La música que no conmueve es como el florete que “toca pero no hiere”, afirma la doncella Margarita en Mucho ruido y pocas nueces, de William Shakespeare. Si esa conmoción trasciende y pone de acuerdo transversalmente a quienes se caracterizan por su disparidad de opiniones, entonces, tiene lugar el reconocimiento.

Este suele escenificarse en forma de galardón que reconoce el alcance, la reputación o la importancia —o todo a la vez— y posee casi siempre el aspecto de una estatuilla. Puede convertirse en objeto de decoración o en pisapapeles.

O puede incluso ser intercambiado por un cigarrillo durante la fiesta posterior a la entrega, como sucedió con un Brit otorgado a Portishead a mediados de los noventa. Otras veces es custodiado por las madres de los artistas o se esconde en el baño.Seguir leyendo