Editorial: León XIV en España y sus alertas sobre migración, polarización y dignidad humana

Primero, fueron Turquía y Líbano; luego, Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Entre el 6 y el 12 de este mes, España fue el destino del tercer viaje apostólico del Papa fuera de Italia.
Cada uno ha respondido a motivos singulares; no obstante, todos han estado entrelazados por un hilván que, más allá de lo religioso, refiere a un lúcido concepto reiterado por León XIV ante representantes del mundo cultural español: la Iglesia como “experta en humanidad”.Es esta noción la que el Pontífice desplegó, con irradiaciones múltiples, durante su periplo por un país que, tal como expresó ante sus Cortes (parlamento), posee “una lengua que une continentes”. Pero también es un país con enorme diversidad, contradicciones históricas, fuentes nutricias plurales, visiones encontradas y crispadas realidades.
En él conviven, en permanente tensión, una profunda religiosidad, que penetra resquicios múltiples de la cultura popular y erudita, y un secularismo vibrante y ascendente. Y también chocan, pero a la vez convergen, fuertes tensiones entre corrientes centralistas y autónomas.
España fue crisol para el encuentro creativo de las tres religiones monoteístas –catolicismo, islamismo y judaísmo–, pero no pudo evitar el dogmatismo y la intransigencia que rompieron su convivencia. La conquista de América nos trajo idioma y cultura que derivaron en una rica hibridación, pero también muertes, saqueos y opresión.Ha sufrido grandes conmociones internas, que pasaron por conflictos civiles y dictaduras, pero luego de la de Francisco Franco recuperó su vocación liberal, social y europea.
Hoy, en medio de grandes confrontaciones políticas internas, mantiene “su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo”, y también “un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos”. Así lo destacó el papa León XIV en su discurso ante el rey Felipe y las altas autoridades que le dieron la bienvenida.
En un entorno de pluralidad tan amplia, y no siempre armónica, como la de España, este viaje fue un gran reto y también una oportunidad para que Su Santidad recorriera los que hasta ahora han sido los principales ejes de proyección de su pontificado. Por algo, en ese primer discurso ante la oficialidad del Estado y el cuerpo diplomático, expresó lo siguiente: “Vengo entre ustedes para confirmar, alentar e inspirar una fidelidad de los creyentes al Evangelio, así como una reconciliación y una cooperación más profunda entre las distintas fuerzas de esta nación”.No eludió ningún tema de importancia.
Abordó directamente el terrible historial de abusos sexuales ocultos e impunes contra menores por parte de prelados españoles, y reiteró su política de cero tolerancia y denuncia activa al respecto. En un país que permite el aborto y es posible que llegue a reconocerlo como derecho constitucional, insistió ante los parlamentarios en que “toda vida humana debe ser reconocida desde su concepción hasta su ocaso natural”.
A los representantes de la cultura, los instó a “ser hilos nuevos para tejer redes nuevas que armonicen con todos los ámbitos de la vida”. Y también utilizó la ocasión para volver sobre un tema de particular resonancia en Costa Rica. “En los varios sectores de la actividad humana –aseveró– debemos cuidar el lenguaje que se utiliza: escrito, oral y, en el entorno digital, también el de las imágenes… Toda expresión habla, transmite; puede herir o sanar, destruir expectativas o abrir horizontes, sembrar división o despertar la esperanza”.
El trauma de las migraciones, así como su instrumentalización prejuiciada como arma política, fue otro de los ejes de su viaje apostólico. “El trágico drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional”, expresó a los parlamentarios. Le otorgó una dimensión humana directa en sus encuentros con migrantes. “Antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad”, fueron las primeras palabras que utilizó al dirigirse a ellos en Las Palmas de Gran Canaria.
León XIV no viajó para endulzar oídos, sino para insistir en claros mensajes acordes con su magisterio. Muchos no gustaron a algunos, y algunos no gustaron a muchos.
No obstante, desde sus palabras sensatas y desde los valores humanos del cristianismo, logró reforzar su condición de referente universal de justas causas y ejemplares actitudes. Lo necesitamos cada vez más.
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
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