Situada a cientos de kilómetros del frente, la autovía R-280 Novorrosiya no solo era hasta hace unos meses una tranquila ruta entre el sur de Rusia y Crimea. Era posiblemente la mayor victoria estratégica que se ha apuntado el Kremlin en cuatro años de invasión de Ucrania.

Este corredor terrestre a lo largo del mar de Azov liberaba a la logística rusa de depender de su enorme puente del estrecho de Kerch para abastecer a la península, anexionada por Moscú en 2014, y al ejército desplegado en las regiones de Jersón y Zaporiyia. No obstante, las nuevas armas ucranias han convertido todas las rutas a Crimea en un camino muy peligroso, un caso parecido al bloqueo del estrecho de Ormuz en el golfo Pérsico, con el que Kiev tiene nuevas cartas para presionar a Moscú.

Crimea, la joya del putinismo y centro de peregrinación de turistas rusos, ya no es segura ni tiene combustible.Seguir leyendo