 75% de las operaciones realizadas en Barcelona se dirigieron a oficinas de categoría A o B+, una señal clara de que muchas empresas buscan algo más que metros cuadrados y wifi.

La batalla ahora se libra en otros terrenos: bienestar, identidad arquitectónica, sostenibilidad y capacidad para atraer talento a la soleada Barcelona en una época donde cada vez más trabajadores valoran tanto la experiencia del espacio como el salario.Desde Patrizia y Urban Input defienden precisamente esa visión híbrida entre rehabilitación urbana, sostenibilidad y diseño emocional. Sus responsables explican que el objetivo no es solo reducir el impacto ambiental, sino crear espacios más humanos y conectados con el entorno.

Es una idea que en el 22@ empieza a convertirse en tendencia: menos oficinas concebidas como cajas de cristal y más proyectos que intentan recuperar cierta relación con la ciudad, aunque sea entre reuniones de Teams y cafeterías de especialidad a 4 euros el espresso.