El pescado ha pasado casi desapercibido en la alimentación canina más allá de la clásica merluza cocida que muchos veterinarios recomendaban en casos de gastroenteritis o dietas blandas. No obstante, el auge de los piensos y menús húmedos elaborados con salmón, trucha o atún ha cambiado por completo su imagen.

Hoy el pescado se asocia automáticamente a omega-3, digestibilidad, piel sana y alimentación premium.Y, en buena medida, esa fama tiene fundamento. El pescado puede ser una fuente excelente de proteína animal, grasas saludables y micronutrientes beneficiosos para perros de todas las edades.

De hecho, muchas dietas veterinarias para alergias alimentarias utilizan pescado como proteína principal porque algunos perros lo toleran mejor que determinadas carnes.Pero no todo el pescado es apto, ni todos los métodos de preparación son seguros. Entre el sushi compartido bajo la mesa, el atún en conserva, el salmón crudo, las espinas, los ahumados o el pescado marinado, existen riesgos muy distintos que muchos convivientes desconocen.El pescado como parte de una dieta saludableEn términos generales, los perros pueden comer pescado y, de hecho, muchos alimentos comerciales equilibrados lo incorporan como ingrediente principal y organizaciones veterinarias como la American Veterinary Medical Association recuerdan que, correctamente preparado, puede aportar proteínas altamente digestibles y relativamente bajas en grasas saturadas.Asimismo, determinados pescados contienen cantidades importantes de ácidos grasos omega-3, especialmente EPA y DHA, relacionados con beneficios antiinflamatorios, salud cutánea, mantenimiento cognitivo y soporte articular.

Por eso el pescado suele recomendarse en perros con dermatitis, artrosis o algunas enfermedades inflamatorias intestinales.También puede resultar útil en animales con alergias alimentarias a proteínas más habituales, como al pollo o a la ternera. En estos casos, pescados como el salmón o el bacalao funcionan como proteínas que el organismo del perro quizá no haya consumido antes.

Eso sí: el beneficio depende muchísimo del tipo de pescado, la cantidad, la preparación y la frecuencia.La clásica merluza cocidaCuando un veterinario recomienda pescado para un perro con problemas digestivos, normalmente piensa en pescado blanco cocido, sin sal, sin aceite, sin salsas, sin cabeza ni escamas y completamente libre de espinas.La merluza cocida encaja bastante bien en ese perfil. Es un pescado relativamente magro, fácil de digerir y con menor contenido graso que otros pescados.

Lo importante es cocinarla muy bien y revisar cuidadosamente que no queden espinas, porque incluso fragmentos pequeños pueden clavarse en la garganta, el esófago o el intestino.También pueden ofrecerse otros pescados seguros y relativamente bajos en mercurio, como el bacalao, el lenguado o el salmón cocido. Las sardinas pequeñas en agua y sin sal añadida suelen considerarse otra opción razonablemente segura en cantidades moderadas.El problema aparece cuando el pescado deja de ser un complemento ocasional sencillo y empieza a incluir ingredientes problemáticos.El atún no es tóxico, pero conviene no abusarMuchos perros adoran el olor del atún y no hay problema en dar de forma ocasional pequeñas cantidades de atún al natural.

El problema no es una cucharada puntual, sino convertirlo en un alimento frecuente.Los túnidos grandes acumulan más mercurio que los peces pequeños y de vida corta. Cuanto mayor y más longevo es el pez, mayor capacidad tiene para concentrar metales pesados en sus tejidos.

Por eso los veterinarios suelen recomendar moderación, especialmente en cachorros y animales pequeños.En caso de optar por incluir algo de atún en el menú canino, el atún al natural en agua suele ser preferible al conservado en aceite, sea este de girasol o de oliva. No porque el aceite sea tóxico, ni mucho menos, sino porque añade grasa innecesaria y calorías extra que pueden favorecer trastornos digestivos o pancreatitis en perros sensibles si se consume en exceso.Tampoco conviene ofrecer atún en escabeche, salado o condimentado.

