La Sagrada Familia de Barcelona no solo lleva en obras casi un siglo y medio. Es también un icono turístico desde hace casi cien años: durante la Exposición Universal de 1929, la revista Barcelona Atracción de promoción turística así la consideró y apareció en carteles, y la Junta Constructora encargó postales al fotógrafo austríaco Adolfo Zerkowitz, recuerda el consultor de la Unesco y experto en patrimonio turístico Jordi Tresserras.

Desde entonces, el templo que ideó Antoni Gaudí ha tenido otros picos de atención, pero nada comparable al espectáculo posterior a la inauguración por parte del Papa León XIV de la torre que convierte la basílica en la más alta del mundo. Fueron solo nueve minutos, uno y medio el instagrameable momento de la apoteosis de los drones.

Las endorfinas se dispararon en Barcelona y la admiración en todo el mundo. Las redes sociales de la Sagrada Familia sumaron 28 millones de visualizaciones entre los dos días de visita papal, con un alcance potencial de 523 millones de personas, estima el templo.Seguir leyendo