Los colombianos irán a las urnas "emberracados", pero sin tener propuestas claras de cómo se administrará el país y con la angustia de pensar que no estamos todos incluidos en ellas.Archivo ParticularEn vísperas de la última semana de campaña presidencial, los días transcurridos desde la primera vuelta nos dejan poco para celebrar. Ha sido una contienda mediada por la judicialización de los candidatos, el intercambio de epítetos deshumanizantes, la ausencia de debates y un aumento en la agresividad de las redes sociales.

Poco hemos conocido de las visiones de país que están sobre la mesa. Los argumentos han sido reemplazados por apelaciones emocionales y discursos que pintan a la contraparte como una amenaza existencial para Colombia.

La sensación generalizada de los colombianos es de amargura, de desconfianza por el otro, de rabia incentivada desde los liderazgos políticos y de una democracia supeditada a las lógicas de los algoritmos de las redes sociales.Sabíamos que iba a ser una campaña de baja calidad, pero incluso nos ha sorprendido lo que ha venido ocurriendo. Sí, Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda representan dos propuestas de país muy dispares entre sí y están, en el espectro ideológico, en los dos extremos (eso no significa, por cierto, que sean puntos equidistantes al centro, error en el que caen quienes critican que usemos la palabra “extremo” para describirlos).

Ambos quieren ser presidentes de todos los colombianos, pero planean llegar a la Casa de Nariño montados sobre una ola de indignación encarnada en los votantes del otro. Los simpatizantes del Pacto Histórico creen que quienes apoyan a De la Espriella representan al fascismo moderno; los del candidato de ultraderecha no bajan de “guerrilleros” a quienes respaldan a Cepeda.El entendimiento político, entonces, se reduce a las banalidades que un video de dos minutos puede comunicar para volverse viral.

Los algoritmos se nutren del rencor, y eso es lo que se comparte en masa. Mensajes más positivos, de construcción de país, de mostrar diferencias sin destruir al contrario, se diluyen en la irrelevancia digital.

Y así vamos camino a una votación que nos va a dividir más. Tememos lo que ocurra con el ánimo nacional después del 21 de junio.Adicionalmente, la intervención de los operadores con funciones judiciales en la campaña ha sido un golpe nefasto a la institucionalidad.

La actuación de la representante a la Cámara Gloria Arizabaleta fue un abuso de poder que intentó dar un golpe de Estado y un golpe de opinión en una cruzada solitaria que irrespetó al país entero. Al mismo tiempo, varios magistrados de la Rama Judicial sintieron la necesidad de ordenarle a un candidato presidencial cómo vestir, aspaviento ya revertido por la Corte Suprema de Justicia, pero que ayudó a los discursos que buscan sembrar la idea de una institucionalidad cooptada por intereses particulares.De la actitud del presidente Gustavo Petro ya hemos escrito en varias ocasiones, pero solo basta recordar que su pésimo comportamiento en estos meses de campaña deja un legado de irrespeto a las normas que afectó directamente a la democracia colombiana.¿Cambiará algo esta semana?

¿Tendremos, por lo menos, un debate? Lo dudamos.

Los colombianos irán a las urnas “emberracados”, pero sin tener propuestas claras de cómo se administrará el país una vez terminen las elecciones y con la angustia de pensar que no estamos todos incluidos en ellas. Habrá mucho voto resignado “en contra de”, se volverán virales videos hablando del apocalipsis, pero las grandes conversaciones que necesita nuestro país seguirán brillando por su ausencia.

Una lástima.¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com Nota del director.

Necesitamos lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra.