Dieciséis años de sequía, de mirar el torneo por televisión y de convivir con el dolor en tres eliminatorias consecutivas quedan borrados de la memoria. Mañana por la noche, el planeta fútbol volverá a atestiguar lo que tanto extrañó: la garra, el pundonor y el corazón del jugador paraguayo en la máxima cita del planeta.

Las gargantas albirrojas volverán a quebrarse de emoción cuando las sagradas notas del himno nacional resuenen ante los ojos del mundo y la bandera tricolor vuelva a flamear. El reloj marcará las 22:00 (hora de Paraguay) cuando la Albirroja ruede el balón de la ilusión en el Grupo D del Mundial de Norteamérica 2026.

El estreno no será un trámite cualquiera; el destino preparó una batalla de alta tensión ante el coanfitrión, Estados Unidos de Mauricio Pochettino, bajo las luces del imponente SoFi Stadium de California, un coloso vanguardista que vibrará con 70,000 espectadores. Paraguay no clasificaba a un Mundial desde aquella histórica campaña de Sudáfrica 2010.

Para romper esa maldición y ganarse el boleto a esta cita, hizo falta la llegada de un estratega que entendiera la identidad del país: Gustavo Alfaro, quien tomó un hierro caliente, pero con el convencimiento y la seguridad de un ganador, en un ambiente en el que el fracaso era familiar. El técnico argentino, definido como un “cazador de utopías imposibles”, logró reconstruir el orgullo de la camiseta en las Eliminatorias.

Recuperó el ADN histórico de la Albirroja, dándole forma a un equipo solidario, combativo y tácticamente impecable. Paraguay debuta en este Mundial con su vieja chapa recuperada: vuelve a ser esa selección incómoda y peligrosa que nadie se quiere cruzar en el camino.

En la portería. Orlando Gill, el arquero de San Lorenzo de Almagro, le ganó la pulseada a Roberto “Gatito” Fernández, quien fue un pilar fundamental en todo el proceso clasificatorio pero pagó caro la falta de ritmo de competencia en el último semestre con Cerro Porteño.

En el camino también quedó Gastón Olveira, el guardameta de Olimpia, nacido en Uruguay, que se había metido con fuerza en la consideración esta temporada luego de completar su proceso de nacionalización. La previa de este ansiado debut mundialista tuvo tintes de drama.

Julio Enciso, la gran esperanza del ataque paraguayo, encendió las alarmas de todo un país luego de sufrir una preocupante lesión en el amistoso de despedida contra Nicaragua. El panorama era sombrío y se llegaron a barajar nombres como el brasileño nacionalizado paraguayo, Maurício Magalhães Prado y el velocista Gustavo Caballero para tapar la baja.

No obstante, luego de días de evolución progresiva en el día a día, desafiando los pronósticos iniciales, el delantero del Racing de Estrasburgo dio la gran sorpresa en la última práctica, hoy en San José. El caaguaceño entrenó con total normalidad y se metió de lleno en el once inicial.

El canterano de Libertad se perfila para comandar la ofensiva paraguaya acompañando a Antonio “Toni” Sanabria. La espera terminó, la mística está intacta y el sueño de todo un pueblo se pone en marcha.