El ajo, la cebolla y algunas especias habituales en preparaciones humanas sí pueden resultar peligrosas para los perros.El pescado crudoEl auge de las dietas BARF y de la alimentación cruda ha hecho que muchas personas asocien automáticamente el pescado crudo con una alimentación ‘más natural y sana’. No obstante, el pescado crudo puede contener bacterias como Salmonella, Listeria o Clostridium, asimismo de diversos parásitos capaces de afectar tanto al perro como a las personas del hogar.

Aunque congelar el pescado reduce algunos riesgos parasitarios, no elimina todos los problemas posibles.Uno de los ejemplos más conocidos es la llamada enfermedad del envenenamiento por salmón, que en realidad no está causada por ningún veneno.Qué es realmente el envenenamiento por salmónLa enfermedad del envenenamiento por salmón afecta sobre todo al noroeste del Pacífico de Estados Unidos y de Canadá. Los perros se infectan al consumir salmón, trucha u otros peces de agua dulce crudos o poco cocinados que contienen un parásito infectado por la bacteria Neorickettsia helminthoeca.El nombre resulta confuso porque no existe un tóxico químico implicado, sino que el problema es infeccioso.

Los síntomas suelen aparecer entre una semana y un mes después de ingerir pescado contaminado e incluyen fiebre, vómitos, diarrea (a veces con sangre), apatía, pérdida de apetito, deshidratación y ganglios inflamados. Sin tratamiento veterinario, la mortalidad puede alcanzar cifras altísimas.

Un perro puede enfermar gravemente incluso por lamer el suelo donde goteó una trucha infectada.Aunque esta enfermedad concreta se limita prácticamente a determinadas regiones norteamericanas, sirve para ilustrar que el pescado crudo no está exento de riesgos biológicos importantes para los perros.Marinado, ahumado o curado: tampoco es buena ideaMuchos alimentos humanos elaborados con pescado no son adecuados para perros aunque el pescado original sí lo sea. El pescado ahumado, curado (anchoas en salazón) o marinado (boquerones en vinagre) suele contener grandes cantidades de sal, aceites, azúcares, especias y conservantes.

En algunos casos también incorpora ajo o cebolla, lo que aumenta el riesgo de problemas digestivos, pancreatitis o un desequilibrios de sodio.El sushi, el shashimi, el maki o el nigiri tampoco son una opción recomendable para compartir con un perro. Más allá del pescado crudo, muchos ingredientes habituales como las salsas, el aguacate condimentado, la tempura o un exceso de arroz, no aportan ningún beneficio y pueden causar problemas digestivos.Las espinas son uno de los mayores peligrosMás allá de bacterias o parásitos, el riesgo más inmediato del pescado suele ser mecánico.

Las espinas pueden clavarse y provocar atragantamientos e incluso perforaciones intestinales, que no siempre son visibles. Algunas espinas muy finas pasan desapercibidas durante la preparación doméstica.

Por prevención, las fuentes veterinarias recomiendan evitar completamente cabezas, colas, aletas y espinas, incluso en pescados cocinados.Si un perro empieza a babear excesivamente, toser, rascarse la boca o muestra molestias repentinas luego de comer pescado, conviene acudir rápidamente al veterinario.¿Qué pescado pueden comer y cuál es mejor evitar?En términos generales, los especialistas consideran más seguros los pescados pequeños, de vida corta y bajos en mercurio.Merluza​Bacalao​Sardinas en agua y sin sal​Salmón bien cocinado​Lenguado​Trucha cocidaEn cambio, conviene limitar o evitar especies grandes con mayor acumulación de mercurio, como el pez espada, tiburón, caballa o determinados tipos de atún de gran tamaño. También es importante prestar atención al origen.

Algunos pescados de piscifactorías con controles deficientes pueden contener más residuos químicos, antibióticos o contaminantes ambientales.Al final, la clave reside en el equilibrio, y el pescado puede ser un complemento excelente dentro de una dieta balanceada, siempre que se cocine bien, se retiren todas las espinas, se evite la sal, los aceites y los condimentos.