El fenómeno El Niño ya es un evento climático consolidado. Sus impactos aún forman parte de las proyecciones recopiladas con base en experiencias pasadas, pero la estimación es que los efectos más importantes se extiendan desde este mes de junio hasta mayo del próximo año.

Las afectaciones incluyen directamente el abastecimiento de agua de miles de familias en todo el país, la necesidad de utilizar electricidad más cara, y un golpe significativo a importantes sectores productivos del país como la construcción, el turismo, el agro y la pesca. Según el director del Instituto Meteorológico Nacional (IMN), Werner Stolz, si las proyecciones climáticas se cumplen, el panorama sería similar al enfrentado en 2015.El experto afirmó que al igual que la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés), el IMN ya había confirmado la consolidación del fenómeno.“Con la información que tenemos en la actualidad se está previendo que llegue al nivel de evento muy fuerte, es decir, una temperatura superficial del mar con una anomalía de 2,5 ºC”, explicó.De acuerdo con Stolz, el efecto fue percibido incluso desde el mes de mayo, cuando se tenía previsto el inicio de la estación lluviosa.

La estimación del IMN es que las reducciones de lluvias para toda esta temporada sean de hasta un -50% en Guanacaste, y de entre -40% y -35% en el Pacífico central, sur y el Valle Central. Mientras, en el Caribe habría más bien incrementos de hasta 15% en las precipitaciones.

De acuerdo con el meteorólogo, no se descarta un adelantamiento de la estación seca. También se prevé que el fenómeno incluso incida en el periodo de transición del 2027.

Es decir, el impacto se percibiría hasta mayo del próximo año. Stolz agregó que asimismo del déficit de lluvias, las distintas regiones del país enfrentarían aumentos en las temperaturas de hasta 2 °C por encima de lo habitual, lo que implicaría que en algunos sectores de Guanacaste se llegue incluso hasta los 40 °C.El experto agregó que el impacto del fenómeno no suprime otros eventos usuales de la temporada de huracanes en el Atlántico, los cuales seguirán presentes el resto del año.

Riesgo de desabastecimientos de agua y luz más caraDe acuerdo con la Estrategia Nacional de Contingencia al Fenómeno de El Niño 2026, presentada por la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), el evento climatológico afectaría sectores como energía, agua y saneamiento, producción agropecuaria, pesca, construcción, turismo y salud. En el caso del sector energético, las proyecciones señalan como principal amenaza la reducción “crítica” de los caudales que alimentan los embalses hidroeléctricos, los cuales constituyen la principal base de la matriz energética nacional.

Esa situación obligaría a incrementar la generación térmica, es decir mediante hidrocarburos. Lo anterior elevaría los costos operativos y el riesgo de que ese aumento sea trasladado a las tarifas de los consumidores.

El presidente del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), Marco Acuña, afirmó a este diario que la premisa de la entidad será asegurar que no haya apagones, para evitar la afectación de sistemas de abastecimiento de agua. Acuña reconoció que hay un rezago en la generación de energía renovable, por lo que será necesario complementar con generación térmica que “lógicamente es más cara”, pero evitaría tener que racionar electricidad durante el fenómeno. “Efectivamente, el otro año la energía será más cara para nosotros, pero si financieramente logramos amortiguarlo, va a ser menor el impacto para la gente”, expresó Acuña, quien adelantó que aún no han estimado de cuánto serían los eventuales aumentos, aunque reconoció que el uso de generación térmica sería “considerable”.

Entre las medidas específicas que impulsarían para hacer frente al evento meteorológico, el jerarca expresó que se está acelerando la incorporación de 100 Mw provenientes de paneles solares y se está en el proceso de contratación de 273 Mw de generación térmica.En el caso del agua y saneamiento, la proyección es que exista una caída de hasta 45% en la producción de sistemas hídricos vitales como Orosi y Tres Ríos. “La amenaza incluye el abatimiento de acuíferos y la intrusión salina en zonas costeras, lo que compromete la operatividad de las Asadas (Asociaciones Administradoras de Sistemas de Acueductos y Alcantarillados Comunales). En periodos de bajo caudal, aumenta la concentración de contaminantes y metales pesados en los ríos, elevando el riesgo de intoxicaciones”, advierte el documento de la CNE.La presidenta del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA), Lourdes Sáurez, afirmó que en el caso de la Gran Área Metropolitana (GAM), las zonas más afectadas serían aquellas cuyos sistemas se alimentan de fuentes superficiales como ríos y quebradas.

Entre estos citó localidades como San Juan de Dios y Patarrá de Desamparados, Salitral de Santa Ana, y Mata de Plátano en Goicoechea. A pesar de las proyecciones citadas en el documento, Sáurez afirmó que por ahora no estiman que haya afectaciones en los acueductos más importantes de la GAM.

Según expresó, las posibles suspensiones o afectaciones específicas se definirán conforme avance el fenómeno. Las medidas impulsadas por AyA incluyen la entrega de agua mediante cisternas, equipamiento de pozos, interconexiones y abastecimientos controlados.Sáurez agregó que también se busca acelerar las contrataciones relacionadas con cambios de tuberías para atender problemas de fugas y agua no contabilizada.

El documento incluye otras acciones, como el seguimiento de Asadas en Guanacaste, distribución de agua con cisternas en distintas regiones donde operan estos sistemas, abastecimientos controlados en horarios nocturnos en localidades de Limón y Puntarenas, así como acciones operativas para distribuir el déficit entre los sistemas de abastecimiento del área metropolitana. Sectores productivos sufrirán mayor impactoSegún las estimaciones de la CNE, el sector agropecuario sería el de mayor “exposición económica” y la amenaza principal recaería en el Pacífico donde se prevé una “sequía agronómica”, con una reducción del 75% en el crecimiento de pasturas.

Lo anterior podría generar mortandad de ganado y pérdida de cultivos de secano (arroz, frijol y caña, entre otros). Para el sector pesquero, el calentamiento anómalo del Pacífico provocaría la migración de especies hacia aguas más profundas o frías, lo cual conllevaría una reducción en la captura de peces y la recolección de moluscos.

Otras actividades, como la construcción y el turismo, también se verían afectadas. En el caso de la primera, la falta de viabilidad hídrica en los cantones más críticos podría provocar la suspensión de permisos.

Mientras, el estrés hídrico en destinos del Pacífico norte y central generaría problemas operativos que limitarían la capacidad de atención en hoteles y otros servicios turísticos.El presidente de la CNE, Alejandro Picado, afirmó que para hacer frente a los efectos en las distintas áreas se destinarían ¢82.000 millones provenientes de distintas instituciones. Dichos recursos también se utilizarían para la compra tanto de insumos y materiales para atender productores afectados, como de equipos como cisternas o construcción de pozos, asistencia a las Asadas y otros recursos para garantizar el líquido.

De acuerdo con Picado, como parte de la preparación se llevó a cabo una articulación entre distintas entidades, que darán un seguimiento al fenómeno mes a mes a fin de ir tomando las decisiones conforme a la información científica que vayan recopilando. Entidades financieras, como el Banco Nacional, Banco Popular y Banco de Costa Rica, también anunciaron la posibilidad de ofrecer prórrogas en créditos, readecuaciones financieras, programas especiales y periodos de gracia según cada caso o sector afectado.